Retomamos inmediatamente la temática del volumen anterior, sumergiéndonos en un sueño de Frieren y Himmel, donde los vemos tiernamente vestidos como novia y novio. Decir que no se ven hermosos sería una mentira inmensa, ya que refuerza lo que siempre hemos percibido como lectores: el amor incondicional que se tienen mutuamente. Sin embargo, el sueño debe terminar, y Himmel retoma su rol de héroe, mostrando su dedicación incansable. Este capítulo es, sinceramente, precioso y siento que cierra de una manera muy satisfactoria. Me agrada cómo se muestran las interacciones con los demonios. Una vez que la Frieren del futuro deja el mundo del pasado, estos demonios detienen sus ataques, comprendiendo que no vale la pena seguir peleando. Este es un tema recurrente en este universo, vinculado a la longevidad y aspiraciones de estos personajes. Los demonios no se sienten como “humanos malvados”, sino como seres completamente distintos, que funcionan de una manera única, similar a como lo hace Frieren.
A lo largo de este viaje, pasamos por diversas historias hasta llegar a la próxima misión: proteger a Serie. Entre estas historias, encontramos una situada en un pequeño poblado que Frieren visitó hace mucho tiempo, y nos dejan un profundo análisis sobre el significado del legado a lo largo del tiempo. Y realmente es una reflexión hermosa, porque finalmente Frieren comprende que la figura (física) de Himmel en sí misma no es relevante, ya que no es el tipo de legado que él deseaba dejar al reino. Su verdadero legado reside en los frutos de sus batallas: paz, tranquilidad y prosperidad. La pregunta de si realmente importa tener una estatua en su honor o relatar fielmente las historias nos lleva estos pensamientos que ella tiene, que también conecta con el tema abordado en el capítulo del guerrero de las sombras, donde un hombre que ha pasado toda su vida en un pequeño pueblo. Su objetivo es asesinar a quienes figuran en una lista negra otorgada por su organización, y aunque desconoce los motivos, sigue las órdenes sin cuestionarse. En este capítulo, él y sus compañeros se establecen en un pueblo y viven pacíficamente, disfrutando las bondades de la vida a pesar de sus ocasionales misiones. Al final, nos cuestionamos si importa realmente su imagen como guerrero de las sombras. Quizá no, porque su verdadero legado reside en los lazos y recuerdos que ha creado con sus seres queridos, algo que Frieren le ayuda a ver. Es un momento muy emotivo cuando regresa a casa y siente que el peso de su pasado se ha aligerado, permitiéndole pasar sus últimos días en paz.
Finalmente, llegamos a la misión de Serie, que inicia con dos magos de clase A: Übel y Land. La relación entre ambos es magnética; aunque inicialmente parecen gato y ratón, conforme pasan las páginas se siente que Übel realmente quiere estar cerca de Land, y él lo permite, necesitando salir del pozo en el que se encontraba. Las viñetas que destacan sus vestidos de gala son preciosas y realmente bien logradas, especialmente el traje de Übel, una maravilla. Al mismo tiempo que ellos hacen la misión, Fern y Frieren también se ven envueltas, ya que la Asociación Continental de Magos ha solicitado a Fern investigar. Aunque este arco aún no ha sido desarrollado en su totalidad, siento que tiene todos los elementos para ser muy entretenido, mostrándonos más de las distintas facetas de este mundo.