Este cómic me ha hecho asomar una lagrimita y se me ha quedado el alma encogida.
El cómic aúna pinturas de colores potentes con diferentes técnicas y unos diálogos con vocablos y maneras de hablar de la zona donde se desarrolla, Pancrudo, en Teruel que le dan ese toque original que te llega más adentro.
Tenemos a Emilio que observa cómo se va vaciando su pueblo descrito con zonas blancas en medio del skyline de la zona y recuerda el pasado en pinceladas, la vida en el pueblo antes de la guerra civil, durante la guerra, después cuando empieza a llegar el "progreso" en forma de tractores, nodos, teléfonos, televisiones, primeras elecciones, y cómo se va yendo todo el mundo, quedando todo en barbecho, donde antes había habido siembra y cosecha ahora está la tierra en reposo.
Me ha encantado la forma de describir cómo cambian los tiempos, cómo Teruel existe, cómo el ave no llegó a pesar de las promesas, cómo Emilio, se sigue quedando en su pueblo aun a riesgo de parecer raro, o estar solo.
Es un canto de amor teñido de melancolía a la tierra que nos vio nacer, es maravilloso.