Y no hay nada mejor para acabar el año del lector 2025 que con una de mis autoras favoritas. Me ha dado mucha pena no haber podido leer nada de Edith Wharton durante estos 12 meses, porque la ocasión no se ha presentado. Así que he decidido quitarme un poco el mono escogiendo para finalizar diciembre un breve relato suyo que forma parte del libro “The Old New York”, publicado en 1924, y donde, por medio de cuatro historias interconectadas entre sí y en las que aparecen los mismos personajes, Wharton nos ofrece una perspectiva impasible, crítica y aguda de los tejemanejes morales y sociales de las clases altas del Nueva York del siglo XIX, a modo de una radiografía. Por lo que tengo entendido, aunque es muy posible que me equivoque, las cuatro nouvellas han sido publicadas por separado en español por distintas editoriales, pero lo que es el libro en su conjunto no está traducido a nuestro idioma. La que de fijo que está también publicada, además de la que nos ocupa en esta última reseña del año, es “The Old Maiden”, que en español podemos encontrar como “La Solterona” y que ha salido en varias editoriales serias, una de ellas la que también se ha encargado de traernos “El Día de Año Nuevo”, Ediciones Invisibles. Tenía muchas ganas de probar su línea de “Pequeños Placeres”, porque en ella hay varias historias cortas que me llaman mucho la atención. Y la verdad es que el nombre de la colección no puede ser más adecuado. Si todas las obras que tienen se parecen a esta que nos ocupa.
El día de Año Nuevo, una familia se reúne en la mansión de su matriarca y es testigo de cómo se incendia el edificio que hay enfrente de su casa, que no es otro que el Hotel Quinta Avenida. Y además de encontrarse a los inquilinos del hotel huyendo de las llamas, también verán una cara conocida, la de Lizzie Hazeldean, casada con el enfermizo miembro de una de las familias de mayor importancia de Nueva York. El problema es que a Lizzie no la acompaña Charles, su marido, sino un caballero que es conocido por su negativa a contraer matrimonio. El escándalo está servido. Aunque nadie puede imaginarse qué es lo que realmente se esconde tras esa situación.
La verdad es que he elegido terminar mi año lector con esta novela no solo por lo que me gusta la autora (que obviamente ha sido un motivo de peso), sino también porque el título me pareció muy apropiado para los últimos días de diciembre. De todas maneras, ya me imaginaba que la celebración de Año Nuevo iba a ser lo menos importante en esta historia. Y es que siempre me hacen mucha gracia esos posts en los que se recomiendan libros y lecturas para Navidad y Nochevieja, porque hay más de un caso, y más de dos, en los que el título es solo eso, un mero nombre, y la historia en realidad no tiene ninguna relación con estas fiestas. Y obviamente ahí se ve que las personas que los colocan no se han tomado la molestia de leer la obra que mencionan. Así que no os dejéis engañar: la fecha es lo menos importante de esta lectura. Para el caso hubiera dado lo mismo que “El Día de Año Nuevo” se hubiera ambientado en San Valentín, Pascua o el 17 de septiembre, ya que nos habríamos encontrado con la mismísima historia sin ninguna variación.
142 páginas tiene mi edición, y eso es todo lo que necesita Edith Wharton para regalarnos una trama que perfectamente podría haber dado lugar a una novela si se hubiera extendido más. Pero la autora no necesita más para crear una historia corta en la que todo queda bien atado y que, aunque podría haber sido más extensa, se cierra con la sensación de que todo ha quedado perfectamente dicho y no necesita añadidos. Como siempre, el trabajo de Wharton es impecable y minucioso: sabe ser ligera y destripar la ambientación y los personajes que se mueven en ella con la precisión de un bisturí. Todo está muy bien medido y los personajes están plenamente construidos, incluso los secundarios. Su prosa es increíblemente pulida y sarcástica, sobresaliendo sus descripciones sociales y psicológicas. “El Día de Año Nuevo” es una pequeña novela de trama gigantesca pese a su sencillez, en la que, con mirada acerada y crítica, Wharton lanza un vistazo a la rica sociedad del Nueva York de principios del siglo XX, en la que las apariencias lo eran todo y que estaba regida por un catálogo de convenciones sociales y morales en el que no tenían cabida las desviaciones ni los ataques a lo que se creía que debía ser. Y esto da lugar a un microcosmos cerrado y socialmente asfixiante, una jaula en la que no hay lugar para los versos sueltos, sino tan solo para seguir unas pautas férreamente marcadas. Wharton desmenuza esa hipócrita imagen social y así, paradójicamente, la humaniza al demostrar sus crueldades y sus sinsentidos. Y ese será el marco de fondo para lo que realmente cuenta esta breve novela, acompañándolo y meciéndolo cuando no oprimiéndolo.
Porque todo el entramado social es la excusa para hablarnos de una historia de amor y fidelidad, y de una mujer que decide conscientemente ir a contracorriente. “El Día de Año Nuevo” está protagonizado por un personaje que en pocas páginas queda retratado con toda su grandeza y su pequeñez, con una complejidad única y profundamente humana que la autora sabe plasmar siempre tan bien en todos sus protagonistas. Lizzie Hazeldean es, como tantas otras heroínas whartianas, alguien que se encuentra en el filo entre ser parte de la sociedad neoyorquina y estar totalmente al margen de la ley social; en ese hueco entre dos situaciones se debate entre sus deseos y el deber, entre dejarse guiar por la marabunta y ser ella misma. Y eso es parte del conflicto social que nos lleva a nosotros, como lectores, a debatir también entre hacer lo humano y hacer lo que se espera y lo que se prescribe. Lizzie es alguien que no viene de una familia rica o prestigiosa, y que todo lo que es y todo lo que tiene se lo debe a su matrimonio con Charles Hazeldean. Y de ahí radica la dicotomía de un personaje que tiene claras muchas cosas, pero que al mismo tiempo es consciente de cuánto necesita a la sociedad. Todo en ella es magnífico por lo humanamente retratada que está, con sus luces y sus sombras. El periplo vital de la protagonista está relatado con delicadeza y mimo psicológico, perfectamente desgranado en estas páginas. Y resulta conmovedor por la pena, compresión y compasión que despierta en sus últimos tramos.
Y a todo esto hay que sumar la gran inteligencia narrativa de Edith Wharton. No solo por escribir una historia parca en recursos y en hechos narrativos, que fluye perfectamente con pocos personajes y escasas estructuras argumentales, sino por cómo hace que avance, por el giro de guion que hacia el último cuarto de la narración introduce y que da sentido a todo lo leído anteriormente, explicando y unificando las piezas que el lector tiene entre sus manos y que forman parte de un todo enigmático que hasta ese momento tan solo estaba insinuado. Y todo para que “El Día de Año Nuevo” sea una historia de amor, de engaños, de rectitud en el pecado, de fidelidad y de la falta de perspectivas de las mujeres en una época en la que solo se esperaba que siempre estuvieran bajo el amparo de algún pariente varón; donde no se las preparaba para ser independientes ni para la vida laboral, con todo lo que eso conllevaba si tenían la mala suerte de terminar empobrecidas y solas. Y todo esto hace de la lucha interna de esta protagonista una guerra más grande, de mujeres buenas y malas y de crítica social. El aparente affair entre dos socialites de la vieja guardia es una novela que se va haciendo más cruda conforme se van desempolvando las capas de hipocresía social y amorosa y la verdad queda a la luz.
No me gusta decir siempre que leáis a tal o cual autor porque es una maravilla. Pero la excepción para mí es Edith Wharton. Es maravilloso el detallismo con el que habla de ese mundo del que nació y que también conoció, la manera en que ve todo lo que lo conforma desde un prisma satírico y a la vez humano, su forma de manejar los personajes y las tramas de sus historias. Leerla siempre es una delicia, por lo inteligente y elegante de su prosa, sin que nunca llegue a ser densa o pesada, y por cómo sus novelas o relatos siempre tienen un algo que no sabes qué esperar de ellos. La forma en que la psicología de los personajes y la crítica social forman un todo es en todo momento espectacular. Y “El Día de Año Nuevo” no es la excepción. Siempre digo que me parece más difícil hacer una buena novela corta o un buen relato que una obra más larga, porque en pocas páginas tienes que construir una historia bien esbozada tanto en el argumento como en el retrato de los personajes. Y Edith Wharton siempre me demuestra que, sea el tipo de lectura que coja de ella, siempre acierta en todo esto.
Así que puedo decir que he terminado mi 2025 con muy buen sabor de boca. Espero que vosotros también. Y que tengáis un estupendo Año Nuevo, tanto en lecturas como en el resto de aspectos de vuestra vida.