A través de un telegrama, la protagonista de esta historia se entera de que su padre sigue vivo. Tras años sin saber nada de él y decidida a buscarlo, emprende un viaje en bus desde Calama a Coronel, su lugar de origen. Por la ventana observa cómo el paisaje muta de un desierto soleado a una vegetación frondosa, teñida de gris. Los kilómetros contienen el peso emocional de su regreso, cargado de imágenes difusas. Ni siquiera recuerda la última vez que vio llover, sólo sabe que todo cambió el once de noviembre de 1983, cuando un vecino del barrio se inmoló prendiendo fuego en su cuerpo en la plaza pública, para pedir justicia por sus hijos detenidos por la dictadura cívico militar chilena. Estableciendo sutiles lazos entre ficción y memoria, Un centauro, nos sitúa en el fragmentado recuerdo de una familia que, ante el horror, no pudo sino disolverse. Ahora es la hija quien intenta reconstruir esos vacíos: la casa no es la misma, pero su padre aún conserva las cosas, que han adquirido el color de las piedras, como si nadie las hubiera tocado en años y comenzaran a estar vivas. Así, Stevenson da curso a una voz poética y descarnada, cuyos dolores personales suelen ser reflejo del sombrío pasado político del país.
Intrigante. Doloroso. Bello. Me gusta cuando los relatos de Chile no son en Santiago. Me gusta cómo tangencialmente habla de Sebastián Acevedo y ese momento que caló hondo en las personas que vivían en Conce o Coronel por esas fechas. Mi mamá siempre lo recuerda, pero es primera vez que leo un relato que lo nombre. Escritura muy dramatúrgica, claro, y por eso tiene un ritmo y un estilo especial que transporta a un mundo real o imaginario, pero muy íntimo.
Me entretuve, probablemente su tamaño está adecuado a la perfección. Es bien hostigante su lectura y logra traspasar bastante la angustia generada por la narradora y protagonista de esta novela bien experimental. Quizás me resbaló el por qué, pero, al ser un libro tan exprés, así como te llega, se va y no te alcanzas a cuestionar tanto eso.
Hace rato no leía un libro que me atrapara a los 5 segundos de empezar y fuera tan intrigante, que aunque trate de un tema doloroso tenía muchas ganas de saber lo que iba a ocurrir. Este libro habla de memoria, del dolor de una familia que se quiebra, de dictadura y no se sitúa en Santiago, eso tb me gustó, es cortito, es hermoso.
es muymuy similar en estructura con hilda peña será ke la gente de teatro para entrar al mercadito editorial tenga q venderse como narrativa? o será solo la hibridez de los géneros? en cualquier caso, me gustó el libro
El libro es un relato, teatro o narrativa, qué importa ? Se está levantando memoria, la memoria de los conocidos, la memoria de tantos centauros más que necesitan gritar.
me pareció interesante que la narración ocurriera con la historia de Sebastián Acevedo sombreando todo, pero siento que queda solo como un telón de fondo del que no logra hacerse cargo. creo que la memoria hay que tratarla con respeto y con cuidado, y en algunas obras intenta aparecer, pero no se profundiza ni se le da la carga que merece. es difícil escribir de vivencias tan fuertes desde la imaginación sin pasar a llevar los limites de las experiencias reales, aún vivas, y también escritas desde el propio cuerpo (o los cercanos). en cuanto a la hibridez de los géneros, es agradable que se mantenga el aura teatral, y fue ameno leerlo en verso, pero falta un poquito en la narración.
“Las palabras de consuelo nunca han consolado a nadie”, dice la autora en las primeras páginas, y le encuentro tanta razón que no sé por qué insistimos en buscarlas, quizás ya no lo haga más. Me gusta que el relato esté atravesado por lo ocurrido con Sebastián Acevedo sin ser él el protagonista, se habla poco de las víctimas de “segunda categoría”.
Si bien es un libro corto, quedan tantos temas abiertos y a interpretación que se vuelve mágico... Una hija que sigue cumpliendo el rol de "cuidadora", un padre silente, una madre y hermano ausente... Un padre que se inmola... otro postrado... Norte y sur, Chile y Argentina...
Un híbrido sencillo de leer, pero angustiante. Súper angustiante, como la historia misma. Me gustó perderme y sorprenderme con lo que pasaba y con lo qué no. Daddy issues generacionales y heridas de dictadura. Algo muy chileno
Un libro que, desde que lo abres, no puedes parar de leer. Avanza rápido, casi que corriendo pero tiene partes importantisimas que te hacen parar y analizar todo lo se ha avanzado.
impresionante como en tan solo 80 páginas puede desarrollarse una historia tan complicada y desgarradora como esta, sin la necesidad de tantos detalles para llegar directo al corazón