La saga de Los Hijos de la Tierra es de nuestras favoritas de la vida (menos el último libro, ejem) así que cuando nos chivaron que acababan de editar El Clan del Oso Cavernario en novela gráfica, ¡no podíamos creerlo!
Antes de empezarla no teníamos muy claro que pudiera trasladarse una historia con momentos tan duros para un público de la generación Z, que es el target de este nuevo sello editorial de @edicionesmaeva, pero después de terminarla solo podemos decir ¡Éxito total!
Nos ha encantado, es un resumen fabuloso del primer libro, acontecen todos los sucesos importantes de manera continuada sin resultar apresurado o abrupto, sobre todo teniendo en cuenta el reto de trasladar una novela a formato cómic. Las partes “adultas” se tratan con más delicadeza pero no se ocultan, favoreciendo el hilo conductor general.
En cuanto a los detalles, nos ha removido por dentro porque… ¡está todo! Desde la bolsa de piel de nutria de Iza hasta los amuletos, o las cicatrices y malformaciones de Creb. Los diseños de personajes nos han fascinado, en especial los tres hermanos que lideran el Clan.
En cuanto a Ayla, aparece un boceto en las páginas finales que nos gusta más, pues es completamente rubia, destacando más sus “extraños ojos azules”, y así nos la imaginábamos.
Quizá el tono de los diálogos nos parece demasiado “moderno” y cercano. Por poner un ejemplo, en el lenguaje del Clan no hay palabra/signo para “gracias” o “perdón”, porque esos conceptos les son ajenos, sin embargo, aparecen varias veces a lo largo de las páginas. Pero comprendemos que es necesario para una buena síntesis y comunicación con el lector, así que no nos ha molestado en absoluto.
Por supuesto todo el aspecto mitológico y chamánico de los tótems, las tradiciones del Clan o las maldiciones de muerte se trata muy por encima, pero como ya conocemos la historia, no sabríamos decir si alguien completamente nuevo en este universo podría llegar a entender todas sus implicaciones.
Aun así, pensamos que el cometido de este cómic es una puerta de entrada al Paleolítico, cuando cromañones y neandertales compartían la tierra, lo recomendamos muchísimo.