Una casa puede ser una isla, una partitura o un punto de partida; puede ser la grieta donde suceda la ruptura, o la posibilidad. A caballo entre escritura autobiográfica y reflexión especular, con profundidad a la vez que ligereza e ironía, la autora reconstruye su identidad a partir de algunos fragmentos-casa de su vida. En un ejercicio de reapropiación del pasado, explora la tensión entre el espacio, como contexto que nos determina, y la propia autodeterminación a ser quienes somos, inevitablemente marcados por la historia y los recorridos que, para erigirla, realizamos. La búsqueda de la identidad, el reconocimiento de sí como sujeto, las reflexiones adolescentes que atraviesa hasta el momento de independizarse se vuelven testimonio arquitectónico del irse convirtiendo en quien será, como todos y todas, a lo largo de la vida; y en ella, las casas como espacio desde donde articularse.
Qué fácil habitar este libro. María Fernanda traza un mapa cuya cartografía se extiende por todos los planos: la Ciudad de México en la que crecí(mos), la infancia-adolescencia-adultez de fronteras difusas, la(s) casa(s) de los padres. No son ni cien páginas y de pronto este libro ya era un refugio. Al final, es un mapa de ella misma y, de algún modo, es también un espejo de las que nos encontramos con sus páginas. Qué fresco, qué honesto, qué suerte toparse con estas lecturas.
Una obra de autoficción que usa las viviendas donde ha habitado la personaje principal como hilo conductor para diversos temas e historias. Es un ejercicio interesante pero narrativamente se queda un poco corto.
Si una cosa debo aplaudir a este libro es la pluma de María Fernanda, atrapante, envolvente e incluso relajante. Yo llegue a Wisteria por pura coincidencia y aunque sentí la lectura sin rumbo en varias ocasiones, me siento llena y estoy segura que fue por la forma en que esta escrito wste libro.
Debo admitir que al principio el simbolismo de las casas habitadas para contar su autobiografía me parecía vacío, ridículo incluso. Porque, ¿cuál es la necesidad de aferrarte a una casa de la que tu no tienes recuerdos? Sin embargo seguí leyendo y pude entender las reflexiones de una vida, y la huella, los recuerdos, que dejamos, en las cosas que nos rodean.
Aplaudo mucho a María Fernanda, tocaya mía, por que supo contar su historia de forma reflexiva, invitando a que losnlectores lo hagan también. Pero sobre todo porque parecía perdida pero estoy segura de que se encontró en el camino.