Un resumen de la historia de Japón adecuado para el neófito, aunque la acumulación de nombres desconocidos puede hacer perder el hilo en ocasiones. Aunque el autor no esconde los hechos, en ciertas ocasiones expresa opiniones que luego no se ven corroboradas por los datos o cuya valoración subjetiva tiene distinto signo en función de quién sea el protagonista. Un ejemplo lo tenemos cuando indica que los verdaderos avances en la igualdad de los trabajadores, el final de la explotación del mundo rural y la emancipación de la mujer se producen por los movimientos socialistas y comunistas de los años cincuenta, cuando unas páginas más adelante veremos cómo vinieron de la mano de las profundas reformas llevadas a cabo por Estados Unidos en el país, a través de la persona del general MacArthur, tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial. De igual modo, describe como “capitalismo” la situación de monopolio de los zaibatsu en el mercado japonés, o indica que los militares querían acabar con la “democracia”, habiendo previamente explicado que no había apenas sufragio universal ni poder de las cámaras, sino que el gobierno estaba en manos de una élite formada por familias y los cuatro grandes grupos comerciales, además de los consejeros del emperador. Evita hablar de “extrema izquierda”en su interés por destacar los movimientos marxistas en Japón (a pesar de su poca repercusión social y su bajísima representación política), y aplaude la simpatía de comunistas y socialistas con los pobres agricultores. Sin embargo, cuando son los militares los que quieren reducir el poder de los monopolios y mejorar la situación de los trabajadores de la tierra, aparece la palabra “extrema derecha”. Evidentemente, la situación de Japón antes y durante la Guerra es muy compleja, y la independencia del poder militar respecto del ejecutivo la agravó aún más, sobre todo porque dentro del propio ejército había distintas corrientes, y lo mismo ocurría dentro de los “partidos políticos”.
Con independencia de estas contradicciones, el libro no oculta la verdad: que el verdadero paso al Japón moderno se produce gracias a las profundas reformas llevadas a cabo directamente por Estados Unidos: Redistribución de la tierra y reducción de los arrendatarios, creación de una Constitución moderna, establecimiento de un sistema realmente democrático, desmantelamiento de los zaibatsu, inversiones directas en el país y un crecimiento económico casi increíble. Tampoco oculta las páginas negras de la historia nipona, ni su particular idiosincrasia, por ejemplo en el trato a otros pueblos.