« Pussyboy nos convoca a presenciar la unión entre dos hombres que sostienen un pacto tácito de encuentros sexuales fortuitos, en la celebración de un ritual tan ordinario como prodigioso. El transcurso de esta experiencia deja a su paso las inevitables marcas del placer, el rastro de los humores, así como la noble enseñanza de todo amante diestro que ofrece una cartografía inexplorada sobre los recovecos de uno mismo.
A partir de los vestigios de esta pasión, en la zona que une y separa a los cuerpos, Patrick Autréaux organiza su propio archivo de sensaciones, convocando a la memoria y a la divagación intelectual para establecer una constelación de conexiones nerviosas que le permitan dar un sentido, tan personal como colectivo, a esa brecha que se abre entre la experiencia somática, lo político y lo cultural.
Aunque, en realidad, todo el juego es propiciado por esa hendidura original que es la espera amorosa: un tiempo dolorosamente muerto, un merodeo ansioso de incertidumbre que permite la convivencia entre el deseo y sus fantasmas, arrojando poderosas conclusiones, sobre uno y el otro, que constatan la existencia en su gravedad.
En este libro, Patrick Autréaux ensaya una fórmula de fascinante alquimia que convierte al cuerpo en escritura. »
Patrick Autréaux est né en 1968. Parallèlement à des études de médecine et d’anthropologie, il écrit de la poésie et des critiques d’art contemporain. Il décide d’arrêter sa pratique de psychiatrie d’urgence en 2006. L’expérience de la maladie comme expérience intérieure est le thème d’un cycle d’écriture, achevé avec Se survivre (Verdier).
C'est cru, une histoire entre deux personnes qui (ne) s'aiment (pas tant que ça), c'est poisseux de sexe, d'une écriture parfois trop haute, lourde d'inceste, de mots non dits, de religion qui prend le dessus sur le placard dans lequel l'un d'entre eux s'enferme.
Une tornade de sexualité et de passion. On termine notre lecture-orgasme le souffle court. C’est le récit des corps qui fusionnent, qui se manquent, qui se troublent. L’histoire de deux hommes qui se font jouir le cœur. Une lecture intense et haletante.
'Pussyboy' de Patrick Autréaux es todo y nada de lo que esperaba. Narra el encuentro fortuito entre dos hombres y explora la lucha entre la religión y la sexualidad. Nos muestra cómo se pueden crear vínculos tan profundos que parecen inquebrantables, hasta que algo inesperado los rompe y nos devuelve a la realidad.
A pesar de su apariencia breve, el libro tiene una gran densidad en su texto. Habla de sexo, amor, desamor, codependencia, desesperación, añoranza, sentimientos, despedidas y reencuentros. Pero, sobre todo, aborda la lucha interna entre ser quien eres y ser quien deberías ser.
Al final, regresamos al cuerpo. A sus exploraciones. A tratar de definir la línea o el camino, las huellas y las heridas que van apareciendo, día tras día, en un cúmulo de experiencias. El deseo nos motiva. Nos transforma. La fe, en el otro, el lo sagrado, en lo divino, también condiciona el deseo. El anhelo de poseer, de ser poseído. La reflexión, entonces, que se hace presente con la lectura de _Pussyboy_ va alrededor de la experiencia amorosa, sexual, placentera y la escritura de un mundo que sólo existe en momentos específicos, en condiciones de particular oportunismo. "El sólo venía cuando ya no lo esperaba o cuando abandonaba la esperanza sustentada por su promesa, no se aparecía a menos que me entregara a su santa voluntad", nos dice Patrick Autréaux y desarrolla durante las páginas de este libro una relación de poder, de amor, de sexo y de exploración. Zak, quizá, esté a la espera, aunque sabemos que la esperanza de su regreso sea casi nula. ¿Por qué dejar de desear? ¿De anhelar? Una novela llena de imágenes fuertes, contundentes, que desdibujan la realidad pasiva, sin mácula, para devenir en la potencia y la acción de dos seres humanos que se aman, que se desean, que están condenados a la separación.
Desde el título hasta su última página me mantuvieron expectante. Debo decir que esta fue una experiencia literaria descuadrada, vertiginosa, visual, sensorial, estrepitosa, incesante y pasional. Una cartografía de todo lo que atraviesa al cuerpo: lo político, social, cultural, físico, numinoso, escabroso, grotesco, sexual. El autor habla de todo y de nada a la vez entre disertaciones metafóricas sobre la religión y la experiencia homosexual, aún así es loable que su escritura vaya de lo personal a lo general y ahí es donde radica su potencial y su fuerza. Una intensa reflexión sobre el hombre, el amante, el otro y como impacta en nuestra autopercepción, habla de otro tipo de amor que surge del placer. Algo que me fascina es que se enaltece y se reconoce lo femenino y se expone la importancia de su presencia, como pieza clave para la construcción de una mente y de un cuerpo... sobre otro. Me hizo constatar la dicotomía personal que tengo sobre el deseo: me da miedo pero de alguna forma lo anhelo.
Toda una experiencia sensorial, emocional y filosófica. En “Pussyboy” lo de menos es la trama o la evolución de los personajes, pues toda la novela no es más que un escenario, casi teatral, en el que el autor reflexiona sobre el amor, la sexualidad, el deseo, la belleza masculina, lo religioso, la diferencia cultural, el consentimiento…
Una sorpresa que leí un poco a ciegas y que me ha encantado. No es, desde luego, una obra maestra, pero sí un muy buen libro en el que merece la pena sumergirse, porque pese a su brevedad, es un texto denso y cargado. Muy recomendable, pero hay que estar en el momento adecuado.
Tal vez un 3.5 porque todo se me hizo demasiado blanco. Pero a pesar del ya tan conocido discurso de religión vs homosexualidad, el autor logró que no sé sintiera algo más del montón, logrando que las escenas eróticas jugarán con elementos violentos y grotescos.