En el poemario, El estómago de las ballenas, el autor expone la consecuencia y la la problemática que la presencia y las acciones del ser humano han tenido sobre su propio entorno. Así, el yo lírico explora, sin un tiempo definido, lo que une al ser humano con la naturaleza, como si fueran inseparables uno del otro. En otras ocasiones, el cuerpo parece en sí mismo un mundo: “Siento otra era geológica corriendo por mi cuerpo”, En este cuerpo, como en la naturaleza, también ocurre la devastación: “La sangre también puede quebrarnos, / hay otra glaciación ocurriendo en mis arterias”.
También, es una revisión de la simbiosis entre la naturaleza y el humano, de los diferentes modos de relacionarse con ella: como los abuelos que enterraron a su pequeño hijo en el jardín y hoy, sin los abuelos, ese árbol parece un niño huérfano. En este poemario, además hay una remembranza, una advertencia o un rastreo del papel de la naturaleza a lo largo de la historia “Antes del dengue, la malaria / y todas las enfermedades tropicales, / vino el mosco cosido a su aguijón, / buscando sangre tierna / de este siglo”. Así como una revisión de lo que fue y lo que podrá ser: ciudades futuras, perfectas, pero inexistentes o un factible fin del mundo.
Coincido con un comentario de abajo, el premio Aguascalientes es relevante como termómetro y crónica de los temas de actualidad en la esfera cultural. Leer este libro desde ese lugar, es una buena experiencia; pero el libro por sí solo, fuera del premio, no se sostiene.
Uno que otro verso muy poderoso, pero hay falta de cohesión temática en muchos de sus poemas (sobretodo los largos), sus observaciones son superficiales y de repente maneja mucho la catástrofe como lo hacen los poetas malditos: latas de cerveza, cerveza oscura, latones, latas, colillas, refrigerador, refrigerador, ruido. Me quedó debiendo la parte del humano con la naturaleza. Su empleo de ésta y de los animales como sujeto es el que usa una persona con una visión antropocéntrica y especista. La sinopsis fue más emocionante que el libro y por eso no cumple la expectativa.
Actual rate: 3.5 stars No quiero ser injusta así que voy a aclarar que mi primera impresión al terminar está muy empañada por el hecho de que tenía otras expectativas sobre este poemario. Estaba muy acostumbrada a unos aguascalientes super conceptuales y herméticos en su propio concepto, tanto que cuando leí la premisa de este, el título, la portada, esperé encontrar muuuucha ballena en el Yo lírico, mucha naturaleza, mucho Jonás. Hay de eso aquí, pero se filtra más como el agua en una pared y no es tanto el leit motif (algo que me hubiera encantado, si soy honesta). El tono irónico fue algo fresco de entre la poesía que estoy acostumbrada a leer, y al terminar, sobre todo con los últimos poemas ("Asueto en la sala de mi casa" y "Paradoja de la primera lluvia") pude cerrar ahora sí el círculo y ver un giro del poemario que me gustó. Creo ver que más que la naturaleza y el hombre es un poco más sobre cómo se erosionó la primera en este último. Le quiero dar una releída, posteriormente, para re-experimentar algunos conceptos q me gustaron, como el del tiempo, o el de los aviones, o el de las ballenas, ahora ya de forma objetiva.
Oigo pasar aviones encima de la casa. Oigo la mente de los pasajeros, los amores jerárquicos de la tripulación, las enormes turbinas de aviones trasatlánticos llegando por la madrugada, cargados de recuerdos baratos de capitales europeas, oigo descomunales pájaros sobre los cables invisibles del aire, oigo el amor de los osados que usan la cabina de baño para sentir la caída libre del orgasmo, oigo los avisos parroquiales: permanezca sentado, welcome to Mexico City. Oigo el emocionante itinerario de turistas y el hartazgo del que vuela por trabajo, escucho todo eso y otras cosas.
Lo que no escucho ahora es mi silencio; no logro estar a solas desde entonces.
Me parece maravilloso que los poetas actuales estén intentando llevar la experiencia de la naturaleza y las catástrofes que le hacemos como especie, un salir de ese ombliguismo del yo, extenderlo hacia otras realidades y entes. Un regreso al paisaje y la política ambiental, reconocernos parte de algo mucho más grande que nuestras penalidades cotidianas.
Aquí nos llevan por un viaje en la ballena, su mito que hemos transformado en mercancía. Promete demasiado, pero son tres, me parece, y lo demás son otros viajes, en avión, por ejemplo. Se interconectan y, qué sé yo, siento que fue más por unir poemas sueltos con algunos que sí tienen unidad temática. Por ejemplo, me desconcertó el que habla de Jesús punk.
También he visto que hablan sobre su fina ironía, y de verdad es fina porque salvo en contados poemas, los demás son resueltamente serios. El más divertido es sobre la cumbre climática. Otro de los que me gustó es el que habla sobre que las cosas maravillosas les pasan a otras personas. Creo que esperaba demasiado en los de las ballenas porque Liliana Felipe les ha dado voz a estos cetáceos de una forma espectacular.
En conclusión, es un poemario que, sin complicaciones, capta la preocupación del entorno y sus criaturas. Hace posible una poesía que alerta y que nos lleva al fin del mundo. La mirada es a la naturaleza, la ciencia ficción, las pequeñas cosas ridículas, la sensación de que todos somos Jonás dentro de una ballena que agoniza.
Nos apuramos, nos apuran; vemos el agua, la sentimos, olemos su ausencia (con toda la ironía y contradicción en darle un olor a una sustancia que, por definición, es inodora). La poesía puede apurarse. Podemos apurarla como si de un vaso de agua helada se tratara. Tratar el agua y sus imágenes. Toda esta palabrería, quizá, sea parte de un intento por hablar del libro de Ángel Vargas. Por momentos, pude sentirme como Jonás dentro de la Ballena; una ballena, por lo demás, tanto física como metafórica. Y es que el ser humano, nosotros, nos encontramos en ese momento: el de estar dentro de una ballena, una vida que no puede definirse. Quizá, mientras intento darle un sentido coherente a este comentario, alguien en casa junte un kilo de aluminio. Quizá alguien logró entrar a las sesiones del G20 y el mundo es ya otro por definición y por ley. Puedo decir que los poemas que encontramos en _El estómago de las ballenas_ van y vienen desde una tradición y un interés por las imágenes, las formas, los sonidos y el tacto, en especial el tacto poético. Sentir las superficies, entonces, es parte de lo que Ángel Vargas propone en estos poemas. La superficie de la familia, de la espera, del mundo, del agua, de la vida, de las ausencias y, en especial, de la superficie azul que nos rodea.
En este poemario la vida. Un pulso que, vivo, se sabe inherte y también hay clamor; cuando habita lo inevitable en lo primigenio, una secuela, un final. Ángel Vargas desglosa una historia finita que aspira a la eternidad, pide ayuda, y denuncia con ironía y belleza. Poemas que hablan del inicio, de los restos supervivientes, de las extinciones y las anheladas reencarnaciones en pedazos de plástico —que parecieran serán eternos— y, sobretodo, de un luto adelantado, un silencio estruendoso gracias al valor poético de cada verso. El cambio climático, la virginidad de la tierra, dos perímetros que se entrecruzan para denunciar la vastedad y la extracción de esta. Las imágenes cautelosas, a veces inevitablemente humanas, otras en donde lo humano es poseído por su cualidad meramente celular, rica en períodos prehistóricos y convaleciente en periodos poshistóricos. Un respiro es ya célebre anécdota en estas líneas que nacen de lo más oscuro del planeta: del estómago de la ballena Un lectura asombrosa y triste, porque son los contrastes y su belleza la fuerza desde donde funciona este poemario.
"Ruidoso es todo lo que desea alcanzar el oído obturado de los ángeles."
Entiendo la intención detrás de esta apuesta estética, su tinte medioambientalista. Sin embargo, algo no me termina de cuajar.
Eso sí, el poemario logra escenas de gran resonancia, tanto del lenguaje como de la imagen, tan abocada en la majestuosidad del mar, el cielo, y el ártico, que logra volverse majestuosa también. Hay mucha nostalgia, perspectivas sardónicas y casi un sentimiento de desesperanza y desamparo ante el destino del mundo; de la caducidad humana. Me quedo con ese sentimiento.
Aunque confieso que otros poemarios me han cautivado más.
"Aquel año hubo un gran estallido que iluminó la costa; luego vino la caída masiva de gorriones: el corazón de millones de aves se detuvo y se hizo el silencio justo antes de estampar el concreto. Millones de corazones muertos sobre las autopistas del mundo."
Obra ganadora del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2024, en la que el escritor Ángel Vargas aprovecha para hacer un llamado de conciencia social para atender las causas principales que derivan en los problemas ambientales de hoy en día. Sus poemas giran en torno a las ballenas y los océanos, convirtiéndonos a todos en Jonases que luchan por salir mientras afuera siguen corriendo las manecillas de una bomba con cuenta regresiva. Su poesía es una rebelión a un estilo libre, que naufraga por los mares de la desolación.
A veces las palabras seleccionadas cuidadosamente son el mejor recordatorio de la ironía que es vivir en este presente al que parece no quedarle mucho futuro. Entre varios poemas que se sienten tan cercanos al medio ambiente y la naturaleza, me quedo con la sensación de haber leído un poemario que al mismo tiempo me remonta a las críticas sci-fi de nuestra actualidad ante la impotencia de hacer algo por rescatar lo que nos queda del mundo.
Poemas que hablan sobre los efectos de cambio climático y lo absurdos que somos como especie.
Hay menos naturaleza en el mundo que el día de nuestro nacimiento. También hay menos ballenas de las que se podría asumir por el título de este poemario pero eso no es un problema. Hay una tristeza como de domingo por la tarde que recorre este poemario.
Rescato ciertos momentos, sin embargo no es mi tipo de poesía. A veces deja caer su fuerza en la estética que abraza y, con su estilo, perpetua lo peor de la modernidad inmediata.
Tiene poemas muy brillantes con un lenguaje hermoso, pero la mayoría ni siquiera los sentí contundentes. Se me hizo interesante que narre el fin del mundo.
El poema que abre el libro es una bellezota y una genialidad. Después sentí que la fuerza de ese primer poema se diluía a lo largo del resto del libro. Aunque tiene varios muy buenos.