Du côté de chez Swann est le premier tome de À la recherche du temps perdu de Marcel Proust, une œuvre essentielle qui explore les thèmes de la mémoire, de l'amour et du passage du temps. Le narrateur se remémore son enfance à Combray, bercée par les rituels familiaux et les promenades bucoliques. L'évocation de ces souvenirs, notamment grâce à la célèbre madeleine, ouvre un voyage introspectif où chaque détail révèle des émotions enfouies. Son narrateur raconte dans les moindres détails l’amour de Charles Swann pour Odette de Crécy, une passion tumultueuse oscillant entre fascination et jalousie. Proust dissèque avec une minutie extraordinaire les comportements humains et les subtilités des relations sociales. Ce chef-d'œuvre littéraire, riche en images, plonge le lecteur dans un univers sensible et intemporel, où le passé se mêle à la quête de soi.
Marcel Proust was a French novelist, best known for his 3000 page masterpiece À la recherche du temps perdu (Remembrance of Things Past or In Search of Lost Time), a pseudo-autobiographical novel told mostly in a stream-of-consciousness style.
Born in the first year of the Third Republic, the young Marcel, like his narrator, was a delicate child from a bourgeois family. He was active in Parisian high society during the 80s and 90s, welcomed in the most fashionable and exclusive salons of his day. However, his position there was also one of an outsider, due to his Jewishness and homosexuality. Towards the end of 1890s Proust began to withdraw more and more from society, and although he was never entirely reclusive, as is sometimes made out, he lapsed more completely into his lifelong tendency to sleep during the day and work at night. He was also plagued with severe asthma, which had troubled him intermittently since childhood, and a terror of his own death, especially in case it should come before his novel had been completed. The first volume, after some difficulty finding a publisher, came out in 1913, and Proust continued to work with an almost inhuman dedication on his masterpiece right up until his death in 1922, at the age of 51.
Today he is widely recognized as one of the greatest authors of the 20th Century, and À la recherche du temps perdu as one of the most dazzling and significant works of literature to be written in modern times.
Perfectísimo momento vital para leer los delirios y tentaciones de la subjetividad que tan increíblemente relata Proust: atrapar el tiempo (o al ser amado, erigir una construcción mental altamente estetizada y proyectarla sobre lo real...touchée.
Obviamente durante estos días me he acostado temprano, para leerlo.
Belleza y complejidad a partes iguales. Todo el texto es pura sensación y recuerdo, es abrir el álbum de su memoria y escribirlo en esta fabulosa primera parte. Su memoria se abre, como en el caso del trozo de magdalena, por puro estímulo sensorial, vista, oído, olfato, gusto y tacto, así es la obra de Marcel Proust, esta es la característica más relevante de este autor único. La vista, el campanario, la propia iglesia, paseareis por esos caminos de tierra, sus calles…, veréis Combray por los ojos infantiles de Marcel. Temas como el amor, los celos, el tiempo, la memoria, incluso la clase social forman parte de su obra. Por ahora esto es todo, ¡feliz lectura!
Terminado el primer tomo de En Busca del Tiempo Perdido (Por el Camino de Swann) y a falta de otros seis para finalizar la novela, diré, sin miedo a equivocarme, que una vez leída me convertiré al Proustianismo.
Hace mucho tiempo que he tenido la intención de leer esta obra de Proust, considerada una de las más importantes en la literatura universal, pero siempre me había sentido amedrentada. Finalmente me armé de valor y decidí leer el primer libro. Aquí empieza por su infancia y vemos que su interés se centra en temas muy diversos, incluyendo arte, música, y todo lo que rodea nuestras vidas. No es un libro de acción: más bien es de reflexión y de perspectivas de la vida, muy enfocado en el tiempo y la nostalgia. Nos invita a la reflexión y, leído con cuidado y atención, nos regala una visión muy valiosa de la vida. No creo equivocarme al decir que sin importar cuántas veces se lea, cada una de estas lecturas nos aportará algo nuevo. Sin embargo, antes de darme ese lujo, seguiré con la secuencia.
Acabo de terminarlo tras más de un mes con él; iba a escribir ‘peleándome’ pero esa no es la palabra porque lo he disfrutado mucho aunque en ocasiones me ha implicado cierto esfuerzo. Esfuerzo porque es denso pero, sobre todo, porque no te permite dejarlo un rato y retomar; no te da descanso. Ha coincidido que este mes estoy sin trabajo y tengo más tiempo libre, pero también he viajado más y he tenido más ocio incompatible con la lectura. Cuando lo he dejado un par de días, me ha costado retomarlo: la historia no para, no hay apenas cortes, es un continuo, una historia fluida que no deja de avanzar. Me he visto forzada a elegir el inicio o el final de lo que me ha apetecido a mí considerar una suerte de escenas para encontrar dónde colocar esa pausa.
Pero el estilo me ha gustado. Más allá de sus famosas subordinadas eternas que a veces obligan a releer páginas enteras, Proust plantea reflexiones filosóficas, profundas e interesantísimas de una forma preciosa y muy inspiradora. Y el nivel de detalle de los personajes y sus formas de relacionarse me ha hecho viajar a la Francia del Siglo XIX de una forma nítida.
El final es redondo. Ahora me voy a tomar un descanso antes de continuar con la segunda parte. Pero contenta de haberme metido aquí 🎩👒🧁