Frankenstein tiene algo de irónico: la fama del monstruo ha borrado el nombre de su creador hasta el punto que ese moderno Prometeo hace más referencia a la criatura rediviva que al científico idealista, fama que ha acabado fagocitando a su propia autora, Mary Shelley, cuya autoría rara vez es mencionada, como rara vez es mencionada, y menos aún leído, el resto de su producción. Pues, en efecto, Mary Shelley en vida publicó mucho. No solo sacó adelante las obras de su marido tarambana, el insumergible Percy Shelley, sino que fue de las pocas autoras que logro vivir, o más bien malvivir, de su literatura, algo que también intentó Edgar Allan Poe, sin éxito. Sin embargo, el tiempo es un segador inconmovible y arbitrario, y por desgracia el resto de su narrativa ha sido por completo olvidada, pese aunque todavía quedemos unos cuantos raros buscando las escasas y antiguas ediciones de sus novelas y cuentos.
Cuentos góticos reúne un puñado de piezas fantásticas y de romances italianos, entendiendo por tales historias ambientadas en el pasado con un notable componente aventurero. Por lo general, la mayoría de estos relatos no destacan, siendo los menos interesantes los relatos históricos en suelo italiano y el resto un tanto repetitivos, tanto estilística como temáticamente. Sin embargo, hay un puñado de piezas que redimen la antología y no la condenan directamente al olvido al que, por otro lado, se han visto reducidas.
Los cuentos reunidos en esta antología son los siguientes:
El mortal inmortal (****): el protagonista, aprendiz del famoso y real alquimista Cornelius Agripa, se ve reducido a esta condición servil por amor, pues con su salario difícilmente iba a conquistar a su amada. Sin embargo, su trabajo le impide ver tanto como querría a la muchacha, que empieza a aburrirse de él y amenaza con abandonarle. La desesperación le empujará a beber el elixir que tanto ansía destilar el alquimista, un supuesto suero del amor que, en realidad, es el secreto de la larga vida.
Roger Dodsworth: el inglés reanimado (***): un alpinista encuentra atrapado en el hielo a un hombre a la sazón inglés que, al parecer, llevaba congelado 200 años. Este descubrimiento conmociona a toda la intelectualidad, que ansía poder entrevistarse con él. Sin embargo, el inglés ha pasado a un discretísimo segundo plano.
Ferdinando Éboli (***): un relato de sustituciones. El protagonista, Ferdinando, heredero de un humilde principado, parte para ponerse al servicio de su rey. Sin embargo, la audiencia no se llevará a cabo, pues en el trayecto será abordado y apresado, despojado de recursos en mitad de la nada. Cuando regrese a su hogar comprobará cómo un hombre, idéntico a él en todo, lo ha suplantado.
Historia de pasiones (*): relato que cuenta la historia del enfrentamiento entre Güelfos y Gibelinos durante las guerras italianas a través de varios personajes, nobles y plebeyos, que se vieron envueltos en el conflicto.
La transformación (****): un joven crápula despilfarra toda su herencia y hasta su futuro matrimonio con su amor de la infancia por culpa de su orgullo. Desesperado y sin un duro, mientras deambula por la playa lamiendose las heridas se topa con un anciano repugnante y contrahecho que le propone un trato: todo el dinero que tiene a cambio de tener su apariencia durante tres días.
El sueño (**): una joven, rota de dolor tras la pérdida de su familia, decide encerrarse en un convento de por vida, para despecho de su pretendiente, que opta por ahogar su dolor con sangre sarracena yendo a luchar a las cruzadas. Mediante la intervención del rey Enrique IV de Francia, la muchacha decide consultarlo con la almohada, una de piedra, ubicada en un convento, el cual, según reza la leyenda, provee al durmiente de sueños proféticos o la muerte.
El heredero de Mondolfo (***): el señor de un principado italiano desprecia a su hijo pequeño hasta el punto de expulsarlo de sus tierras. Durante su exilio contraerá matrimonio con una pebleya, con quien vivirá en una cabaña en el bosque, ajenos a los asuntos de palacio. Sin embargo, tras la muerte del heredero, el padre deberá recuperar a su hijo y deshacerse de tan inoportuno matrimonio.
Valerius: el romano revivido (**): Valerio, ciudadano romano y coetáneo a Cicerón, despierta en la Roma decimonónica viendo cómo todo lo que conocia ha desaparecido o ha sido convertido en ruinas. Una mujer inglesa tratará de explicar a este viajero del tiempo la indeleble impronta que ha dejado el imperio romano en Europa.