Periferia industrial. Norte de España. Años noventa. Un grupo de amigos y un triángulo amoroso durante el último año antes de la universidad, antes de que todo cambie para siempre.
Para estos primeros adolescentes nacidos en democracia, la vida entre autovías y bloques de pisos suburbiales es comer pipas en un banco del parque, aburridos mientras imaginan qué quieren ser. Mientras imaginan que se van de allí. Porque hay un mandato que debe dar sentido a todo un clan. Al fin y al cabo, nada hubiese sido posible sin sus abuelos agricultores, que emigraron a esas periferias en los sesenta, y sin sus padres, que se hicieron llamar clase media al filo de los ochenta. Pero, ¿qué sucede cuando las imágenes de uno mismo y de los otros acaban cayendo al suelo como un puñado de cáscaras? ¿Se puede tener culpa de clase? ¿De qué estaban hechos los deseos de esa España desengañada que hoy ronda los 40?
Con una escritura que hibrida con maestría la ficción y el ensayo, Esther L. Calderón retrata aquella España embriagada de sueños desde un presente desencantado, crítico, pero sin queja. Pipas es una mirada original y conmovedora de las cáscaras vacías de toda una generación.
Pipas es la historia de una generación y dos y tres, pero sobre todo una, la de los nacidos a finales de los 70 y principios de los 80 y los daños colaterales que arrastramos. Y lo digo ahora, una vez terminado, porque al principio me enfadó, porque yo buscaba algo entretenido, algo ligero y Pipas es ensayo y autobiografía e historia de España y sí también es entretenida, pero no es una lectura fácil, pero sí es necesaria y te acaba entrando y cuando entras ya estás jodido y no quieres salir. Pipas es una bolsa de pipas de las caras, de las que le gustaban a Chilo, de la que no podrás dejar de comer.
"Mi abuela Mada dio dos vueltas a la cabeza de una gallina (...) Luego la desenroscó, devolviendo tiernamente a su sitio el cráneo y los ojos, que cayeron hacia delante, y dijo levantando la mirada: -Los pobres no vivimos donde queremos, sino donde podemos. Era viernes. Lo dijo con tono de reproche, respondiendo a algo que le había preguntado mi abuelo, que volvía de un turno doble (...) Mi abuela hizo un corte con un cuchillo muy afilado al pescuezo de la gallina. La sangre caliente salía fácil. Sonaba a riachuelo de cumbre. Yo no sabía que éramos pobres. Pobres eran otros, los que pedían a la entrada del mercado de los martes. Todas las personas que conocía éramos más o menos iguales. Todos comíamos y bebíamos, y hasta íbamos a un restaurante si había algo que celebrar (...) Las cosas se usaban hasta que se rompían. Los trabajos se hacían para conseguir dinero. El dinero se conseguía con esfuerzo. La ropa olía a suavizante. (...) Se barría la cocina después de comer. Las cosas se hacían bien porque así debían hacerse, y un gallina daba para un puchero con alubias para todos. Yo no sabía que hubiésemos preferido vivir en otro sitio. Yo no sabía que había otro sitio. Yo no sabía que más cosas se podían hacer de otro modo ni que habíamos borrado de la ecuación el placer."
Me parece precioso cómo la autora te lleva, mediante una historia común, a recorrer tantos temas diferentes de una forma tan fluida. Desde la sentimentalidad a la protesta social, de todo un poquito.
La nostalgia se te pega al cuerpo desde la primera página, siempre con el tinte alegre de haber disfrutado aquello que decides rechazar. "Ahora me doy cuenta de que es una suerte haber tenido un buen sitio del que querer irte"
📝"La primera generación de adolescentes nacidos en democracia tuvo el mandato de imaginar aquello que serviría para encarnar los deseos frustrados de padres y abuelos: ¡No seáis como nosotros! ...y aquel mandato se llenó de expectativas"
Ha sido un viaje de vuelta a la adolescencia en los 90 en cualquier rincón de España, con sus tardes comiendo pipas en un banco mientras arreglábamos el mundo. Refleja muy bien las expectativas para llegar lejos, poder "ser alguien", "ser mejor" de lo que fueron nuestros antepasados, y la presión por cumplir esas expectativas. El peso de la pregunta ¿de verdad es esto lo que yo quería para mí?, y de las decisiones que tomamos. Me ha gustado seguir el paso del tiempo del grupo de amig@s: Efrén, Chilo, Pruden, Jana. He visto a toda mi generación, y a mí misma, reflejada muy bien en este libro
"No lo supimos ver entonces, pero para Rosa perder una casa era más que perder una casa: era perder un símbolo. Perder la seguridad. El refugio del clan".
Qué agradecido es leer sobre algo a lo que cuesta tanto poner palabras.
Por otra parte, es imposible no sentirse reflejado en este libro si naciste en los ochenta/noventa y has vivido toda la infancia y la adolescencia en la periferia.
siempre me ha parecido muy curioso cómo las experiencias de generaciones diferentes se pueden parecer tanto, justo lo que he sentido con este libro. me quedo con qué vivan los amigos y los abuelos :)
A medio camino entre una novela que bien podrían ser unas memorias, quizá autoficcionadas, y un ensayo sobre las metas, anhelos y decepciones de nuestra generación, el libro es un disfrute.
La autora repasa los 90 a través de su pandilla y del último año antes de irse a la gran ciudad a estudiar. Es muy fácil verse reflejado y enternece reconocerse en las conversaciones.
Las reflexiones que vierte de manera hilada y amena son también interesantes. El acceso a la vivienda, la cultura del esfuerzo, las expectativas que recayeron sobre nuestros hombros en un país que empezaba de nuevo... todo eso, y más.
Este libro va sobre las pipas. Y sobre lo que tienen dentro para germinar las cáscaras. Y sobre lo fácil que es que algo se atasque en la garganta por no hacer nada con lo que uno tiene. Con lo que uno sabe. Con lo que uno desea. 🌻
Me ha encantado!!!! No esperaba que me llegara tanto, pero con una novela ambientada en Cantabria no podía ser de otra forma. Me ha recordado mucho a la época de mis padres (que es algunos años antes que en los años que se ambienta esta novela, pero la esencia era parecida), de cuando me contaban que comían pipas con sus amigos en un banco y todo lo que hacían en esos tiempos y que ahora se ha perdido. Pero lo que me ha llegado mucho más es el sentimiento de ser de un pueblo y marcharse a la gran ciudad a descubrir un nuevo futuro. Y la reflexión sobre la importancia de irse o de quedarse y lo que cambia tu futuro con esas decisiones. Además, otra cosa sobre la que me ha hecho reflexionar es sobre los flujos de movimiento, las tendencias de cada época a ir y venir. Ahora parece que está de moda volver a lo rural, la naturaleza, teletrabajar y reconectar con el pasado. Lo tenía muy presente, pero este libro me ha hecho abrir los ojos y ser consciente de que no somos independientes en ese sentido y nos movemos en masas, por tendencias. Un libro precioso que recomiendo un montón, leedlo 😭😭😭
"[...] que tendré dos hijos y un perro, y quizá un gato perezoso y descreído al que premiar con latas gourmet, que me casaré (antes o después de tener hijos, que los tiempos cambian pero las ventajas legales no) con un hombre blanco, cis y heterosexual, que yo misma seré en el trabajo un hombre blanco, cis y heterosexual (pensaré que la igualdad es poder trabajar con sus reglas), que estaré satisfecha, que no miraré alrededor y diré: ¿Pero qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué estoy triste? ¿De verdad es todo esto por lo que he estado luchando desde niña? Y acabaré pagando con dinero nuevo. Dinero mío que no es solo mío. Dinero de nuevo señorito llegado en ascensor. Dinero con el que acabaré siendo el nuevo señorito de otros (que se parecerán a mis abuelos), aunque no me gustará decirlo en alto, que eso es traición de clase.
Así que haré malabares y acabaré siendo desleal con todos.
Una maravilla. Otra obra contemporánea que mezcla géneros. En este caso, la narración del crecimiento de un grupo de jóvenes del extrarradio de Santander que matan la aburrición comiendo pipas en una banca con reflexiones ensayísticas sobre la pertenencia de clase, crecer, migrar a las grandes ciudades, las transformaciones sociales y familiares de los últimos 50 años en Eapaña, etc. Me ha gustado un montón. Y eso que no soy de España. Me recuerda a Annie Ernaux en La vergüenza y Los años.
Pipas es una curiosa mezcla de novela de autoficción/coming-of-age y ensayo en torno a la periferia, los mitos de los pobres y la desazón existencial que parecen sentir los que se criaron en los 80 y 90. Aunque esto parezca una marcianada, la verdad es que está bien ejecutado y las partes narradas conectan perfectamente con lo dicho en el ensayo, sin que termine de haber una barrera estricta entre las dos, complementándose.
Formalmente el vocabulario y la sintaxis es simple, pero con ciertos recursos literarios y una forma algo poética. Aún con la sencillez, las expresiones y el uso del lenguaje es delicioso, afectivo, bonito, más que bello.
La parte narrada, más literaria, cuenta mediante retazos la vida de "Mada", adolescente genérica de pueblo grande/ciudad pequeña de la periferia de Santander. Pero esto no será una narración secuencial al uso, "Mada" se cuenta mucho más mediante su historia familiar, su pandilla de amigos y los lugares que transita que mediante sí misma. Con pocos y agudos detalles, la autora consigue crear muy rápido simpatía y familiaridad con ese mundo tan propio y particular, pero a la vez tan paradigmático de la pobreza que se llama "clase media" habitando en un escueto piso cerca de la vía del tren o, en mi caso, encima de la última gasolinera antes de salir de la ciudad. Presentando todo este contexto es donde se expande el mundo y se ejemplifican claramente las cuestiones que se tratan de dar a entender en el ensayo.
Y las cuestiones que trata el ensayo son las que me trajeron a leer esta obra, en primer lugar, Esther expone sus puntos en torno al pasado, el legado generacional, el sacrificio y la dignidad del trabajo, la vivienda, el lugar en el que nacemos y como eso nos define vitalmente y de cara a los otros, irse de ese sitio sin mirar atrás y posteriormente mirar atrás cuando ya hace mucho que te fuiste. Es irónicamente central el concepto de "periferia", un concepto que en sí mismo es nada, toda una realidad subordinada a otra que hace de centro, pero ese "centro" no es tangible y la periferia es pues un estado mental de inferioridad respecto a la expectativa que tenemos de nosotros mismos y que otros nos han imprimido. También están el amor (y sus diferentes concepciones, las cosas de los tiempos), la muerte... Y algún tema más, esta obra tiene mucho de lo que hablar y está todo mezclado.
Lo que importa de esta vertiente ensayística es que no es un ensayo "duro", con referencias nutridas, ideas sesudas y culpas (directas) al contexto socioeconómico y el sistema capitalista. Y, oye, lo he agradecido, un ensayo que habla de los temas antedichos pero en clave emocional, lo cual, en conjunto con la narración, hacen de este libro un viaje por los afectos y sentires de Mada en Maliaño que, ineludiblemente, te recordarán en buena parte a los tuyos en X sitio, si eres uno de esos miles de chavales de la periferia española con el nivel socioeconómico justo para no morir de hambre; y más aún si te fuiste sin saber muy bien donde a la primera de cambio con tal de no aguantar más dicho lugar y dicha pobreza.
Yo no sé si el libro es bueno o lo estoy pretendiendo mucho más de lo que es por los temas que trata y cómo me exaltan, pero es la obra indicada en el momento preciso, y debo agradecerle a la autora su aportación a aclarar la relación con mi pasado, a las puertas de mi cuarta ciudad desde que me fuera de una de esas pseudociudades en las que nunca pasa nada.
3.5 🌟 Recomiendo. Algunas partes se me han hecho un poco pesadjtas pero me han gustado mucho las reflexiones de la protagonista en otras. Ligeramente mayor que yo pero claramente compartimos generación. Una novela muy generacional o local, mezclada con reflexiones. No le doy cuatro estrellas, pero dudo, porque al ser corta creo que le falta algo. Aún así recomiendo, se lee rápido y relativamente gustoso.
"Este libro va sobre las pipas. Y sobre lo que tienen dentro para germinar las cáscaras. Y sobre lo fácil que es que algo se atasque en la garganta por no hacer nada con lo que uno tiene. Con lo que uno sabe. Con lo que uno desea"
Sobre pertenecer, huir, volver, amar. La historia de un grupo de amigos que representa a una generación; a un país.
Este libro es muy bonito no quería q acabara y pocas veces pasa eso. Toca muchos temas con los q me he identificado, muchos detalles desde una mirada bonita. Romantiza cosas que no son románticas y aunq a veces chirría hace que te sientas reconfortado. Lo recomiendo muchísimo.
Es la primera vez que me pasa que me interesa más sobre lo que reflexiona y expone (la parte más ensayística) que la trama de los personajes como tal. Lo primero me ha encantado pero no me parecía justo darle más puntuación sabiendo que el conjunto se me ha quedado a medias.
me pregunto si el bienestar es la felicidad, me pregunto si en el bienestar entra el goce o si ese anhelo de que no cueste, de que la vida no cueste, es el primer paso para echarla abajo. 4,5/5. oye, me ha gustado mucho más de lo esperado. vivir es ir sobreviviendo a las pérdidas
Qué bonita manera tiene Esther Calderón de repasar las vivencias de las y los primeros adolescentes nacidos en democracia. De manera sencilla te absorbe en la historia y te hace sentirla cómo propia. Muy recomendable.
Este libro ha ido directito a mi corazón por muchas razones. Y sé desde ya, que va a ser una de las mejores lecturas de este año.
Una pandilla de la generación nacida en los 80, como yo. Unos amigos que se reúnen para comer pipas y pasar el rato. Una amistad que durará pese a todo, la distancia, los conflictos y las despedidas.
Una generación a la que nos vendieron que teníamos todo el futuro por delante, que teníamos que ser mejores que nuestros padres y nuestros abuelos. Llegar más lejos, donde ellos no llegaron. Una generación que tuvo que enfrentar una realidad que no era lo que nos había contado.
Una ciudad de extrarradio, en mi comunidad autónoma, un sitio que conozco aunque no mucho, pero en el que he encontrado muchos lugares comunes.
La protagonista reflexiona sobre todo esto y sobre más cosas.
Me ha gustado mucho, tanto que no me ha durado ni 24 horas. Creo que es una lectura que le puede gustar a cualquiera, pero si naciste a principios de los 80 de va a tocar el corazoncito por muchas razones. Lectura recomendadísima.
Ayer, al desayunar, la radio hablaba de este libro, en una conversación agradable entre Esther L. Calderón y Àngels Barceló. Con el aroma del café, me lancé a leerlo con curiosidad: algo me insinuaba que ese libro también hablaba sobre mí, o sobre todos los que nacimos en una época en que la vida se soñaba inmensa, o mejor, nos la dibujaron así. Afortunadamente, con el paso de los años, las cosas no tuvieron tantas grandezas como nos lo habían hecho creer, y hoy vivimos en el esfuerzo continuo de ajustar sus medidas. El lenguaje de Pipas es el nuestro, y en sus páginas es posible ver a los demás y sentir el reflejo de nuestro propio recorrido. En ellas se mezcla la admiración por lo que no somos con el encanto extraño de lo que los años han escrito sobre la vida, la nuestra.
Nunca me había visto retratada hasta semejante extremo en una historia. La de quienes fuimos adolescentes en los 90, entre fábricas y expectativas. Piel de gallina.
Confiaba ignaro de mi que pasada la fiebre de la nocilla (¿porque nocilla y no julipan?) las nuevas generaciones rechazarían ese coctel de nostalgia y aventuras del chichinabo para desarrollar otro tipo de narrativa, así han funcionado las generaciones siempre, al menos, una generación se cansa de las tonterías de la anterior y opta por algo nuevo.
Pero Fiesta vino a nublar mis optimistas esperanzas, tal vez las generaciones de los 70, 80 y 90 no eran tan distintas y amenazaban con que el único cambio fuese cambiar a caponata y los chiripitiflauticos por Bola de dragon, y Los Pecos por Nirvana. También digo, esperaros cuando la genearación Minecraft se ponga al teclado.
Por desgracia parece que así ha sucedido y nos vamos encontrando con las mismas narraciones algo insulsas que con la excusa de ser un asunto generacional terminan contandote una mierda. Vale, si, las referencias a lo mejor ahora son las tuyas, tu pandilla con el chino, el negri, el chirri y el polainas, cada uno con sus historiales familiares peculiares, sus secretillos se parecen a la tuya y hacen lo mismo que tu hacias durante largas horas en el parque pelando la pava, o, en este caso, comiendo pipas.
Esto es lo que ofrece el libro, que al menos en el título, no engaña. El trampantojo literario lo ponen precisamente las humildes semillas de girasol en diversas modalidades y marcas, del tradicional facundo a el piponazo y los nuevos y revolucionarios sabores, y que serviran de hilo conductor de…lo de siempre, lo puto mismo.
Y a mi esto ya como que no, se me hace mucha bola, me se ya todos los trucos, que me cambies el marco referencial como que no, que tires de nostalgia cutresalchichera, de juegos de autoficción, de cuento pero no cuento, pues no me supone ninguna novedad, ni ninguna intriga, ni nigún interés, me temo, aunque ya digo, los guiños y las referencias le pongan ojitos a las mias.
No es que esté mal escrito, o encuentre cosas que tiran para atrás desde la perspectiva formal, pero es que las aventuras de esta gente con sus complejines de pueblo satélite a capital de provincias ya me parece demasiado recurrente, facilón y me temo que no me interesa como propuesta, ni metiendo cameos de Laura Pausini.
Este libro retrata a una generación que no es la mía, pero aún así se ha sentido demasiado cercano. Los temas que trata, y cómo los trata, y sobre todo cómo va combinando una mezcla de narrativa y ensayo, hacen que este sea un libro muy especial.
Habla de vivir en la periferia, de las grandes migraciones que se dieron en España en los 60-70, del sentimiento de pertenencia al sitio donde vivimos, del querer irte (o no), de los que se van, de los que se quedan, de las expectativas que las generaciones anteriores ponen en ti, también habla sobre vivienda y clase social, pero, sobre todo, habla de la amistad.
Me ha parecido un libro súper bonito, con una escriatura muy fina y poética, que te emociona y te traslada perfectamente a esos momentos del grupo de amigos en Maliaño escuchando a Laura Pausini.
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“Yo no sabía que éramos pobres. Pobres eran otros, los que pedían a la entrada del mercado los martes. Todas las personas que conocía éramos más o menos iguales. Todos comíamos y bebíamos, y hasta íbamos a un restaurante si había algo que celebrar, y teníamos ropa de domingo y un chandal para gimnasia y las zapatillas JHyber o Paredes -con suerte Adidas o Nike-, que alternábamos con los zapatos de lluvia. Las cosas se usaban hasta que se rompían. Los trabajos se hacían para conseguir dinero. El dinero se conseguía con esfuerzo. La ropa olía suavizante. Las sábanas se tensaban en las esquinas cada mañana. Se barría la cocina después de comer. Las cosas se hacían bien porque así debían hacerse, y una gallina daba para un puchero con alubias para todos. Yo no sabía que hubiésemos preferido vivir en otro sitio. Yo no sabía que había otro sitio. Yo no sabía que las cosas se podían hacer de otro modo ni que habíamos borrado de la ecuación el placer.”
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“Ahora me doy cuenta de que es una suerte haber tenido un buen sitio del que querer irte”.
Título que responde al hábito de comer pipas en un banco que era algo habitual en los años 80. Una mezcla de ficción con datos y reflexiones de la autora que la alejan de la novela como género literario puro. Historia de un pueblo de periferia ( muchos lo son) que se hace según llegan los trabajadores y que define un estilo de vida y una forma de relacionarse. Grupo de amigos a punto de dar un cambio en su vida y que define su relación futura: los que van a la universidad y los que se quedan en el pueblo. Toca temas como el divorcio , el papel de la heroína,las primeras relaciones, el maltrato en el seno familiar,etc. Todos ellos traspasan una época y es ahí donde la obra cobra interés porque no es solo la historia de los nietos de la democracia sino que llega a otras generaciones. Tono costumbrista en las descripciones de tareas y conversaciones familiares que dan la pauta de lo que se espera de esos jóvenes. En cuanto al estilo, es original el comienzo de muchos capítulos " imagina" además de las enumeraciones ya sean nominales o no y los numerosos espacios en blanco. Tb el punto de vista narrativo. Cuesta ver lo literario.