Cuerpos con plumas y brillantina que bailan para olvidarse que todo alrededor es sed y polvo, un padre que rejuvenece sin piedad, un abuelo que se transforma en alien, niñas con la misión de traer al mundo al Hombre Nuevo, seres que brillan como el plancton enterrados a tres metros bajo tierra, mujeres que tratan de escribir y no recuerdan nada, mujeres rotas, mujeres enamoradas del fantasma de escritores rotos, mujeres con un corazón de zarapito en el pecho, mujeres muertas con los sobacos tiernísimos que todavía sueñan con volver a personajes extraviados que chocan como palomas ciegas, una y otra vez, contra todas las puertas y ventanas. Y una mujer, Natalia García Freire, que escribe y vuela estas historias.
Escritora ecuatoriana (Cuenca, 1991). Reside en Madrid, España. Cursa el máster de narrativa en la Escuela de Escritores. Estudió comunicación y trabajó como periodista de viajes en Ecuador con la revista Ñan. Como periodista freelance ha colaborado con Univisión, diario El Hoy, revista Plan V, diario El Mercurio, CityLab Latino y BG Magazine, entre otros medios, con artículos de cultura, viajes, perfiles y crónicas.
Es un 3.5. El último relato de este libro es una especie de evocación a La amortajada, de María Luisa Bombal, pero desde el humor negro y la auto-sátira. La autora es un cadáver viviente que fuma Lucky y mira su propia autopsia. Antes de leer este relato, estaba tentada a bajarle la puntuación al libro (tomando en cuenta que sus dos novelas cortas anteriores me parecieron fantásticas), por el tono repetitivo de atmósferas y formas narrativas de García Freire. Pero ese tono satírico final me convenció. Ese cuento y el de la mujer enamorada del fantasma de David Foster Wallace se llevan casi un cinco. Los demás fluctúan entre el dos y el cuatro, siempre marcados por ese tipo de narración que podría llamarse realismo mágico oscuro mezclado con "folk horror". Vida y muerte como un espacio sin límites entre lo uno y lo otro, animales y pájaros, metamorfosis, excresiones corporales, momentos escatologicos (en sus dos acepciones) y hasta aliens, pasando por evocaciones de Sharon la hechicera, Gilda, Selena, Britney Spears y los poetas suicidas. Un imaginario muy suyo, una prosa siempre escrita de forma impecable, pero tal vez un estilo y temáticas que empiezan a agotar la lectura (mi lectura, no la de los demás). Con todo, tiene momentos de mucha belleza rota.
3,5⭐️ intenté entender este libro literalmente y es que no se puede, y una vez que entiendes eso, ahí es cuando fluye. Lo leí en club de lectura y lo comentamos posteriormente con la autora, y eso le ha dado tantísimo valor añadido… realismo mágico + relatos, honestamente son dos cosas que no manejo apenas, pero ha sido un viaje interesante.
El libro evoca un sentido profundo de conexión con la naturaleza y el lenguaje, entrelazando imágenes de dolor, historia y creación artística. A través de referencias literarias y sensoriales, se explora la intertextualidad y la magia de las palabras, enfatizando la experiencia mística de escribir y la importancia de regresar a Ecuador.
al terminar la máquina de hacer pájaros, me quedó una sensación rara, como si el libro pidiera ser releído para comprenderlo del todo. juega con lo ambiguo, muchísimo con lo simbólico, y aunque tiene frases que están buenas, también puede volverse monótono en algunos momentos. me costó mucho tiempo terminarlo y solo tiene 107 páginas.
sin embargo no es malo, esta fue mi primera lectura de Natalia García Freire, y si bien no me atrapó completamente, reconozco que su estilo tiene algo llamativo, que invita a sumergirse en su mundo. no lo encontré repetitivo sino bastante original. no es un libro para quien busque una historia clara, sino para quienes disfrutan de libros que desafían la comprensión en una primera lectura.
Creo que algunos cuentos me fueron difíciles de leer más que nada por tocar temas de abuso intrafamiliar, tal vez sea necesario arriesgarse a escribir más sobre eso como lo hizo Natalia. Tal vez tiene que dejar de ser incómodo toparse con la realidad de muchas mujeres y niñas (!!!) tal vez ahí radique su mayor valor: en atreverse a escribir sobre aquello que muchas veces se prefiere ignorar
“el silencio es una virtud, Julita, lo que no dices es verdaderamente tuyo. nadie te lo puede quitar”
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'Amor mío, corazón de otro', 'La máscara de oso' y 'Cabeza quemada' me parecieron buenos cuentos, atrevidos, especulativos y oasis de horrores tremendos. Fueron todos consecutivos.
El resto de los cuentos me desorientaron por completo. Estoy consciente del estilo fragmentario y de flujo de consciencia de la autora, pero los argumentos dementes y la cripticidad con la que se desarrollaban no me daban tregua. Esto ralentizó la lectura y menguó mucho su disfrute.
Leí sus otras novelas y creo que el estilo de la autora se adecúa más al largo aliento que al breve, pues el primero presta más tiempo para lucir el imaginario y la experimentación de cada escritor. Aparte, en la novela el lector tiene más paciencia para develar misterios y descifrar voces. Encontré grandes frases como esta:
"Aquella noche se terminó con el abuelo dormido en su poltrona y la abuela quitándole los ropajes y las pelucas a los santos y las vírgenes. Cabecitas calvas. Cuerpos de tela, con manos talladas bellísimas. Sin partes pudendas. Como la abuela nos imaginaba a todas. Mami lloraba en su antiguo dormitorio y nadie sabía por qué mientras La tiita nos aseguraba que sobreviviríamos al fin del mundo. Promesas son promesas."
Hay un equilibrio difícil de conseguir en la literatura contemporánea. Ese que se sitúa entre lo místico, lo inexplicable y lo poco interesante. No hay nada más frustrante que leer un libro del que no entiendes nada y las palabras desfilen sin sentido alguno. Y tampoco hay nada más aburrido que leer un libro que no te rete. Y este equilibrio es aún más difícil de conseguir en la narrativa breve, en el relato, y Natalia García Freire lo hace en esta colección publicada por Páginas de Espuma.
Decía Cortázar que un cuento ha de vencer por K.O. en contraposición a la novela, que lo debe hacer por puntos. A Samanta Schweblin le oí decir en una charla que un libro de cuentos alberga muchas puñaladas mientras que la novela solo tiene una. Pues esta máquina te da once picotazos profundos, de esos que te dejan cavilando pero nunca tan crípticos como para sentirse expulsado.
Encontramos a mujeres que se enamoran de David Foster Wallace o que se mueren pero aún con la esperanza de enamorarse, niñas que conviven con un abuelo que se convierte en alien o que tienen la misión de engendrar al Hombre Nuevo. Las historias están repletas de imágenes evocadoras, de juegos con el lenguaje y referencias que tejen intertextualidad. Aunque distintas mujeres, la voz es reconocible, dotada de un lirismo propio y entroncada con una tradición literaria contemporánea que explora la extrañeza. La autora no toma por tonto a quien la lee: no explica todo, no hace falta para conseguir situarnos en una frontera. Puede ser el límite entre vivos y muertos, entre sanos y enfermos, entre sueño y realidad. En definitiva, otro equilibrio más.
No es una lectura fácil, como han de ser propuestas como estas. Cada relato está tan destilado que leer varios seguidos provoca empacho. Como los buenos perfumes, o la buena comida, con un poco basta. Luego solo queda digerirlo y disfrutar del recuerdo.
La narrativa de Natalia García Freire se mueve entre muchas fronteras: el cuerpo y el territorio, el sueño y la vigilia, lo "sano" y lo "enfermo", los vivos y los muertos. Con un registro poético versátil y efectivo, la ecuatoriana nos regala una colección de cuentos sin prisa, en los que la anécdota, el espacio, los personajes y la enunciación dialogan sin conflicto y sin temor a lo diverso. Se trata de un libro que invita de inmediato a la relectura, por intuición y por sospecha. Estupendo.
Moi tipo Mónica Ojeda, pero sen ser Mónica Ojeda: demasiado da mesma cousa acaba empachando a un. Ten imaxes, ten prosa, pero tan recargadas que acabas por te perder nelas, sen saber moi ben a onde te quere levar. Confeso que houbo relatos que nin sequera puiden terminar. En fin, libros mellores virán.
Ha estado bien, original, al menos. Me ha faltado personalmente más riqueza y elegancia, pero creo que aporta de igual manera, y que es "raro", como buscaba.
Cuentos con una prosa lirica potent, de una imaginacion grandisima, pero carentes de originalidad, de voz propia. Mucho mas recomendada su primera novela.
*juro que que haya acabado este libro cuyo último cuento se llama Cómo desaparecer completamente y el libro de Mariana Enríquez que se llama igual la misma mañana ha sido casualidad*