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El 2 de julio de 2022, dos delincuentes se disponen a robar en una importante joyería de Ginebra. Un incidente que dista mucho de ser un vulgar atraco. Veinte días antes, en una lujosa urbanización a orillas del lago Lemán, Sophie Braun se prepara para celebrar su cuadragésimo cumpleaños. La vida le sonríe: vive con su familia en una mansión rodeada de bosques, pero su idílico mundo está a punto de tambalearse. Su marido anda enredado en sus pequeños secretos. Su vecino, un policía de reputación irreprochable, se ha obsesionado con ella y la espía hasta en los detalles más íntimos. Y un misterioso merodeador le hace un regalo que pone su vida en peligro. Serán necesarios varios viajes al pasado, lejos de Ginebra, para hallar el origen de esta intriga diabólica de la que nadie saldrá indemne.
Entretenimiento puro y sin otro interés, cómo ver una película un sábado noche en la que los giros se suceden sin parar y terminas satisfecho, pero que a las pocas horas ya has olvidado incluso el título de la película.
Eso es lo que pienso de la nueva novela del autor superventas Joël Dicker, del que tampoco soy demasiado fan, tan sólo había leído la indispensable y muy disfrutaba "La verdad sobre el caso Harry Quebert” y "Los últimos días de nuestros padres”, una novela con un cambio de registro hacia una trama bélica en la que se mezclaban espionaje, amor, amistad y una reflexión profunda acerca del ser humano y sus debilidades, quizá la mejor novela que he leído de Dicker hasta la fecha.
Con su nueva novela titulada “Un animal salvaje”, el autor suizo nos traslada a Ginebra y Saint Tropez, con acercamientos a San Marino, Londres o Zaragoza, a través de una trama que gira en torno a un atraco y a 2 parejas (y un "añadido") con muchos secretos.
Narración en tercera persona, con prosa muy ágil y continuos saltos temporales (antes y después del atraco, desde 2007 a 2022) que hacen que la lectura sea muy rápida y que el interés no decaiga en ningún momento, de ahí que el libro se lea de una sentada (6 o 7 horas y te lo ventilas).
No hay mucho más que decir en cuanto a la profundidad de los personajes ni de la trama, pues todo se ve reducido a esos continuos giros que se producen en los papeles que juega cada uno de los personajes, sobre todo de las 2 parejas protagonistas y del “tercero” en discordia, todos ellos personajes muy misteriosos y llenos de secretos, que poco a poco se van desvelando y nos van dejando alguna que otra sorpresa. El final es más o menos esperado, aunque es cierto que por el camino las sorpresas se van sucediendo, todo hace esperar ese cierre de la trama. Las descripciones de las localizaciones y de cómo se realiza el atraco y la investigación no tienen ninguna fisura y se ve que Dicker ha hilado una trama intrincada de una manera muy sutil y sin nada que reprochar, la verdad es que hay que reconocerle el gran trabajo a la hora de planificar un libro con tantos saltos temporales y en el que nada queda al azar ni "suena raro".
Novela para pasar el rato, sin pedir nada más ni pretender encontrar un novelón, lo cierto es que el gran poder de la novela recae en la habilidad de Dicker como “contador de historias”, y aunque en esta novela cambie un poco de registro -y se pase demasiado con el salseo amoroso, demasiado para mi gusto- el resultado es aceptable y muy disfrutable, aún así 3 estrellas muy justitas son más que suficientes.