A menudo encontramos situaciones en las que el desafío de los protagonistas es descifrar el candado de una valija, de un armario, o la combinación de una caja fuerte, en cuyo interior reside el secreto del sentido de la aventura en cuso. Pero pocas veces nos advierten, como en esta segunda y última parte de La valija de los secretos, que mucho más difícil que abrir un botín de información es volver a cerrarlo. Hanni ya no puede detenerse. Las mareas sociopolíticas, culturales e identitarias, en parte la desplazan, en parte las timonea, de Argentina a Israel. Con precisos pincelazos, una voz propia y un diálogo que no se rinde al costumbrismo ni distorsiona, Sara Slautsky nos remonta en el camarote de su heroína, aunque ya viaje en avión. Y atravesar el planeta le lleve en tiempo una noche, mientras que a sus ancestros les había costado la vida. La Argentina y el Israel de los 70 y 80, dos temas apasionantes cada uno en sí; mucho más, combinados. La historia de amor bíblica entre el pueblo judío y su tierra ancestral, ha incluido desde sus primeros capítulos las historias de amor entre hombre y mujer. Entrelazadas, aleatorias, decisivas. También en La valija de los secretos, el amor pasional y trascendental encontrarán un atajo de conexión en las laberínticas rocas de Jerusalem. Aunque este tomo, con su impecable destreza narrativa, cierra una historia de dos siglos, también puede leerse de modo una historia que comienza y termina en el periplo de su protagonista, Hanni.