The thoughts contained in this book are a response to uncertainty and a certain sense of malaise. They’re an oxymoron: these texts stem from the radical conviction that literature hardly matters to anyone anymore—but they also discuss literature from at once its temple, its walled garden, its lost paradise.
No nos engañemos. Este libro responde a las exigencias del discurso hegemónico: parte de la base de que es necesario formular preguntas, pero se siente incapaz de responder a todas. Es un texto integrado en la masa de textos y, a la vez, una trompeta del apocalipsis. Un ensayo esquizoide que pretende ser cualquier cosa, menos académico. Aquí no hay vocación de transparencia. Ni de limpieza. Ni de claridad. El exceso de higiene debilita la salud. Este texto aspira a manchar de tinta las manos que lo agarren. Como el papel de periódico. Estos pensamientos –soflamas al margen de cualquier cautela– responden a la incertidumbre y a cierta sensación de malestar: a la imposibilidad de estar conforme. Son un oxímoron: textos que parten de la radical convicción de que la literatura ya no le importa a casi nadie y que a la vez pretenden hablar de la literatura desde un lugar que no sea su templo, su jardín vallado, su paraíso perdido.
Marta Sanz es doctora en Filología. Ha publicado las novelas El frío, Lenguas muertas, Los mejores tiempos, Animales domésticos, Susana y los viejos y La lección de anatomía, así como cinco poemarios (Perra mentirosa, Hardcore, Vintage, Cíngulo y estrella y La vida secreta de los gatos) y dos ensayos (No tan incendiario y Éramos mujeres jóvenes). En Anagrama ha publicado las novelas Black, black, black: «Admirable. Tiene la crueldad y la lucidez desoladora de una de las mejores novelas de Patricia Highsmith, El diario de Edith» (Rafael Reig, ABC);Un buen detective no se casa jamás: «Vuelve a mostrar su dominio del lenguaje (y de sus juegos) y del registro satírico (de la novela de detectives, de la novela romántica), con una estupenda narración» (Manuel Rodríguez Rivero, El País); Daniela Astor y la caja negra (Premio Tigre Juan, Premio Cálamo y Premio Estado Crítico): «Hipnótico, fascinante y sobrecogedor» (Jesús Ferrer, La Razón); una versión revisada y ampliada de la que es posiblemente su mejor novela, La lección de anatomía: «Ha conseguido situarse en una posición de referencia de la literatura española, o, en palabras de Rafael Chirbes, “en el escalón superior”» (Sònia Hernández, La Vanguardia); Farándula (Premio Herralde de Novela): «Muy buena. Estilazo. Talento, brillo, viveza, nervio, inventiva verbal, verdad» (Marcos Ordóñez, El País); Clavícula: «Uno de los libros más crudos, brutales e impíos que haya leído en mucho rato» (Leila Guerriero) y una nueva edición de Amor fou: «Una de las novelas más dolorosas de Marta Sanz... Las heridas que deja son una forma de lucidez» (Isaac Rosa), y pequeñas mujeres rojas: «Una brutalidad literaria, un despliegue verbal que asombra» (Luisgé Martín), así como el ensayo Monstruas y centauras: «Extraordinario» (María Jesús Espinosa de los Monteros, Mercurio).
Propongo escribir textos que duelan. Frente a las visiones edulcoradas de la realidad, toda la literatura tendría que doler y alejarse de esas bonitas perspectivas irónicas que no son más que un tupido velo para tomar distancia y para separar "inteligentemente" los labios sin causar muchas molestias practicando el ejercicio de la corrección política. La autocensura. La actitud que garantiza un lugar en el mundo. 82 (incomodidad, mota en el ojo, china en el zapato).
Paradójicamente, las máquinas sobre las que o contra las que tecleamos no reconocen los conceptos que les son más afines y subrayan con una raya roja discontinua los adjetivos poscontemporáneo, sociofóbico, ciberfetichista... El software de la tecnología punta -o de la punta tecnología- reproduce los tabúes y las normas de la Real Academia Española de la Lengua en lo referente a los procesos de derivación y composición de las palabras, y a las estrechas posibilidades del neologismo.
Yo creo que la verdad existe más allá del relativismo, los puntos de vista y la labilidad del lenguaje. Vuelvo a Badiou y a la idea de que sólo esa creencia en ola verdad sustenta las luchas por las libertades y el propio concepto de la libertad. 101
No se pude confundir la cultura popular con la cultura más vendida, con la que se consume más o tiene mas aceptación. La cultura popular no es lo mismo que la cultura de masas. 38
Los límites entre los géneros y los límites entre los lenguajes exceden las fronteras de lo literario. 92
Sí que es tan incendiario, por suerte. Marta Sanz nos habla de una realidad que a menudo se ignora y nos impulsa a escribir historias que duelan, que incomoden, que agobien, que no edulcoren la realidad.
Bien es cierto que, aunque a veces haya percibido esta obra como esa persona que te acerca lo que está en aquel mueble que no alcanzas (posiblemente debido a mi poco conocimiento de lo literario), no profundiza demasiado en varios de los conceptos que lanza, pero es tan incisivo como necesita ser para cumplir su objetivo: dar un toque de atención, llamar a la reflexión (y demás actividades acabadas en -ón) y responsabilizar no solo al autor, sino también al lector. La literatura está viva y sujeta a los mismos factores meteorizantes que el resto de la sociedad y no hay que dejarse engañar por falsos discursos de denuncia light o de revolución de bolsillo.
Se abordan muchas ideas interesantes que no voy a tratar aquí, pero que me han llevado a una conclusión: es importante leer este ensayo y hablar de él para abrir un debate muy necesario en el panorama cultural actual.
Se puede no estar de acuerdo con todas las cosas planteadas por una autora y aún así pensar que su libro es bueno. En este caso, me pasa exactamente eso.
La obra expresa claramente una postura política en cuanto a la literatura dentro de la sociedad actual, presentando premisas que pueden ser concebidas como polémicas pero que en su trasfondo, al menos desde mi perspectiva, expresan verdades; verdades de las que mucho no se habla.
Tengo sentimientos encontrados. Hay una parte de mí que concuerda con algunos de sus postulados y otra que difiere de ellos. La parte rígida y la parte blanda. La que concuerda a veces gana, pero no completamente, y ahí empieza una seguidilla de interrogantes.
Y es que el valor de este libro radica en eso: en las interrogantes que posibilita, en el cuestionarse las cosas; la sociedad, la política, la cultura y la literatura atravesándolo (o no) todo.
¿Qué valor tiene la literatura? ¿Está bien escribir sobre el color de las flores cuando hay cosas más importantes sucediendo afuera?
Pienso en Sartre y en sus palabras cuando dice que el escritor tiene una situación con su época, que cada palabra escrita repercute, así como cada silencio.
¿Está bien que la literatura se transforme en un analgésico que permita evadir la realidad? ¿Esta bien que normalicemos la literatura como objeto de consumo dentro de la industria del entretenimiento? ¿Está bien desvincular a la literatura de la política?
Quizá me doy muchas vueltas pero me explota la cabeza. No llego a respuestas concretas. Divago.
Como decía, el libro es un interrogarse constantemente. También es un diálogo con la autora. Podemos no estar de acuerdo con todo, pero podemos pararnos a pensar las cosas.
Hay algunos comentarios medios rancios de la señora que asumo son parte de la diferencia generacional, pero dejándolos de lado el contenido del libro es, como mínimo, interesante.
Creo que es un libro para leer. Un libro para pensar. Me siento muy bien de haberlo encontrado.
Un ensayo que es más bien un collage de ideas que hace preguntas muy interesantes y anotaciones sobre cómo ha mutado la literatura en el mundo consumista-capitalista de hoy. Como casi todas las cosas ¿la cultura, y específicamente la literatura, ha mutado a ser una mera plataforma de consumo? ¿Por qué leemos? ¿Qué leemos? ¿Por qué escribimos reviews en esta plataforma? Critica mucho al lector y eso es algo que no había visto nunca. Siempre se critica al escritor. Siempre se le ponen calificativos.
Algo muy interesante que me sucedió fue que en algún momento alguien me preguntó sobre el libro y en cuanto me di cuenta de que no recordaba casi nada de la primera parte y de que, aunque me estaba pareciendo una lectura muy iluminadora, estaba leyendo sin pausa para la reflexión… y caí en cuenta de que estaba tal vez incluso eso podía considerarse parte de este consumismo literario. Lo volví a empezar de forma más consciente.
Me ha parecido una obra muy interesante. Sanz te invita a pensar en cada página, a cuestionarla e, incluso, a rebatirla. Creo que este libro es de necesaria lectura para quien se interese por la literatura y la cultura. No comparto todo lo planteado, pero me ha asombrado la capacidad de Sanz para vislumbrar lo que hoy en día es más que visible: la precariedad en el mundo de la cultura y cómo los grandes grupos editoriales necesitan vender lo q venden en tales cantidades para mantener su superestructura.
Creo que Sanz ha conseguido que un libro sea, como dijo Kafka, "la destral que trenqui el mar glaçat dins nostre"
A la teoría de Marta Sanz le falta empatía, perspectiva de clase y género. Un libro escrito desde la superioridad moral de un barrio acomodado de Madrid.