Refugiada bajo la mesa y rodeada de libros en el comedor familiar, la niña protagonista de esta historia piensa que ha provocado la enfermedad de su padre sin querer. Él le había prometido que la libraría de cualquier dolor, porque conoce la magia de apropiárselos, y ella, que ha sufrido la picadura de una abeja en la nuca, cree que ha cumplido su promesa. Ahora el padre está convaleciente con sus tíos, porque la madre, que trabaja todo el día en el hospital, no puede cuidarlo, y la niña seguirá esperando noticias de él, incluso durante el verano que pasa con sus abuelos, en una Transilvania rural en la que perviven supersticiones y costumbres ancestrales. Tal vez todo se torció cuando la familia tuvo que trasladarse al nuevo bloque de viviendas y abandonar su casa limón. Entre restricciones y delaciones a la infame Securitate, ignoran que se acerca el fin de la dictadura en la Rumanía de los años ochenta. La casa limón cuenta los años de descomposición del régimen de Ceaușescu desde los ojos de una niña que trata de entender lo que ocurre a su alrededor, una novela lírica y emocionante sobre una infancia en Rumanía y la experiencia de la caída del comunismo en el seno de una familia de clase media que hace frente a sucesivas catástrofes íntimas. Una novela extraordinaria y singular en la literatura española, por su escritura precisa y evocadora, cruda y onírica, y por el testimonio de vivencias históricas de la Europa del Este
Quizás la novela más completa que haya leído este año: la historia narra los acontecimientos de una familia rumana bajo la dictadura comunista desde los setentas hasta 1989. Cada momento vital es contrastado por la muerte. Cada hito de la protagonista está acompañado de una pérdida: ya sea de la inocencia, de la salud, de la vida. Extraordinaria cronología en espejo roto. Pero, sobre todo, se trata de una carta de amor a las palabras: sobre todo a aquellas que existen para hacerse carne. Las que se destacan y buscan, atesoran y dan vida a la vida.
Tras conocer a Corina Oproae en la presentación de "La casa limón"he podido conectar más profundamente con una mirada que surge desde la fragmentación de la identidad, donde vida y memoria se entrelazan para formar una historia llena de resonancias.
Los matices van apareciendo a lo largo de las vivencias de la protagonista. Mientras ella va saliendo de su cascarón, con el paso del tiempo va intentando adaptar su experiencia a los desajustes y contradicciones que la rodean. Una niña, una voz que necesita ser escrita para poder vivir fuera de la memoria, creando, a través de la literatura que la envuelve en forma de castillo de libros, un mundo de sueños que le permitirá dejar de ser visible.
La voz de la niña es el epicentro de la obra. Su evolución nos marca los tramos de vida por transitar: su familia, el colegio, el pueblo, las prohibiciones, las derrotas de su mundo. Mientras tanto, la poesía de su narrativa nos permite transitar las páginas del libro con sutileza.
¿Quién no ha construido un refugio donde las letras cobran vida y te alejan de todo lo demás? "En mi castillo no existe el tiempo". Recuerdo mi propio castillo, en un gran armario ropero, con mis libros, mi linterna y el olor a madera añeja envolviendo todo.
A través de la percepción, se entrevé la autobiografía que impregna las capas de su historia. Mientras “vomita” su vida, lo difícil se suaviza, y la existencia avanza sin tregua hacia un posible futuro.
Todos tenemos una casa limón, porque todos tenemos memoria y recuerdos que han transformado nuestra vida. La casa limón, la casa rosa, la casa blanca… son pinceladas que evocan un período histórico difícil de olvidar.
"Escribir es leer el mundo”, una frase que, tras una presentación y unos vinos, cobra un sentido aplastante. No hay letras sin lectura. Escribir es dar voz a lo que, de otro modo, quedaría en silencio. Cada línea que escribes se convierte en una ventana en un intento de encontrarnos en los márgenes de nuestras propias historias.
En mi opinión este libro no cumple con lo que promete. La vida de una niña mientras cae la Unión Soviética. No hay referencia histórica alguna salvo algún comentario puntual por parte del padre y unas cuantas frases al final. Es la vida de una niña con unos saltos temporales que son un despropósito y que desordenan de forma excesiva e innecesaria la narración. Una niña que cae enferma a menudo, con un padre mentalmente enfermo, una madre que enferma… honestamente no entiendo la parte de este libro que le hace merecedor de ningún reconocimiento.
«Hay risas que encierran más infelicidad que las lágrimas que puede verter una persona en toda su vida».
En 2025, Jamie me regaló este libro por Sant Jordi. Al ver cuál era (no lo conocía), me dijo: «Léelo cuando te apetezca. No quiero que sientas presión ni que tengas prisa. De verdad». Y yo, que soy una persona que decide sus lecturas según el mood en el que se encuentre en ese momento, le hice caso. El 1 de enero de 2026 me ha parecido buena fecha para empezarlo y, prácticamente del tirón, acabarlo.
El libro se construye a partir de capítulos breves y fragmentarios que van saltando entre distintos momentos y edades de la protagonista. Una estructura que me lleva a pensar, inevitablemente, en «Han cantado bingo»: escenas aparentemente aisladas que funcionan como piezas sueltas hasta que, poco a poco, empiezan a encajar y a mostrar una historia mucho más dura de lo que parecía al principio.
A través de la mirada de la protagonista, una niña con un mundo interior inabarcable, descubrimos un relato profundamente triste, marcado por la salud mental, los abusos sexuales o la ausencia de libertad. Sin embargo, todo nos llega de forma suavizada gracias a sus ojos todavía inocentes, capaces de relativizar lo terrible, de normalizar lo que no debería ser normal, de restar valor a la gravedad. Y ahí, justo ahí, está uno de los grandes aciertos del libro: en ese contraste entre lo que se cuenta y la forma en que se cuenta.
En este sentido, los sueños juegan un papel fundamental. Es en ellos donde aparece lo perverso, lo oscuro, lo dañino, lo que la protagonista no se atreve a expresar en el mundo real porque el sufrimiento es demasiado grande. Los sueños funcionan como un espacio en el que la violencia y el miedo encuentran su lugar, un altavoz que nos ayuda a entender lo que la protagonista no quiere (o no sabe) nombrar.
En medio de todo esto, los libros aparecen como refugio, como un castillo —literal y, a la vez, metafórico— en el que protegerse del mundo. Para la protagonista, leer se convierte en una forma de huida, pero también de supervivencia; un lugar seguro al que volver cuando la realidad pesa demasiado. Esta especie de homenaje de la autora a la literatura es, para mí, lo más bonito del libro, por ser capaz de describir, de forma muy sencilla, el poder de los libros.
Esta historia no se entiende del todo sin el contexto social y político que la rodea. Un régimen dictatorial, un entorno opresivo que marca la vida de los personajes incluso cuando no se menciona de forma explícita. Esa ausencia de libertades, la pobreza y el miedo, entre otras cuestiones, se filtran en lo cotidiano, moldeando las relaciones y, en consecuencia, el desarrollo emocional de la protagonista. Aquí, el contexto no actúa como un simple telón de fondo; es una presencia constante.
Casi un año después —Jamie, puedes ver que no he tenido prisa—, he terminado «La casa limón» con una sensación muy concreta: la de que no he leído una historia que me cambiará la vida, pero sí una que recordaré mucho tiempo. Por ser la primera del año, pero, sobre todo, por quién la trajo a mi vida.
La autora cuenta la historia de una niña en los tiempos de la dictadura comunista en Rumanía, detallando hechos de la vida cotidiana y las costumbres rumanas sin meterse en asuntos políticos y sin aburrirnos con muchos datos históricos. Al fin y al cabo el libro, desde mi punto de vista, nos recuerda la creatividad sin límites que tenemos en la infancia y nos enseña cómo la autora la usa como herramienta para paliar el sufrimiento que le causan los acontecimientos trágicos de su vida. En resumen, considero que es un libro que refleja bastante bien cómo era la vida de los rumanos durante el comunismo pero en ocasiones los saltos que la autora da, sin seguir un orden cronológico, me dificultaba seguir el hilo de la historia y saber en qué momento de su infancia se encontraba.
Comprender la cruda realidad de un Régimen y de lo que todo ello conlleva a través de los ojos de una niña de 12 años. Duro y tierno a la vez. Me ha encantado
Podría ser asomarse a la cabecita de una niña en cualquier parte del mundo con la diferencia de que es asomarse a la cabecita de una niña durante el régimen de Ceaușescu. Me encanta leer libros al volver de viajes porque siento que los estiro un pelín más, aprendo e interiorizo quizás un poco más su historia. En este caso aunque el libro no esté lleno de referencias históricas creo que da la visión que tiene que dar. Y la sensación, sobre todo esto. Es asomarse durante unas páginas a una caja de cerillas, a la infancia de una niña que intenta comprender una realidad un poco más complicada de entender. Una niña que solo quiere estar en su casa limón.
“Las muertes que tocan nuestra vida la cambian y nos preparan para nuestra propia muerte, dice mamá, como si hablara consigo misma. Y estar preparado significa no hacer planes sobre la muerte, sino sobre la vida” ~ La casa limón de Corina Oproae.
Contada en primera persona por una niña de doce años, la historia de La casa limón se centra en Rumanía, en los últimos años de la dictadura de Nicolae Ceasescu (finales de la década de 1980) y es gracias a las pinceladas que da nuestra protagonista desde su visión infantil que nos adentramos en el régimen comunista y dictatorial. Ella nos habla de una casa color limón que tuvieron que abandonar para ir a vivir a un edificio donde los pisos eran todos iguales como cajas de cerillas, del colegio donde había que rendir pleitesía al “Gran Dirigente” o de las opiniones que había que callar.
Nuestra protagonista huye de esta realidad refugiándose en su castillo de libros que ha construido debajo de la mesa. Su vida cambia con la enfermedad de su padre que la destina a vivir, largas temporadas, en pueblo con sus abuelos. Desde allí añora a su familia y sueña con que pronto vendrán a rescatarla. Mientras, se suceden las pérdidas, una a una, y ella crece descubriendo el sexo, el amor, la muerte y la enfermedad.
Realmente no sé qué deciros sobre este libro. Hay partes que me han encantado, que me han sumergido en ese pueblo y en esa infancia entre fruta recién cogida y la libertad que te conceden los abuelos; pero hay otras en las que no he logrado conectar con la voz de la protagonista porque no encontraba a esa niña de doce años que se supone narra la historia. En conjunto diría que aprobado.
Eso sí, es un libro sobre pérdidas: de personas, de infancia, de felicidad, de sueños; pero es que al final, la vida va de aprender a desprenderse de todo.
“Hija mía, hay risas que encierran más infelicidad que las lágrimas que puede verter una persona en toda su vida”.
Érase una casa limón. Y un Castillo hecho de libros. Y el pensamiento mágico de la infancia en la Rumanía de finales de los 80. En esta novela el tiempo es un puzzle y solo hay que avanzar para encajar las piezas o para entender su fragilidad.
El proceso de lectura ha sido regulero porque me propuse leérmelo en físico en verano y me lei un 45% un día de playa, el 50% otro día de playa meses después y el 5% restante me lo acabo de leer esta tarde
EN FIN A LO IMPORTANTE
4,5⭐️ El libro habla de la infancia de la autora en la Rumania comunista. El tono es desde una voz infantil pero no por ello inconsciente. Mezcla tbn mucha parte onírica. A mi personalmente es que me encantan los libros en los q la infancia se abre en canal y el tono y todo me suelen encantar, y ya añadiendo q le tengo cariño a Rumania pues ha sido un plus.
La lectura es rarilla y durilla emocionalmente pero os invito a q os intereseis en ella que a mi me ha gustado un besoo<3
está simpático, pero no aporta nada nuevo y te deja bastante indiferente. cansa un poco que ahora para que te den un premio baste con escribir autoficción mediocre en tono alegórico. estoy quemada y enfadada, sobre todo porque me hagan leer esto en un último curso de filología (tengo un control de lectura la semana que viene y probablemente no me acuerde de nada para entonces, así de desabrida es la novela)
3,5 No me ha convencido esta novela: ni sus personajes, ni su estilo, ni la propia trama. Me ha parecido que faltaba profundidad, aunque reconozco que es una historia conmovedora.
La novela nos relata los años de descomposición del régimen de Ceaușescu a través de los ojos de una niña que crece en el seno de una familia de clase media en Rumanía y que trata de entender lo que ocurre a su alrededor.
La niña pasa sus días bajo la mesa del comedor donde ha creado un castillo con paredes de libros. Allí intenta comprender lo que los adultos dicen, pero no explican.
Entre la ternura y la inocencia, nos aproximamos a un mundo de temores, falta de libertades y muerte.
“La casa limón” de Corina Opronae es la novela ganadora del XX Premio Tusquets Editores de Novela.
La casa limón me ha parecido una novela muy emotiva. A través de los ojos de una niña, muestra con sencillez y dureza cómo se vivía en los últimos años del comunismo en Rumanía. Lo que más me gustó es la mezcla entre inocencia y miedo, cómo lo cotidiano se vuelve extraño y doloroso. Aunque en algunos pasajes el ritmo se ralentiza, en conjunto es una lectura íntima y conmovedora que deja huella.
a 'la casa limón', corina oproae respon a la pregunta de la seva filla '¿de dónde cayó el comunismo?' narrant la infància d'una nena solitària, curiosa i carregada de pors perquè ha arreplegat a mitges informació sobre qüestions que la superen, a les quals s'enfronta amb superstició i imaginació. és fort com la nena del retrat de la coberta desprèn la mateixa energia darrere la qual s'amaga la protagonista: aquest punt d'insolència, fins i tot de malícia, de nena a qui li han dit mil vegades que és molt madura per la seva edat. la història s'explica de manera fragmentada, com records que tornen de sobte i que s'han d'anar unint per reconstruir la cronologia. ambientada en la romania comunista, la protagonista del relat uneix els comentaris dels adults amb la imaginació d'una nena que viu entre llibres per narrar el canvi social que va viure el país, la normalització del règim autoritari, les morts que se succeeixen una rere l'altra i la malaltia del seu pare, de la qual creu ser-ne la causa.
un llibre que celebra la imaginació infantil, sovint creant escenes surrealistes fins i tot per relatar les escenes més dures. la protagonista m'ha recordat al prototip de nena enfadada amb el món, com la narradora de 'el ball' d'irène némirovsky o la sofia de 'mirall trencat' de mercè rodoreda. m'ha agradat moltíssim i no em cansaré de recomanar-lo!
Lo primero que me atrajo de 'La casa limón' fue que tratase la experiencia de la caída del comunismo y el régimen totalitario de Ceausescu pero, sobre todo, que se contase desde la visión de una niña. Y es que creo que ese es el gran acierto y la gran dificultad de esta novela: la elección de narrar la historia desde una voz infantil. La lectura resulta por momentos dura y dolorosa al ir siendo testigos de cómo la inocencia de la niña es puesta a prueba por las realidades de su entorno: una familia desestructurada, una dictadura que condiciona cualquier aspecto de la vida y una exposición brutal a la violencia sexual. Así, la niña decide refugiarse en el comedor familiar bajo una mesa rodeada de libros con los que construye su particular castillo, un espacio seguro en el que las letras cobran vida y en el que, como ella misma asegura, no existe el tiempo. Muy importantes en esta historia la figura del padre y la madre. La niña se culpa a sí misma de la enfermedad de su padre al creer que la ha provocado, puesto que él le había prometido que la libraría de cualquier dolor porque conoce la magia de apropiárselos. Ella, después de sufrir la picadura de una abeja, considera que ha cumplido su promesa y ha enfermado y se ha tenido que ir a casa de sus tíos para ser atendido. De este modo, el padre aparece como una figura ausente, como un vacío y un dolor que la protagonista lleva consigo como una sombra constante al ver en él un fantasma que sigue vivo, aunque de una particular y triste manera. Por el contrario, la madre es todo presencia, una mujer resignada y cansada por tener que cargar con todo el peso del día a día en un entorno hostil y la perfecta representación de un mundo cargado de silencios y prohibiciones. También me ha resultado muy interesante la idea de la muerte, continuamente presente en la vida de la niña, presentada no solo como el final de la vida, sino como una enseñanza sobre cómo vivir. En la vida de la protagonista siempre aparece la sombra de una pérdida: ya sea de la inocencia, de la salud, o directamente de la vida. Por último me ha gustado la idea de que todo comienza a torcerse para esta familia de clase media cuando se ven obligados por una decisión del régimen totalitario a abandonar su "casa limón" y tener que trasladarse a un bloque de viviendas gris y anodino que bautizan como la "caja de cerillas".
Una voz infantil cuenta cómo su familia se fragmenta desde que su casa limón es demolida por órdenes del gobierno rumano, forzándoles a vivir en un edificio desangelado en otra ciudad. La familia va fragmentándose paulatinamente, así que cuando se rompe en mil pedazos la intensidad del relato se deslinda en vacíos dramáticos y ausencias que ya anticipaban aquellas muertes, incluso la de Ceaușescu. La voz infantil es cándida al evocar el dolor, la ausencia y la violencia desde un castillo creado por sí misma. Ese castillo forjado con libros le permite a aquella niña y mujer evocar cómo era y quién era su papá antes de que enfrentara coerciones de la Securitate rumana. Entre casas demolidas, familias rotas y vidas dolorosamente arraigadas, surge una postura crítica de esos años asfixiantes que la población rumana resistió incluso a pesar de sí mismos.
Todo un descubrimiento este libro que narra, desde la mirada infantil de una niña imaginativa y observadora, los últimos años de la dictadura comunista en Rumanía. La tragedia que se desarrolla a su alrededor queda matizada por una mirada límpida e inocente que transforma la dura realidad en una universo onírico lleno de emoción. Ganador del Premio Tusquets de Novela de 2024.
La casa limón me ha hecho estremecerme y me ha conmovido a partes iguales. Como siendo tan solo una niña atraviesa todas esas muertes y todas esas violaciones. Como vive desde la niñez lo qué es una dictadura y los cambios que eso implica en su día a día. Y como muestra, a su manera, el amor a la familia.
Ahir vaig veure la peli de Hamnet, i hui m'he acabat aquest llibre....ja hi ha prou de fer-me plorar! quina força narrativa en la veu d'una xiqueta. Brutal
no va de lo que de primeras parece pero un librazo, cuanto dolor para una vida tan chiquitita y que bien reflejado el pensamiento mágico tan característico de la infancia <3
Una novela singular que me mantuvo enganchada de principio a fin. Me pareció especialmente interesante la voz de la protagonista, que se alía con el pensamiento mágico como una forma de sobrellevar muchas de las circunstancias que atraviesa, para volver a su casa limón. Sin embargo, sentí que el abordaje del contexto de la Rumania comunista fue algo insuficiente, especialmente en cuanto a cómo este influye en las vicisitudes de la protagonista. También me resultó extraña la manera en que lo personal y lo contextual se entrelazan buscando causalidades en lo segundo. Dejanso respuestas muy inconclusas en torno a temas importantes, como la figura del padre. Aun así, ¡aprobado con buena nota!