En los últimos siglos el avance en nuestra comprensión del mundo ha sido extraordinario. Basta mirar atrás y ver cómo lo entendíamos hace 200 años y cómo lo entendemos ahora. Sin embargo, a pesar del conocimiento acumulado, no parece que hayamos resuelto ninguna de las grandes preguntas que todo ser humano se hace, como cuál es la naturaleza del tiempo, a qué se debe la existencia de leyes universales, cómo interpretar el fenómeno de la causalidad o qué es la conciencia.
No es porque no tengamos explicaciones que respondan a esas preguntas. Las tenemos, de todo tipo. Pero cuantas más explicaciones acumulamos, más compleja se nos hace la idea del mundo, y cuanta más complejidad más explicaciones necesitamos. De modo que, paradójicamente, conforme avanzamos en la comprensión del mundo, el mundo se nos muestra cada vez más incomprensible.
Solemos atribuir el problema a que nos enfrentamos a un universo organizado con tan alto nivel de complejidad que tal vez sea inaccesible para la inteligencia humana. Pero es una idea cuestionable. ¿Estamos seguros de que el mundo es complejo? ¿No será que lo que lo hace complejo son nuestras explicaciones? ¿Y si para seguir avanzando, más que continuar acumulando conocimiento, debemos prescindir del que nos sobra?
Uno de los mejores ejercicios de filosofía que jamás he lesions una vez más Solana genera un impacto vital en mi manera de entender el mundo. Me ha costado leerlo _a veces duro a veces intenso otras sorprendente. Un libro que hay que leer si o si