Me ha encantado. Como siempre, una maravilla. Una cosa que me hizo mucha ilusión cuando lo supe es que las fotografías que incluye este libro tienen texto alternativo. Esto me ha encantado ya que he sentido que yo también estaba disfrutando las imágenes. ¿Que se puede pasar sinello? Sí, pero es maravilloso poder acceder al contenido veas o no veas. La historia, yendo a lo importante, ha sido trepidante. Me ha enganchado hasta el final y me ha devuelto las ganas de leer después de unas semanas en las cuales no me apetecía nada y no me concetraba, lo cual me ha hecho absolutamente feliz. No he podido parar de leer y ojalá la autora haga una segunda parte porque necesito.
Interesante lectura a dos tiempos centrada en el que fue balneario y luego internado salesiano en Kuartango. La autora mezcla crímenes, retrato social y algo de misterio de una manera fluida que consigue enganchar. Se nota el trabajo de documentación de ambas épocas. Es fácil seguir los pasos de los personajes y recorrer con ellos los pasillos del edificio y alrededores. La trama está muy bien llevada, sin cabos sueltos y uniendo bien pasado y presente. Es verdad que algunas justificaciones de ciertos personajes pueden parecernos ilógicas, pero Santórum consigue que cuadren con el carácter y con el momento, lo que le ofrece un aire de realismo. Lo mejor, para mí, ha sido el final. Inesperado, algo diferente, no desentona con el tono de la novela. De hecho, bien mirado, era el único final posible, aunque a mí al menos me pilló por sorpresa. Por poner un pero, me sobró el capítulo final. No me hacía falta, creo que el anterior ya cerraba la historia perfectamente y no hacía falta ese añadido. Fue la misma sensación que tuve con el último capítulo de El último judío, de Gordon. No está mal, pero tampoco me ofrece mucho.