Aquilea se llamaba la ciudad que Borges y Bioy Casares crearon para la película Invasión, de Hugo Santiago, y Aquilea es también el nombre que Hernán Lucas, el librero, eligió para su librería. Si los ecos del nombre conducen inexorablemente al destino, dos augurios se materializan en ese acto de bautismo. Por un lado, la función poética del lenguaje jugando en la humorada: “Aquí-lea” –¿dónde si no en una librería?–, y por el otro, la evidente referencia al cine de culto. Las anotaciones que dan pie a estas Crónicas de una librería parecen avanzar en andas de ese doble sentido: el trato con los clientes, la venta de libros por internet, las rutinas diarias, la compra de bibliotecas a domicilio y hasta el pago del alquiler cobran aquí carga poética –no hay que olvidar que el librero es también poeta– y modelan una realidad subjetiva que distancia la crónica de la mera anécdota para alcanzar otros niveles de realidad. A través de observaciones mínimas, pormenores, y un notable tono confesional, Hernán Lucas acaba creando para su librería un rico universo paralelo inserto en el mismísimo centro porteño.
Hernán Lucas nació en Buenos Aires en 1974. Trabaja en librerías desde los dieciocho años, y abrió la suya, Aquilea, en 2007. Publicó los libros de poemas: Un tapado arena (Alción, 2005) y Prosa del cedido por el oro (Paradiso, 2007). En 2012 el Fondo Nacional de las Artes le otorgó la Beca Nacional de Creación Literaria. Co-organiza los ciclos literario/musicales: "Noches Humbert Humbert" y "Cine, escritores y músicos en librería Aquilea". Es licenciado en Artes por la Universidad de Buenos Aires.
Confieso que esperaba leer un libro con más anécdotas (sobre todo graciosas) y menos reflexiones, pero para eso tengo en la pila el libro de Jen Campbell. Este libro es lo que dice el titulo: un crónica. Viñetas sobre el trabajar en una librería de saldo. Las compras de bibliotecas personales, los clientes desquiciados, la incertidumbre ante un futuro con e-books, la incertidumbre de llegar a fin de mes. No es muy gracioso, pero es un lindo libro chiquito de esos que les gusta leer a la gente que le gustan los libros.
Lamentablemente no es lo que yo creía haber comprado. Quería leer sobre el día a día de un librero pero, si bien hay un poco de eso, la mayor parte del libro gira en torno al dueño quejándose de algo o criticando a sus clientes mediante comentarios despectivos. No le pongo una estrella solo por estos fragmentos reflexivos e interesantes:
«Por sugerencia de mi empleado el verdadero artista de esta historia, ahora usamos el libro ahuecado para esconder la recaudación diaria. Un libro entre miles de libros para esconder la plata que dejan los libros».
«Dijo conocer, Vicky, gracias a esa torre atada de revistas National Geographics [sic], su living "menos que a la selva"».
«Lo viejo es ta vendible como lo nuevo porque así como para todo roto hay un descosido, para cada para cada libro hay un lector».
«A quienes piensan que el libro digital va a desplazar al libro de papel se les va la mano con el utilitarismo. Creen que lo más eficaz destrona a lo menos eficaz. Según el filósofo Frederic Jameson vivimos en una época "nostálgica": lo viejo y lo nuevo están ahí, disponibles, como pedazos desparramados de un tiempo que iba en fila India (pasado-presente-futuro) y estalló. Se me ocurre que el libro digital y el libro de papel podrían ser algunos de esos pedazos de presente. Lo nuevo no desplaza a lo viejo: conviven. ¿Pero será así? Hoy, al abrir el libro hueco donde escondo la plata, leí, en la página que hace de fondo, la siguiente frase: "La Revolución Industrial diezmó al artesanado". Signo de pregunta? No serán mis dudas meditaciones formas de no ver un final cantado?».
«Hay gente que parece salida de los libros que pide».
Si bien aprecio que nos abriera un poco su corazón con el último relato, mucho más personal, me parece que no encuadra dentro de la temática del libro.
Menos de anecdotario librero que de diario íntimo, no me terminó de convencer. Bien valen algunas anécdotas, pero no alcanzan a salvar el resto del libro.