Primera página y comienza la aventura de esta novela corta de fantasía humorística. En ella nuestro caballero andante, autodenominado Lancelier, tendrá que hacer todo lo que hace un caballero en una aventura típica: hacer misiones, pelear contra bandidos, enfrentarse a una malo maloso y salvar a un reino mágico de la decadencia mágica. Sin embargo, lo particular de esta historia es que nos encontramos con un protagonista que no quiere hacer nada de esto, la trama por tanto avanza a fuerza, obligándole a enfrentarse a todas las adversidades para llegar al final feliz. Y ahí es donde está nuestro choque de humor, porque la historia, aunque típica siempre nos enseña algo.
Me caí en la fantasía
Con un estilo pasmosamente ágil, que te engancha desde el inicio de la novela, nos adentramos y en seguida nos damos cuenta de que estaríamos en lo que ahora se denomina en algunos ámbitos un isekai, una historia en la que una persona de nuestro mundo entra en un mundo de fantasía para cumplir un papel asignado.
En nuestro caso, el papel de caballero le viene ya demasiado pequeño a nuestro protagonista, ya que su incursión en estos mundos ha sido múltiple y ya denota hastío. Sin embargo, dejamos esto de lado y nos lanzamos a una aventura muy típica, de mazmorreo y aventuras, y, aunque todo nos es conocido, se nos plantea de manera muy divertida. Y no es porque haya cosas extravagantes o absurdas, sino porque los personajes ejecutan su papel perfecto y hay una simpatía mordaz en ellos. Quizá podríamos decir que hasta el más aburrido es Lancelier.
En lo pequeño
El camino avanza y, sin querer haceros un recorrido por todo el libro, que para eso hay que leérselo, llegamos a la corte. En este punto la novela jugará con la ambigüedad entre personajes tipo y personajes redondos, haciéndonos pensar que hay algo más detrás de los que forman la corte de Berinudam. Con ello, además, la novela se adentra en la verdadera temática de la obra, muchas veces estamos tan saturados de lo cotidiano, de lo que no dejamos de hacer de manera repetitiva, que no nos damos oportunidad para sorprendernos por las pequeñas cosas, no dejamos que el mundo nos enseñe que, aunque parecido, todo es diferente.
Esto no significa que cosas insignificantes supongan la diferencia, pero sí la forma en decir las cosas, una palabra a tiempo, una manera nueva de plantearse el mismo cometido, todo ello nos ayuda no solo a que no caigamos en el tedio, sino a ser mejores y expertos en aquello a lo que nos dedicamos.
De este modo, podríamos decir que esta historia de aventuras con toques de humor nos enseña que no debemos desesperar en nuestra rutina. La fantasía se convierte así en el trasfondo de nuestro trabajo mundano y sin magia.
Moralejas actuales
Lo cierto es que me leí la novela en una tarde, porque se lee, como ya he dicho, excepcionalmente bien, el ritmo es constante, los diálogos son muy ágiles y las descripciones exactas; y porque, al final, no deja de ser una fábula con su moraleja.
Si acaso no funcionan ahora este tipo de cuentos, creo que es porque nos parecen infantiles, así que la mejor manera de actualizarlos es traerlos a historias que sí manejamos, como las aventuras de fantasía, y lanzarnos ahí la reflexión final para quedarnos pensando.
Por todo ello, creo que es una historia muy interesante, que en un principio nos puede parecer simple, pero que después, aparte de habernos divertido, nos hace plantearnos alguna cosilla. Espero que os animéis con ella y que disfrutéis de su lectura.