Si las novelas tienen el potencial de crear universos, Doquier se caracteriza por ser uno particularmente complejo: interrogarse, ¿quién narra la historia?, significa una empresa de desenmascaramiento que, debido a la ausencia de toda construcción indicativa del género y de la historia pasada del narrador, resulta muy compleja de lograr. La novela comienza in media res, y aparece inmediatamente la referencia a la primera persona del singular, su mundo se distuingue por un tono reflexivo constante, por un ir y venir entre lo micro -lo rutinario- y lo macro -su relación con lo oculto-. Como mencionamos anteriormente, conocemos el mundo de Doquier a través de la voz narradora, pero ¿quién narra la historia? una persona que conoce de brebajes y remedios naturales; una persona que guía su accionar por el santo del día, pero afirma no ser creyente; una persona que asegura no moverse de su sillón hace quince años, pero que se escapa por las noches; una persona que se construye sin género pero se escandaliza frente al cambio de sexo de su gato Polibio, o una persona que una vez amó y asesinó. Para sus vecinos, naturalmente, tiene un nombre, una cara y un género, pero para nosotros, los lectores, quién narra Doquier es una gran incógnita.