[1.2⭐] 𝙇𝙖 𝘾𝙖𝙨𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖𝙨 𝙏𝙤𝙧𝙩𝙞𝙩𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙁𝙧𝙚𝙨𝙖 es una novela romántica escrita por Laurie Gilmore y publicada en 2025. La historia nos presenta a Archer, un chef reconocido y padre soltero, que deja atrás su vida en la ciudad y su sueño de conseguir una estrella Michelin para mudarse a Dream Harbor, donde termina dirigiendo un restaurante de panqueques. En paralelo, conocemos a Iris, una joven que no logra mantener un trabajo estable y que, por necesidad, acepta ser niñera de Olive, la hija de Archer.
A ver, me pasa que este no era mi libro y quiero ser muy honesta con eso desde el principio. Hay ciertos tropos que simplemente no disfruto en las novelas románticas y aquí se mezclaron varios de ellos: el padre soltero, la niñera que se convierte en interés romántico y todo lo relacionado con maternidad y crianza. No es solo que no me guste este tipo de tramas, es que me incomodan profundamente porque no conecto en nada con ellas. Yo no tengo instinto maternal, no me gustan los niños y tampoco los veo en mi vida en el futuro. Tengo dos sobrinos y, aunque los quiero, no tengo ese instinto hacia ellos, sé que puede sonar frío o cruel, pero es la realidad. Entonces, cuando un libro centra toda su tensión romántica en la crianza de un niño, siento que se apaga el romance y se pierde el interés. En mi caso, jamás estaría con alguien que tuviera hijos, lo tengo demasiado claro y, aunque no soy exigente con el físico ni con el aspecto de un hombre, sí tengo dos requisitos básicos: que me hagan reír y que no tengan hijos. Nada más. Por eso, esta historia no me convenció: no era para mí y eso marcó toda mi lectura.
Más allá de lo personal, también creo que la trama se queda corta. Todo gira en torno a la tensión sexual inmediata entre Archer e Iris, y eso me incomodó. Desde el primer momento en que se ven, el libro insiste en el deseo erótico, en la atracción física casi fetichizada de “la niñera” y eso me hizo ruido. En vez de centrarse en si ella realmente era buena para Olive o en explorar de manera profunda la relación entre ellos, se vuelve una fantasía sexual demasiado obvia y, la verdad, no me gustó. Archer pasa más tiempo pensando en ella como mujer que en ella como la persona responsable de su hija, eso me parece problemático dentro de la dinámica que plantea.
Tampoco me convenció el final. Laurie Gilmore insiste en ese tipo de cierre “gringo” donde todo se sacrifica por la familia: Archer, que soñaba toda su vida con una estrella Michelin y con volver a París, de pronto decide que ya no lo quiere, que lo único importante es la familia. Obvio que entiendo el mensaje de que la familia es lo primero, pero eso no debería ser incompatible con los sueños personales. Me cuesta creer que alguien pueda abandonar un deseo tan profundo y de tantos años así como así. No es lógico, no es realista y, para mí, no es inspirador. Más bien, sentí que el final me robó la posibilidad de ver a un personaje que pudiera conciliar su vida personal con su ambición profesional y ese “ya no quiero la estrella Michelin porque ya tengo a mi familia” me resultó forzado y demasiado cliché.
Otro punto que me molestó fue la actitud del pueblo hacia Archer. Yo disfruto mucho el tropo de small town; me gusta ir descubriendo las dinámicas del pueblo, sus personajes secundarios y sus rincones, pero aquí encontré que el tono fue más hostil que entrañable. En las otras novelas de esta saga, Dream Harbor tenía un encanto especial, con vecinos curiosos pero agradables; en cambio, en esta entrega la comunidad me pareció demasiado dura con Archer, como si no quisieran darle lugar. Eso me quitó parte de la magia del escenario, que es uno de los grandes atractivos de estas novelas.
Si tuviera que rescatar algo, diría que la ambientación de la cafetería/pastelería sigue siendo simpática. El resto, en cambio, me pareció débil: los personajes principales no tuvieron química real, la tensión romántica era puramente física y el desarrollo del romance quedó tapado por el exceso de clichés.
Finalmente, puedo decir que 𝙇𝙖 𝘾𝙖𝙨𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖𝙨 𝙏𝙤𝙧𝙩𝙞𝙩𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙁𝙧𝙚𝙨𝙖 se convirtió, hasta el momento, en el libro que menos me ha gustado de la saga de Laurie Gilmore. No logré conectar ni con la historia ni con los personajes, me incomodaron varios tropos y el final me pareció poco convincente. Puede que a lectores que disfruten el tropo del padre soltero o que sí tengan afinidad con temas de crianza les guste más, pero en mi caso fue una lectura fallida de principio a fin. Aun así, sigo con ganas de leer el tercer libro (que aún no está traducido) y el quinto, para ver si recupero lo que me gustó en las novelas anteriores.