En Tornasol, los niños y las mujeres marcadas por la pérdida llevan la voz cantante a través de nueve relatos de terror, misterio y fantasía que acontecen en los pueblos fríos del altiplano de Tlaxcala, los santuarios de Michoacán o las carreteras de Veracruz. El fervor a la memoria apenas empaña el estremecimiento que generan los enigmas, o lo tenebrosa que puede ser la infancia. Viajes por carretera, ritos de transformación, alianzas inesperadas con animales del mar, pactos con criaturas mágicas, fulgores de un incendio, catástrofes naturales y milagros diminutos; éstos son el catalítico para devolvernos el asombro y el miedo de la niñez. La presencia omnisciente de la pérdida se pone bajo una nueva luz hasta crear un nuevo tipo de iridiscencia. Alicia Mares, a través de una narrativa ágil y vivaz, es capaz de construir mundos atrapantes que nos transportan de la más placida ternura hasta la más inquietante pesadilla.
Una colección de cuentos que abordan la infancia desde una perspectiva adulta. La autora tiene gran sensibilidad, un lenguaje propio y una voz muy marcada que está presente en todos los relatos. Me gustó mucho la sensibilidad de la autora, también la crudeza de las premisas, lo bien logrado de los perfiles psicológicos, la tensión que siempre existe en el ambiente.
Debo confesar que no había leído nada de la autora hasta este momento, me intrigó que fuera un libro de terror y de alguna forma lo son; terror cotidiano, a la manera de Carver, Cheever, Munro; donde lo cotidiano convive con un elemento que engulle a todos en una atmósfera de constante tensión, donde todos se transforman, dejando ver la faceta humana tan ambigua, luminosa y sombría al mismo tiempo.
En algunos relatos conviven elementos que podrían decirse son fantásticos, pero que siento que son más bien la recreación de justo esa atmósfera del imaginario infantil; alejado de los problemas de la adultez, estos elementos dan cierta explicación a la complejidad de sucesos que rodean a los protagonistas. Una cosa que me gustó es que Alicia Mares trata a la infancia con nitidez, con su crudeza.
Hay dos cuentos que me impactaron y me angustiaron, de los que no pude parar de leer, de cuyas imágenes aún siguen rondando mi cabeza. El primero es uno donde la protagonista le gusta caminar y descubrir senderos entre la hierba, senderos efímeros que sigue para ver a donde llevan; ahí encuentra una camada de gatitos. El otro cuento es el último; narra la relación de dos hermanos, hasta que uno va adquiriendo una enfermedad; todo esto con el elemento fantástico de la infancia, con los trolls y cómo hay que ofrecerles ofrendas para que hagan favores. Un relato conmovedor, crudo, con muchos colores.
Los demás relatos también me gustaron, otros con premisas intrigantes, como el de la niña que predice terremotos; las luciérnagas de Tlaxcala.
Otra cosa que me interesó mucho es que las acciones no están centralizadas en la Ciudad de México y me permitieron conocer el imaginario de regiones como Tlaxcala, lo cual fue un grato descubrimiento.
Para mi un grato descubrimiento, teniendo en cuenta que la autora es muy joven y ya tiene consolidado una escritura que fácilmente la identifica.
Espero que la autora siga escribiendo, para estar atentos a las nuevas obras que vayan saliendo.
Son relatos con una dosis de tensión y anhelo, donde los protagonistas están viviendo un duelo por algo que perdieron o algo que siguen buscando. Me gustó que de alguna manera mezcla elementos de la naturaleza como el paisaje o los animales para darle un mayor significado.
Me costó entender o conectar con la estructura de algunos, otros me parecieron más sencillos y el último me encantó, definitivo fue el que se sintió más personal y más cercano y creo que tiene que ver con que narra un poco de una memoria de la autora.
Me gusta que estén ambientados en lugares de México poco usuales o mencionados en otros libros.
Lo terminé en dos días, wtf. Cada relato me tenía enviciada al libro. Muchas angustias escritas de una forma tan suave y melosa que no podía parar de leer.