Un campo de concentración. Una colina en las afueras de Los Ángeles. Una niña muerta. Un crimen contra la humanidad. Un general nazi. Un pederasta. Un judío superviviente. Un policía retirado… Y un cuervo.
James O’Barr vuelve a los guiones de su personaje más conocido, el Cuervo, el espíritu de la venganza que vuelve de entre los muertos para saldar sus deudas, para resolver injusticias, para castigar a los criminales.
James O'Barr is an accomplished artist and writer, best known for creating The Crow.
In 1978, O'Barr's fiancée, Beverly, was killed by a drunk driver, and he joined the Marines in an effort to cope with the loss. He was stationed in Germany and illustrated combat manuals for the military. While living in Berlin in 1981, O'Barr began work on The Crow as a means of dealing with his personal tragedy. O'Barr was further inspired by a Detroit newspaper account of the murder of a young couple over a $20 engagement ring. After his discharge from the Marines, O'Barr continued his painting and illustration as well as doing lots of odd jobs, including working for a Detroit body shop. The Crow sat on a shelf for seven years, but at last someone wanted to publish it: Gary Reed of Caliber Press. In The Crow, the protagonist and his fiancée are murdered by a gang of criminals. He then returns from the dead to hunt their killers.
O'Barr's own hope that his project would result in a personal catharsis went unfulfilled, he told an interviewer in 1994, saying, "[A]s I drew each page, it made me more self-destructive, if anything....There is pure anger on each page". The Crow has sold more than 750,000 copies worldwide.
The book was adapted into a successful film of the same name in 1994, but it resulted in further tragedy. Brandon Lee, who played the main character, was accidentally shot and killed during filming.
O'Barr was the second American to be awarded the "Storyteller Award" by the International Comic Festival held annually in Angoulême, France.
Pues lo tengo claro. Me estoy aficionando a los cómics, y me está encantando la experiencia.
Todo lo que tenga que ver con el terror y lo macabro es más que bienvenido y estoy descubriendo que este formato me encanta.
Esta preciosidad, la tenía mi novio y al acabar de leerlo me dijo: "Tienes que leerlo, te va a encantar" y él que me conoce como nadie acertó de pleno en su recomendación.
Este cómic incluye dos historias.
"CURARE" es la primera historia. Nos narra el infierno por el que pasa el detective de policia Francis Joseph para intentar resolver el caso del asesino pederasta de una niña, quiere poder vengarla y se transmite la pena, la tristeza y la rabia. La trama es brutal, me ha parecido una auténtica joya. Dibujos y texto hacen un combo perfecto en el que es inevitable que se te estremezca el cuerpo y que sientas esa rabia. Se me han saltado hasta las lágrimas.
En "LA PIEL DEL LOBO", el segudo relato nos encontramos en la Alemania nazi, en donde hay un judío que ha conseguido sobrevivir y comienza una lucha encarnizada para intentar liberar a los judíos que se encuentran bajo el yugo nazi. Una historia donde el karma juega un papel importante. Llena de sangre y sed de venganza, me ha gustado pero no tanto al nivel de la primera.
Ambas historias tienen como nexo común a un cuervo que está presente ayudando de un modo u otro a los personajes. Como ese "Pepito Grillo" que te guía hacia el camino a seguir.
Este comic contiene dos grandes historias "Curare" y "La piel del lobo", la primera es impresionante, la segunda un poco mas previsible y ligera. Curare te dejara sin aliento, historia muy fuerte, escalofriante y que te dejara el corazón en un puño. La piel de lobo, una historia rápida y sencilla, pero muy bien conseguida. Ambas con buenos diálogos y buenos dibujos a todo color. Muy, pero que muy recomendable.
Las dos historias contenidas en este tomo son buenas pero me gustó más Curare que La piel del lobo. Redondeo para arriba igual. Muy recomendable. Ahora tendría que conseguirme la miniserie original de 1989.
“Interesante concepto el de vivir para siempre. ¡Decidme lo que se siente!” La habitualmente temida y fascinante figura del cuervo ha estado muy ligada históricamente, en la literatura y leyendas populares, a la representación de un mundo invisible a los ojos humanos en el que estas criaturas ejercen de mediadoras entre la vida y la muerte. En los más ancestrales mitos han sido relacionados obstinadamente con los malos presagios y se les ha caracterizado como salvaguardas de la mortalidad del héroe. Estas características han sido comunes en muchas culturas a lo largo de los tiempos formando parte de la mitología de pueblos norteamericanos y pre-europeos en las que el oscuro plumaje de estas aves era símbolo infalible de los dioses, augurio de tiempos venideros y recuerdo de la atormentada e insatisfecha alma de los difuntos. No han sido pocos autores y escritores los que han preservado la fuerza alegórica del cuervo en sus historias, desde el mismísimo William Shakespeare al contemporáneo George R.R. Martin, pasando por Charles Dickens o Edgar Allan Poe, sirviéndose de este ser para construir relatos oscuros y sobrenaturales en los que narrar los más crueles y fríos inviernos de la ficción. En el mundo del cómic resulta inevitable hacer una escala en nuestro vuelo y posar nuestro interés sobre una obra como The Crow, el trabajo del estadounidense James O´Barr nacido del puro y aplastante dolor en el que su creador humanizo la misma simbología atribuida a este animal. En un ejercicio similar, salvando las distancias y medios, al realizado en el siglo XIX por Bram Stoker en la seminal Drácula, The Crow tomaría el folclore y leyendas periféricas a la figura del cuervo para poder definir a su inmortal antihéroe. En el año 1989, en unos tiempos oscuros para el cómic estadounidense, la propuesta de James O´Barr parecía una muestra más de la naciente galería de personajes extremos de la época pero cuajó en los lectores por su fuerza y su particular vorágine sentimental convirtiéndose en la novela gráfica independiente más vendida de la historia del cómic. Pero el éxito sólo llegaría después de una larga odisea para The Crow, una propuesta extraña y perturbadora, “demasiado extravagante” para muchos editores y compañías por las que deambularía James O´Barr hasta llegar a Caliber Press que finalmente aceptaría publicar su relato. La trágica historia, contraculturalmente ligada al movimiento gótico y punk del momento, se transmutaría en un icono cuando a principios de los noventa fue adaptada a la gran pantalla por el director Alex Proyas en una desastrosa y fatídica producción protagonizada por Brandon Lee. La película saldría adelante a pesar de la muerte de su actor principal y la leyenda no hizo más que acrecentarse, popularizando el desafortunado y fantástico drama de Eric Draven y su prometida, enamorados y asesinados cruelmente por una pandilla de delincuentes comunes. El resto resulta sobradamente conocido, Eric Draven resucita asumiendo la identidad espiritual y totémica de El Cuervo, dejándose dominar por un derbodante ánimo de venganza y una implacable disposición para castigar y hacer justicia contra los asesinos que habían destrozado su vida. También resulta suficientemente conocida la voluntad catártica con la que el guionista y dibujante James O´Barr escribió, trazó y concibió The Crow, intentando paliar su propio dolor y resentimiento provocado por la pérdida de su prometida, atropellada y muerta a causa de la imprudencia de un vulgar conductor borracho. Pasado el mal trago, intentando rentabilizar el éxito de la propuesta original o, posiblemente, sobreviviendo a él, James O´Barr retomaría la mitología de su creación para convertirla en una saga protagonizada por un ángel de venganza que había estado presente a lo largo de toda nuestra historia, en diferentes épocas y realidades, asumiendo todo tipo de encarnaciones y formas cuando el amor superaba la misma injusticia de la muerte y la crueldad de un crimen sin castigo. De esta manera, como comentábamos hace un tiempo en la reseña de la obra original de James O´Barr, “a la largo de los años noventa y al amparo del sello Kitchen Sink Press, verían la luz títulos como The Crow: Dead Time con un reparto de lujo formado por James O’Barr, John Wagner y Alex Maleev; The Crow: Flesh and Blood en la que repetían James O´Barr y Alex Maleev y a los que se sumaría el escritor James Vance; y ya sin James O´Barr llegarían The Crow: Wild Justice con el guionista Jerry Prosser y el arte de Charlie Adlard y The Crow: Waking Nightmares con guiones de Christopher Golden y con Phil Hester en el apartado gráfico”.
Pero esto sólo sería el principio, The Crow había superado a su propio creador, como el cuervo de Edgar Allan Poe reclamaba constante atención, siendo protagonista de algunas cabeceras en diversas editoriales a las que sobrevolaría y mientras el personaje se aferraba y criaba sus polluelos en otros medios. Este sería el caso del cine en el que se sucederían producciones como The Crow: Ciudad de Ángeles, The Crow: Salvación o The Crow: Wicked Prayer, o en la televisión, en la serie de breve curso The Crow: Stairway to Heaven o, finalmente, narrando sus aventuras en novelas escritas por autores como Chet Williamson, David Bischoff, Poppy Z. Brite, Norman Partridge o A. A. Attanasio. En tiempos más recientes IDW Publishing se interesaría nuevamente por el personaje editando una nueva miniserie, The Crow: Death & Rebirth, escrita por John Shirley, co-guionista de la película original de Alex Proyas, e ilustrada por Kevin Colden. Esta maniobra vendría sucedida del regreso de James O’Barr al tiempo que se sucedían los rumores de una nueva adaptación cinematográfica. El proyecto acabaría cuajando en un par de relatos publicados consecutivamente a principios de esta década, The Crow: Curare, en clave de thriller policíaco, y The Crow: La piel del lobo, ambientada en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, historias recuperadas hace poco en nuestro país en una única edición gracias a Yermo Ediciones. En estas historias James O’Barr se limita al guión de las mismas cediendo la parte gráfica, exceptuando alguna puntual portada, al francés Antoine Dodé, autor de obras para el mercado francófono como Pierrot Lunaire, Armelle & L´Oiseau o Armelle et mon oncle, y al dibujante estadounidense Jim Terry al que sólo se le conoce por su trabajo previo en la cabecera Underneath guionizada por su compañero Tom Stillwell para la editorial independiente norteamericana Spinner Rack Comics. El primero aporta sus desgarbados y abocetados lápices a The Crow: Curare, una historia inspirada en una noticia real que James O’Barr había leído en los periódicos, siguiendo la personal obsesión de un oficial de policía retirado, un Joe Salk en cuyos rasgos parece reconocerse al mítico actor Dennis Franz, cuando la vida le ofrece una segunda oportunidad de descubrir la verdad sobre un horrible caso que nunca había logrado resolver, el de una pequeña asesinada y violada cruelmente cuyo espíritu, veinte años después, regresa para reclamar su merecida y esquiva justicia. El guión de esta miniserie calca el tono de las novelas de género negro de nuevo cuño de las últimas generaciones de escritores anglosajones, como Dennis Lehane, Gillian Flynn o Philip Kerr, añadiendo al conjunto el consabido elemento paranormal y un apartado gráfico obra de Antoine Dodé modesto y cauto en las formas pero monocromáticamente muy inspirado.
En esta sencilla pero emotiva historia, en la que James O’Barr logra envolvernos en el estado anímico de una narración que no elude detalles de lo más grotesco y retorcido, ya podemos comprobar cómo la herencia original de estética punk de The Crow se ha acabado por diluir de la primera plana mientras su esencia sigue mutando y dando muestras de una interesante versatilidad temática. Esto mismo se reafirma en la lectura de The Crow: La piel del lobo, un relato que se aleja de la intriga y el ritmo pausado de The Crow: Curare para ofrecernos una propuesta más directa y llena de acción situada en un campo de concentración alemán dónde un preso judío recibe los asombrosos poderes del cuervo para poder llevar a cabo su personal venganza contra un inhumano y despiadado comandante nazi y su brutal reinado del terror. Esta miniserie parece retrotraerse ligeramente a los orígenes The Crow por la visceralidad del conjunto aunque no encontraremos en ella la lírica y poética violencia de la seminal obra de James O’Barr, como tampoco la hallamos en The Crow: Curare en la que predomina la comentada ambientación de género negro y un cierto aire de fábula de terror. El dibujo de Jim Terry se entrega decididamente y sin fisuras a la masacre perpetrada por su compañero James O’Barr con un planteamiento desmatizado y, salvo algún flashback, bastante lineal, carente de artificios artísticos y con unas señas de identidad que recuerdan al británico Steve Dillon. El resultado de The Crow: La piel del lobo parece un ejercicio de “retro-venganza histórica” en la línea de la fílmica Malditos Bastardos de Quentin Tarantino, su protagonista se embarca en una misión en la que sólo busca una cosa, ni una más, matar nazis, aunque evitando la mordaz y subversiva sátira propuesta en el filme del director estadounidense para conformarse con algunos más comunes y simpáticos toques de humor negro a costa de la prototípica y habitual caracterización de la amenaza nazi. La psicología de personajes de este relato resulta menos punzante, su tono no desprende la opresión sentimental de The Crow: Curare y, finalmente, su conclusión resulta más abierta. Pero, de alguna manera, ambas historias sirven de contrapunto y se complementan utilizando tonos y narrativas muy dispares que suponemos sólo responden al ánimo de experimentación de su creador y su voluntad de plegarse a los cánones de los géneros asaltados. De esta manera, en la citada The Crow: Curare encontramos una narración más elaborada, con una habitual profusión de diálogos complementada con pasajes de escenas mudas y un mayor peso de los personajes secundarios, mientras en The Crow: La piel del lobo el planteamiento es más esquemático y aunque los protagonistas tienen voz y voto el verdadero agente movilizador del relato es la acción del mismo. En definitiva, historias que vienen a seguir sumando a la leyenda, maneras diferentes de afrontar un mito moderno, la oscura creación de James O’Barr tan viva y hambrienta de justicia y venganza como siempre.
The story takes place in an alternate reality that looks something like an even more extreme, grim and merciless version of Batman’s Arkham Asylum. Despite the cruel and unforgiving society they live in, Eric Draven and his fiancé Shelly fall madly in love and find comfort in each other’s arms. Eric and Shelly go for a peaceful, romantic drive down the open road one fine day, enjoying each other’s company when their car is suddenly pulled over by a violent gang of thugs. They drag the two out of the car and they force Eric to watch them torture his girlfriend to death before shooting him in the back of the head. Just like that, the two lovers are dead. On the anniversary of their deaths, Eric resurrects from the grave as a vengeful spirit and takes on the mantle of a supernatural avenger, tracking down the thugs that killed him and his bride-to-be one by one and slaughtering them without mercy.
The story begins with Eric violently interrogating a man named Mr. Jones, a thug with connections to the criminals that murdered him and Shelly. Here we get a taste of the protagonist’s cruelty and lust for vengeance. He’s not the sweet and compassionate man he used to be. He’s cruel, sadistic and enjoys the suffering of the people that wronged him. He’s no hero of justice and he doesn’t quite fit the definition of vigilante hero either, he’s just a heartbroken man fixated on personal revenge and he’s willing to throw away his humanity to get what he wants. The Crow does a great job of showing just how tragic and depressing revenge truly is. It’s not glorified or beautiful, but it can be dangerously satisfying, and that addiction to the pain can destroy a person from the inside.
That’s the gist of the plot. A man resurrects from the dead and hunts down the men that killed him and his girlfriend. It’s a very simplistic revenge story with a unique gothic-horror aesthetic. Eric often goes into insane ramblings where he randomly babbles out dark poetry and edgy quotes like Edgar Allan Poe hopped up on drugs, vengeance and a rockstar charisma. Speaking of Poe, this story is pretty much what you would get if John Wick was written by Edgar Allan Poe. The villains are fairly one-dimensional, but it suits the mood of the story. This is about a broken man lashing out at the world because he's unable to contain his grief. It captures how one truly feels toward people that steal everything that was once precious away from you. There's no mercy or sympathy, there’s no attempt to see eye to eye or try to understand why they did what they did, there’s only a spiral of despair, rage and a self-consuming lust to give them the punishment they deserve
The story feels more personal and intimate when you read it knowing that it’s loosely based on the author’s own experience and feelings of losing his significant other. You can feel his rage and despair pouring out from the writing and the bleak black and white pages smothered with rain, blood and grime. It also has an extremely good movie adaption featuring the late Brandon Lee, the son of Bruce Lee. It’s rich with a gothic atmosphere and has that nostalgic 1980’s action hero that throws out cool one liners vibe. I heard it was recently released on Netflix and I would definitely recommend giving it a watch.
The original comic is a short and sweet self contained story, but there are quite a few spinoff stories where James collaborated with other authors to show off the dark avenger in action once more. In most of these stories, Eric resurrects other unfortunate souls that died tragic deaths and gives them the opportunity to avenge themselves like he once did. None of these stories are quite as good as the original in my opinion, but I thought they were worth mentioning for people that really want to see more from this cool character.
Si bien en lo audiovisual se trata de estigmatizar el hecho de querer cimentar una saga con El Cuervo que hoy día ya cuenta con una nueva reimaginación protagonizada por Bill Skarsgård, aludiendo al recuerdo de la adaptación original 90" (y parece que más concretamente a su triste suceso mortal en pleno rodaje). El mismo autor del cómic original, James O´Barr no ha renegado del potencial a la hora de impedir seguir volando su creación en cuanto a la premisa de una entidad sobrenatural que pueda revivir a las víctimas más trágicas y necesitadas de justa pero cruel venganza. Estas dos miniseries, extienden las alas de El Cuervo a dos nuevos personajes ligados por la peor cara de la humanidad. Sufriendo en sus carnes hasta el punto de ser acompañados por ese Cuervo que orquesta un castigo ejemplar en consonancia a los actos de la peor escoria humana. Así, Curare va con todo a la hora de establecer su argumento en un truculento hallazgo de una niña que ha sido vi*lada y asesinada, abandonada en medio de la nada. Un crimen que es la gota que colma el vaso para un superado detective de policía, que queda marcado por este nuevo cuerpo anónimo en la morgue. Hasta el punto de ver resquebrajarse tanto su vida laboral como familiar. Pero el recuerdo de esa niña vuelve con algo más que la fuerza de su memoria. Con lo que este viejot tropo de la narrativa criminal es encarado por O´Barr con el lirismo sobrenatural de la presencia espectral de la niña y la más aviesa del Cuervo. Azuzando al detective a poder cerrar este caso que parece que aún sigue cobrándose las víctimas más inocentes.
Antoine Dodé parece un artista atípico para esta historia, pero resulta ser el mayor hallazgo de la misma. Su estilo que parece más ligado a algo de carácter más infantil y juvenil, realza un contraste total con los aspectos más duros y desagradables de la historia. Sobre todo a la hora de presentar a la niña que aún en su estado post mortem, se muestra como algo puro e inocente aún buscando algo más que justicia para las víctimas pasadas o por venir. El color de José Villarubia también imprime más atmósfera marcada al relato.
El problema está en la otra miniserie del recopilatorio. Y la verdad es que está genial que Yermo Ediciones haya compilado dos miniseries en vez de una. Pero La Piel de Lobo afea bastante el conjunto con una historia más tosca a pesar de lo increíblemente lúcido que supone ambientar el surgimiento de un nuevo Cuervo en un campo de concentración Alemán en plena 2º Guerra Mundial. James O´Barr busca establecer un nexo argumental en cómo los actos más atroces inimagibales pero que indudablemente existen en nuestro día a día, necesitan encontrar un modo de castigar de una forma cruel pareja a los peores agresores. Además, en cualquier escala. Curare trataba de un asesino en serie pederasta, pero La Piel del Lobo apunta a todo un genocidio histórico que llevó a conformar unas "fabricas de muerte". El que un Cuervo surja entre las víctimas del Holocausto judío ya es una idea bastante contundente... ¿El problema? Que James O´Barr no parece tenerlo en cuenta y hace que la historia se centre exclusivamente en la masacre. Y sí, el ejercicio catártico de ver a esos verdugos ser víctimas de un vengador de ultratumba está por descontado. Pero hasta Curare mostraba un equilibrio formal más coherente a la hora de que el sadismo y la violencia no opacaran lo contemplativo o discursivo de la situación orquestada por el Cuervo. Además, el antagonista de esta historia se presenta con una forma de demostrar su crueldad más curiosa de lo esperable. Lo cual podría haberse alimentado mejor y hacer que la presencia del Cuervo Judío se mantuviese en un terreno más fantasmagórico. Más suspense que gore comiquero. Para lo cual el estilo de Jim Terry se muestra igual de confiable.
Dos historias cortitas, formadas por tres grapas, que se leen en menos de veinte minutos cada una, con El Cuervo de protagonista. Normalmente se confunde "El Cuervo" con el protagonista de la primera novela gráfica y su adaptación al cine, y eso precisa de aclaración: El Cuervo es el animal, el espíritu de venganza que acompaña a aquellas víctimas de asesinatos crueles y de una violencia desmedida a encontrar la manera de vengarse.
Curare es sin duda la historia que más destaca de las dos, donde un detective retirado de la actividad continua obsesionado con el último caso que no consiguió resolver, la violación y asesinato de una niña de no más de nueve años. Tanto el personaje principal como el desarrollo de la historia son muy interesantes y están bien resueltos.
La Piel del Lobo se situa en un campo de concentración de la Alemania nazi. La ambientación está bastante bien conseguida, pero tienes la sensación de haber leído esa historia muchas veces antes, y eres capaz de inferir cómo va a terminar y por qué.
Dignísimas continuaciones (o precuelas) del clásico de O'Barr acompañado por un par de dibujantes que lo complementan más que correctamente. De todos modos, no fueron las historias ni los dibujos en sí lo que más me enganchó de este tomo doble, sino la idea del Cuervo como personaje de legado, adaptable a todas las épocas, todas las personas, todas las venganzas. Si llego, metele que después minirreseño Curare y La piel del lobo cada una por su lado.
Si aquestes són les històries de venjança de The Crow, a mi ja m'hi han vist prou. (Rodolí) Curare és l'obsessió per enxampar un assassí en sèrie de nenes. No ens enganyem: el poli és dolent i triga molts anys perquè investiga com el cul, nomperquè fos difícil atrapar-lo. De fet, la pista que mena cap a ell és tan evident que hauria portat a la seva captura en cinc minuts. La piel del lobo és un guió d'un nen de deu anys sobre venjances en un camp de concentració nazi. Mediocre.