Gonzalo Millán es uno de los poetas más relevantes de los años sesenta del siglo XX y su producción escritural es de las más destacadas dentro de la poesía chilena y latinoamericana contemporánea.
Esta antología intenta ser una selección de la poesía de Millán lo más ecuánime y equilibrada posible en relación a sus libros, teniendo eso sí en cuenta las preferencias del antologador, que conoció la ruta de algunos textos. Las obras que se escogieron para esta edición son Relación personal, Ouroboros, Vida, La ciudad, Seudónimos de la muerte, Virus, Claroscuro, Autorretrato de memoria y Veneno de escorpión azul. El énfasis está puesto fundamentalmente en dos libros que fueron publicados en Canadá, por diferentes razones. Vida es una compilación de la producción poética escrita por el autor entre 1969 y 1982 menos conocida, con excepción de La ciudad, obra de la cual se publica aquí la primera edición in extenso, ya que su fragmentación, opinamos, impide apreciar la estructura cinética y totalizadora que quiso dar el poeta.
Su primer libro, Relación personal, obtuvo en 1968 el Premio Pedro de Oña y más tarde, en 1987, es el primer ganador del Premio Pablo Neruda ofrecido por la Fundación Neruda. Su obra se relacionó con la plástica a través de la “poesía visual”, desarrollando también lo que llamó “poesía objetualista”.
Para Gonzalo Millán la poesía fue una mezcla de lenguaje, tiempo y memoria: "Unos le ponen más memoria, otros más tiempo o más lenguaje, pero esos son los materiales primordiales. Sin saberlo, he trabajado desde siempre con ellos" ("La cultura en Chile sigue siendo la rueda de repuesto", El Periodista, 2 de junio, 2006, p. 32). Con apenas 21 años, publicó Relación personal (1968), por el que recibió el premio Pedro de Oña: "Los primeros poemas están escritos en ese contexto, de un adolescente que se empieza a sentir también al margen, a sentirse distinto, está insatisfecho con el mundo que encuentra, el Chile de los años 60" ("La poesía tiene que mutar". Calabaza del diablo, mayo, 2003, p. 14). Tres años antes había escrito Chumbeque, una novela que no publicó.
Millán nació en Santiago y su infancia la pasó en Recoleta. El entorno urbano fue clave en su poesía: "Estudié en los Dominicos en la Academia de Humanidades, y después a los 11 años se acabó mi infancia, y la adolescencia la viví en Ñuñoa y me cambié al Lastarria. O sea, cambié de un colegio religioso a uno laico, del barrio La Chimba -un sitio provinciano y marginal- a la modernidad santiaguina. Y ahí maduré, como los membrillos, a chancacazos no más" ("Hay que salvar el pellejo como sea", La Nación Domingo, 27 de agosto, 2006, p. 52).
Terminado el colegio, estudió Licenciatura en Literatura en la Universidad de Concepción, donde integró el grupo Arúspice. Después se trasladó a Santiago, donde prosiguió sus estudios en la escuela de artes de la comunicación de la Universidad Católica. En ese periodo conoció a Enrique Lihn y Alfonso Calderón.
Perteneció a la llamada Generación del 60 y, como muchos de sus integrantes, partió al exilio después del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Iba con destino a México, pero terminó estableciéndose en Canadá. Allí obtuvo un Master en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de New Brunswick y fue uno de los fundadores de la editorial Cordillera, que publicó la obra de varios autores chilenos en el exilio.
En 1978 viajó a España, donde conoció a Roberto Bolaño. Un año después, a través de la Maison Culterelle Québec-Amérique Latine, publicó uno de sus libros más importantes: La ciudad (1979), poemario político fragmentario y polifónico que contiene su experiencia en el exilio. En ese mismo país editó los volúmenes Dragón se muerde la cola (1984) y Vida (1984).
Regresó a Chile en 1984, donde publicó Seudónimos de la muerte (1984), álbum de la vida burguesa, que cuestiona la relación amorosa y pone de manifiesto la crisis de un ámbito doméstico orientado al consumo. A partir de 1985 fue director de la revista El espíritu del valle (1985-1998). Durante los últimos años de la dictadura publicó Virus (1987), en el que reflexiona sobre la función de la poesía y del arte ante el poder. Ese mismo año se instauró el Premio Pablo Neruda de poesía, que Millán obtuvo por unanimidad. Desde esa fecha y hasta 1997 se instaló en Holanda, víctima de lo que llamó una "mudez poética". En esos años se dedicó a una actividad fuertemente ligada a su quehacer poético: la creación de artefactos, esculturas, objetos y libros de artista; en definitiva, una serie de trabajos que se enmarcan dentro de la poesía visual.
En los años 90 publicó en Estocolmo, junto a Juan Castillo del grupo CADA, el libro-objeto 5 Poemas eróticos (1990). Dos importantes antologías de su obra vieron la luz en esos años: Strange Houses (1991) y Trece lunas (1997). Después de varios años sin publicar, editó Claroscuro (2002) y Autorretrato de memoria (2005) -por el que obtuvo el premio Altazor en poesía-, los dos primeros tomos de una trilogía dedicada a la relación entre imagen y texto, que quedó inconclusa tras su muerte, ocurrida el 14 de octubre del 2006.
Hace varios años quería leer a Millán, específicamente, La Ciudad, una obra seminal para la poesía chilena en dictadura.
Su poesía se aleja de mi zona de confort, pero es una salida de esa zona que fascina por las formas que utiliza, por la aproximación al terror desde lo cotidiano, por ser una épica de lo urbano.
Difícil asociarlo a otro poeta chileno, hay elementos que podrían emparentarlo con poetas tan diversos, que en realidad, lo mejor es decir que Millán tiene su propio estilo.
Siempre he escuchado que Millán es un objetivista (creo que el mismo lo decía), pero no me calza.
“No ideas but things” decía W.C.W., pero acá yo veo demasiadas ideas.
Octavio Paz complementaba diciendo que la vivacidad de la sensación y la objetividad de las cosas eran contradictorias, pero eso me parece una característica propia del arte en general y principalmente de la literatura. Así que gracias por nada.
Pero bueno, a pesar de que los demás poemas de Millán parecen no estar completamente a la altura de lo que hizo en La ciudad, no mentiría si digo que creo que este poema es el más importante que se ha escrito en Chile desde La Araucana.
Segunda vez que lo leo (la primera fue hace 8 años) y segunda vez que me sorprende.