A ratos tierno, conmovedor, profundo de manera sencilla; a ratos un poco boomer pesado. Algunos fragmentos con los que me quedo:
"Escribir a mano calma. Como sentarse a pensar en el huerto o escuchar la música del arroyo."
"La radio, como el fuego, nos convoca a la gran conversación"
"Viajar es un pecado mortal. Nos vamos lejísimos, como pollos sin cabeza, hasta lugares donde no se nos ha perdido nada y donde tampoco nos quieren. Pero ahí insistimos, en la experiencia, en el estar allí, olvidando habitar esta cosa del aquí (...) ahí vamos todos, buscando lo exótico en lo lejano, cuando lo verdaderamente alucinante está delante de ti, en el monte de atrás de tu casa, al que quizá nunca subiste y del que no sabes el nombre, en el río que baña los lindes de tu bosque (...) Viajamos, digo, porque quizá es la acción que más nos hace olvidarnos del secuestro semanal de una vida que no se quiere, de un atrapamiento abusador en el que es difícil encontrar algún resto de humanidad."
Precioso libro para los que amamos los objetos como otra cosa más de nuestros diminutos universos. Esto es algo personal pero solo los que tienen determinadas sensibilidades que a mí me recuerdan al pensamiento japonés o el amor francés por acumular cachivaches pero con sentido, belleza y utilidad, entenderán la riqueza de un libro sencillo. Tan solo es una recopilación de objetos pero que tienen una vida anterior, sirven a su dueño actual y vivirán más vidas que muchos de nosotros. Una preciosidad para algunos, un rollo infumable para otros. Tiene que haber de todo.
Este libro me ha parecido un verdadero regalo. Carlos Risco consigue darle voz y alma a los objetos que lo rodean. Cada página está impregnada de una sensibilidad que invita a mirar lo cotidiano de otra manera, con más atención y cariño.
Mientras leía, me descubrí identificándome con muchos de los objetos que menciona y, sobre todo, con las razones por las que para él son importantes. No se trata solo de cosas materiales, sino de recuerdos, afectos y fragmentos de vida que se guardan en ellos. Esa conexión me tocó profundamente, porque también yo reconozco en mis propios objetos esas huellas de lo que soy y de lo que he vivido.
Objetos a los que acompaño es un libro íntimo, cercano y lleno de verdad. Me ha hecho pensar en la fuerza que tienen las pequeñas cosas y en cómo, al final, son ellas las que construyen nuestra memoria y nos acompañan en silencio.
Me ha gustado mucho. Ensayo y reflexión muy bien escrita. Llama a la vida minimalista y a desprendernos de lo que no sirve, a no vivir entre plástico y olvidarnos de lo que no perdura el tiempo.
Me ha ocurrido lo contrario de lo que quiere promover el libro: me apetecía comprarme cada uno de los objetos que presentaba como si de la publicidad de Instagram se tratara
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