Esta novela inédita se edita por primera vez y viene a cambiar el panorama respecto a Nicomedes Guzmán. Compuesta por cuatro partes de tintes musicales, Demetrio Encina, perseguido político de la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo, deja a un joven Nicomedes Guzmán en la pensión Los Obreros, un manuscrito con sus memorias de vida.
Es uno de los miembros más destacados de la Generación del 38, de extracción proletaria, cuya niñez y adolescencia transcurre inmerso en el mundo del trabajo y de la lucha social organizada que ocurre en su entorno directo familiar. Vive y participa activamente tanto en la acción cívica como de la creación literaria. Su literatura destaca los aspectos sociales que con el naturalismo habían ingresado en la literatura universal, siempre con la mirada interior de la vida del conventillo, en los suburbios de Santiago, de la primera mitad del siglo XX.
Pensando en que si somos las personas quienes habitamos los lugares o si son los lugares los que nos habitan a nosotros. Hay una gran diferencia entre romanizar la miseria de la pobreza y el ver lo bello a pesar de ella.
Me está costando mucho terminar este libro. El género es realismo proletario, y si bien es una buena temática, este libro en particular tiene una prosa o una forma de escritura del autor, que a ratos se vuelve muy tedioso de leer.
Entiendo que es uno de los clásicos del género chileno, y a ratos me enganchaba (como cuando el protagonista es encarcelado y cuenta el trabajo forzado en Cal y Canto; o cuando tiene pesadillas en el Hospital Barros Luco), pero la mayoría de las veces me costaba muchísimo retomar, pues eran extensos pasajes de Demetrio vagando por Santiago y explicando detallamente lo que miraba y pensaba. Ojalá poder terminarlo antes que acabe el año.