«Con esta novela me une un vínculo extraño: la conocí desde casi sus inicios y he sido testigo, en cierta manera, de su extraña evolución literaria. La he visto cuando era un “Pequeño Engendro del Mal” hasta llegar a ser este “Monstruo Maldito”. Pero más allá de eso, puedo decir que La puerta es un intento, bastante bien logrado, de adentrarse en lo oscuro, en lo maligno, de colocar un nombre y apellido al Mal. ¿Cuántas veces no lo hemos sentido? ¿Cuántas veces no hemos huido de él? ¿O cuántas veces no hemos corrido a sus manos? Daniel Averanga parece decirnos desde el fondo del abismo: “El Mal está en todas partes, cierto, pero sobre todo el Mal está en ti”». Wilmer Urrelo
Un grupo de niños queda atrapado en un aula de su colegio. Afuera hay una entidad que necesita devorar carne humana para acceder a este plano, y se dedicará cazarlos.
La puerta es una novela polifónica y ambiciosa que guarda varias similitudes con It, de Stephen King, solo que está ambientada en la ciudad de El Alto, en Bolivia, y es mucho más sangrienta. Porque a Averanga no le tiembla la mano al escribir sobre violencia. Porque para escribir sobre el Mal, en especial sobre un Mal que se alimenta de niños, y que los necesita aterrorizados, hay que ser capaz de describir los cuerpos desmembrados y masticados por una criatura horrible y despiadada, una entidad que le debe mucho a Lovecraft (una deuda que Averanga admite haciendo varias referencias a lo largo de su novela).
Aunque tiene algunos detalles que podrían pulirse, La puerta es un buen exponente de un género que en Bolivia no se ha desarrollado con mucho éxito. Pero se nota que Averanga tiene un buen dominio del tema y de las herramientas que se necesitan para hacerlo efectivo.
Esta es una novela de terror ganadora del Premio Marcelo Quiroga Santa Cruz. No es habitual que una obra galardonada pertenezca a este género, y ahí radica parte de su fuerza. Está ambientada en su mayor parte en Ciudad Satélite de El Alto, lo que le da un peso y una cercanía poco comunes dentro del terror.
Es una novela donde el autor no teme mostrar escenas de brutalidad pura. Sus personajes —en su mayoría niños— mueren de las formas más violentas y gráficas imaginables. Durante la lectura no pude evitar pensarla dentro de un universo lovecraftiano, algo que se confirma en el epílogo con la mención de Abdul Alhazred y entidades cósmicas como Nyarlathotep.
El libro se lee rápido, es muy entretenido y resulta fácil verse reflejado en él… dejando de lado las matanzas espantosas, claro.
No pude con el ritmo tan lento de la historia. Tampoco con el final que no te deja nada en claro y solo te deja con ganas de un poquito más, que se reemplaza por un "simbolismo ridículo"