Mario Montalbetti, poeta y lingüista, ha lanzado al espacio un nuevo artefacto: Cajas. En un formato que podría ser incorporado a cualquier catálogo de libros objeto, este volumen explora la relación entre el lenguaje y la dimensión espacial.
Se trata a su vez de una indagación filosófica en torno al objeto, una incursión semiótica en el espacio —en el sentido de áreas y volúmenes. Pero sin duda, creemos que es una continuación de la búsqueda de Montalbetti en el campo del sentido, la poesía y el discurso.
Una caja es un objeto tridimensional que distingue un dentro de un fuera, explica el autor; a su vez, refiere, hay diversos tipos de cajas, puede ser un sobre, un maletín, una casa. ¿Qué es lo que puede guardar, ocultar o resguardar una caja? ¿Es una foto una caja 2D? ¿Una botella, es una caja?
Montalbetti da respuestas como deja interrogantes. Y así de misterioso es este libro, revelador, lúdico, divertido. Varias de las características que un proceso de aprendizaje debe mostrar.
llibre bastant complex, però lleuger. montalbetti utilitza les capses 3D, 2D i 1D per provar d'explicar-nos el sentit de l'art. és una molt bona introducció a autors com Saussure, Lacan i T.W Adorno. barreja la lingüística, la psicoanàlisi i l'estètica amb tot d'il·lustracions que ajuden a entendre el seu missatge (tot i que a vegades cal llegir les pàgines unes quantes vegades per entendre els conceptes tan abstractes que presenta lol). overall un llibre molt entretingut per reflexionar i apendre.
Un libro que arranca con un planteamiento muy sencillo y de fácil comprensión, que a medida que avanzan sus páginas se torna en un problema filosófico y lingüístico. La línea entre poema y ensayo es casi invisible
Solemos relacionarnos con las palabras de manera que atribuimos su significado como una verdad que ellas contuvieran dentro. Este texto de Montalbetti busca demostrar de manera lógica por qué eso no es así.
Una caja cerrada promete algo en su interior. Aquel objeto que promete desaparece si es que la abrimos pues requiere de su invisibilidad para ser una promesa (si no solo sería un objeto y ya). El objeto de la promesa y el objeto "real" de la caja pueden coincidir si es que aún la caja no es abierta. Si la caja se desarma y pierde su tridimensionalidad, entonces el objeto de la promesa solo puede existir fuera de ella. Aquí Montalbetti trae a Peirce para reconocer la dimensión representacional de las palabras: las ocupamos en lugar del objeto al que ellas refieren. Como el objeto de la promesa es lógicamente invisible, en la bidimensionalidad de las palabras solo puede existir fuera de ellas como representado, o en la tridimensionalidad como significado (la pipa dentro de la palabra "pipa"). Con tal de que las palabras sigan teniendo significado, requieren entonces que el objeto que prometen se mantenga invisible (sino la palabra sería el objeto, y la palabra pipa se tomaría entre los dedos para poder fumar tabaco). Aquí Montalbetti se sirve de Lacan para establecer en sus términos la caja en esas dos dimensiones: en 3D es un ejemplo de metáfora: el objeto de la promesa ha sido reprimido, el significado ha sido escondido adentro, donde no se ve. Una caja 2D es un ejemplo de metonimia: el objeto de la promesa ha sido desplazado, el significado ha sido diferido y el eventual referente prometido está afuera, donde tampoco se ve.
Habiendo dispuesto la definición de un significado en términos de sus cajas, Montalbetti lo distingue del sentido recurriendo nuevamente a Lacan como la intersección vacía entre el orden Imaginario y el Simbólico, y que el sentido indica la dirección en la que (él) falla. Llevándolo a las Cajas, una flecha sería un tipo de ellas en que aquel objeto que promete es su propia dirección, es decir, en este caso la caja es el propio objeto que ella promete (ese es el sentido, para Montalbetti). Frente a esta coincidencia, el sentido no puede ser una caja 3D (que su objeto prometido esté oculto en el interior), ni 2D (que esté fuera de él): el sentido es una caja de una dimensión, una línea cuya unidimensionalidad no puede separar lo que está dentro y fuera de ella. Si el sentido falla, como cita a Lacan, el sentido solo puede ser recto y falla solamente si establece un objeto de la promesa adentro o afuera (es decir, si encalla). Si el sentido falla en su promesa de un adentro o un afuera es porque su torcedura (o zurcido) supone la creación de una segunda o tercera dimensionalidad. ("El ser humano domestica el sentido construyendo objetos 2D y 3D. Esta domesticación no es sino la "tentación imaginaria" de cerrar cualquier producto simbólico").
Si podemos usar las palabras en una conversación es gracias a esa torcedura que ha requerido previamente la hilación entre ellas, es decir, una orientación que las ha puesto en relación entre sí.
Montalbetti se sirve de esta estructura argumentativa para definir a la obra de arte sin establecer su significado. Una obra de arte sería una caja 2D cuyo objeto prometido sigue existiendo "a pesar de haber fijado ya el referente representado". Siguiendo con la lógica lacaniana y apoyándose del concepto de plus de Adorno, una obra de arte es un referente que solo forma cadena significante consigo misma, volviéndose distinta de sí misma sin dejar de ser la misma; esa diferencia consigo misma es inzurcible (no puede resolverse ni cerrarse en un significado) y es justamente esa inzurcibilidad la que hace que la obra solo tenga sentido infalible, estableciendo en esa autorreferencialidad algo que promete más allá de ella.
En estos términos podemos pensar que el poema, como obra de arte, tiene sentido pero no significado, lo que posiciona a las palabras en una extraña situación respecto al uso que les damos cotidianamente. Lo que hace a un poema un poema es que no es un aviso publicitario, ni una noticia o la defensa de una idea. Todos esos ejemplos llevarían el conjunto de las palabras hacia la zurcidura de su hilación a un fallo que detiene su movimiento en un significado: como que la Coca-Cola es más sabrosa bebida que la Pepsi, que ayer subió la bencina o que el otoño es una estación favorable para la melancolía. Un poema dispone de las palabras de manera tal que solo podemos dejarnos llevar por el ímpetu en el que discurren, bajo la promesa de llegar a un sitio al que nunca llegan. Lo releemos un par de veces más y nos detenemos ante palabras que antes no habíamos visto y el mismo pedazo de texto que un poema es, es ahora una cuestión completamente diferente a lo que leímos la primera vez.
Frente a un escenario en que el lenguaje se nos apareciera en la promesa de una total transparencia, una obra de arte o un poema (si no son acaso lo mismo, a pesar de ser significantes distintos)desestabilizan la promesa misma de que hubiera un significado por descubrir: instalan en el lenguaje su propia incerteza, la posibilidad permanente de que el sentido no llegue jamás a encallar en algo. Y ojalá, en esa incerteza sostenida, reconocer también la apertura al diálogo que conllevan las palabras.
Es un buen libro para intentar recordar lo visto en las clases de semiótica, para pensar en las palabras, expandir la mente con analogías y metáforas. Aunque hay partes algo laboriosas por aprehender, remueve la mente. Es un libro excelente para sacudirnos de las lecturas más convencionales que prevalecen. Y aunque su base es la lingüística y sus conceptos, hay sentencias que se extienden hacia las palabras, las fotografías, el deseo y qué hace que una obra de arte sea una obra de arte. Recomendado.
Para mi, este es un ensayo convertido en libro objeto.
Una maravilla, es el libro que más me ha hecho pensar en lo que va del año... Y todo desde un objeto tan común y del cual pasamos por encima sin darle más importancia.
Brillante por momentos, pero sucumbe frente a su propia ambición. Si el libro adopta una estructura argumentativa, (poéticamente) académica, entonces el mérito final de Cajas a nivel literario también debe incorporar necesariamente un criterio de consistencia teórica. Eso juega en contra del libro cuando son tan evidentes los parches en las transiciones temáticas: de lo 3D a lo 2D, del significado al sentido (la última transición, del sentido a lo estético, está muy bien hecha, no hay reproche ahí). Es un problema típico lacaniano, me parece, que es básicamente dar saltos lógicos que han de ser justificados a posteriori, lo cual está bien para algo que es solo, digamos, poesía (y sinceramente, ¿qué más es el psicoanálisis lacaniano?), pero no para un texto que quiere decir algo más de lo que es (como para ver que jugar con citas de Adorno no es tan difícil).
¿Qué justifica, entonces, el salto a pensar en desarmar la caja, en trasladar el objeto de la promesa de "adentro" hacia "afuera"? Resulta problemático porque ya se ha mencionado que lo que promete la caja debe ser supuesto por quien se acerca a ella, lo cual es bastante sólido, pero no tiene sentido al ver una caja desarmada: lo primero que uno piensa no es "¿qué había en esa caja?", sino, a lo más, "¿qué le pasó a esa caja?", o ya incluso, "¿cómo se puede usar ese cartón?". No invita la imagen a ese juego ambiguo que demarca el "adentro" del "afuera". Por el contrario, aniquila el "adentro" y todo se vuelve "afuera", por lo que no existe una necesidad de cuestionarse por algún objeto previo ahí puesto. De hecho, esa pregunta solo se da al asumir el horizonte del lenguaje, que es al que quiere llegar Montalbetti, pero desnaturalizando el símil que guía la estructura del texto, lo que nos lleva a ridiculeces como lo de la caja 1D. ¿Cuál caja 1D? En una sola dimensión no hay necesidad de pensar en cajas, solo en líneas y las líneas no demarcan ni prometen nada. Ya era difícil mantener el juego con el tránsito hacia lo 2D, pero en esta instancia es simplemente tonto.
Solo puede haber caja, es decir, un proceso de ocultación de algo que no sabemos que es pero se nos promete, cuando puede haber una distinción entre "adentro" y "afuera", es decir, entre lo que nos imaginamos y lo que hay. Por ello funciona ahí el tema del lenguaje, porque también juega con la distinción entre lo que decimos y lo que la palabra representa. Decir "pipa" no es lo mismo que tener una pipa entre las manos ni un dibujo de una pipa nos da una idea, otra vez, de lo que es tener una pipa en las manos, pero la representación nos promete algo, un significado ligado a la pipa, el cual puede estar "adentro" o "afuera" de la caja que es el significante, pero que debe mantener esa relación especial con lo espacial, es decir, con poder estar en otro lado.
En lo 2D, al eliminarse esta distinción adentro/afuera, lo que ocurre es que se corta la posibilidad de pensar que el significado se encuentra dentro de la caja, es decir, de que existe cierta correspondencia entre significante y significado, entre representación y representado. Es una premisa básica de la filosofía y la lingüística modernas el señalar el carácter arbitrario, contingente, de nuestras lenguas, que es lo que subraya la introducción de lo 2D (por más que no tenga sentido con el símil de cajas) al volver el significado una promesa que está siempre "afuera", pero el problema es que este énfasis en lo arbitrario solo aplana la complejidad de la representación al convertirla en una cuestión de la falta de validez de cualquier clausura semántica. Ello solo subraya lo que podríamos llamar el "valetodo" que caracteriza potencialmente al lenguaje sin terminar de entender que, en la práctica, eso no es cierto, puesto que las palabras que decimos tienen sentidos concretos que son por lo general entendidos por el resto. Por ello, no había necesidad en ningún momento de dar el salto hacia lo 2D pues ya lo 3D, con esta distinción entre "adentro" y "afuera" que incorpora dentro de sí la posibilidad de que el objeto se encuentre "afuera" (y que por lo mismo la promesa no solo desaparezca, sino que directamente falle), era más que suficiente para ilustrar el punto del texto.
Al final Montalbetti se complica innecesariamente y esa complejidad adicional solo le resta a un libro que empezaba con bastante promesa. No quita, en todo caso, que se trate de un ejercicio interesante, que juega con mucha efectividad con los límites entre la poesía y lo académico sin por ello resultar aburrido (con excepción de los suplementos, que son sinceramente bosta que nadie debería leer).
Cajas is a great book for un-initiated in Linguistics and Logics. It explains easily through examples how a work of art is a work art and why sense and meaning are not equal.