Una mujer narra el viaje que realiza al lugar donde nació pero que no conoce, en Ann Arobur, Estados Unidos. No sabe quién vive ahí y, sin atreverse a tocar la puerta, se queda mirando desde fuera e imaginando su vida en ese sitio en el que sólo estuvo once meses, para después volver a México. Comienza entonces un recorrido por las casas en las que vivió, y cómo su identidad se fue construyendo en ellas, a pesar de ellas, más allá de una persona erigida a partir de esas distintas casas como fracciones que son narradas intercalando un gran sentido del humor con profundas reflexiones. Narrando sobre los cuartos que habitó, el abandono de su padre, la infancia insegura, la adolescencia solitaria, la autora reconstruye una génesis ligera y a la vez profunda de la construcción de su identidad y el sentido de vivir y habitar las casas.
Qué fácil habitar este libro. María Fernanda traza un mapa cuya cartografía se extiende por todos los planos: la Ciudad de México en la que crecí(mos), la infancia-adolescencia-adultez de fronteras difusas, la(s) casa(s) de los padres. No son ni cien páginas y de pronto este libro ya era un refugio. Al final, es un mapa de ella misma y, de algún modo, es también un espejo de las que nos encontramos con sus páginas. Qué fresco, qué honesto, qué suerte toparse con estas lecturas.
Una obra de autoficción que usa las viviendas donde ha habitado la personaje principal como hilo conductor para diversos temas e historias. Es un ejercicio interesante pero narrativamente se queda un poco corto.
Si una cosa debo aplaudir a este libro es la pluma de María Fernanda, atrapante, envolvente e incluso relajante. Yo llegue a Wisteria por pura coincidencia y aunque sentí la lectura sin rumbo en varias ocasiones, me siento llena y estoy segura que fue por la forma en que esta escrito wste libro.
Debo admitir que al principio el simbolismo de las casas habitadas para contar su autobiografía me parecía vacío, ridículo incluso. Porque, ¿cuál es la necesidad de aferrarte a una casa de la que tu no tienes recuerdos? Sin embargo seguí leyendo y pude entender las reflexiones de una vida, y la huella, los recuerdos, que dejamos, en las cosas que nos rodean.
Aplaudo mucho a María Fernanda, tocaya mía, por que supo contar su historia de forma reflexiva, invitando a que losnlectores lo hagan también. Pero sobre todo porque parecía perdida pero estoy segura de que se encontró en el camino.