El modelo de masculinidad o virilidad de Falange -término que prefiere la autora, pues este incluye también a las mujeres-, asociado al modelo de nación que se pretende, se construye por oposición al afeminamiento más que a la feminidad. El afeminamiento como distorsión del modelo viril. Se puede incurrir en él por “defecto” -pasividad, comodidad, blandenguería- o por “exceso” -patrioterismo banal, faranduleo, hueco folclorismo y charlatanería-. Virilidad con atributos de austeridad, severidad, firmeza.
La virilidad falangista se proclama heredera del pesimismo realista que inspiró a autores como Larra o los autores de la generación del 98, en el plano analítico, diagnóstico de los males que aquejan a la nación española. También, de José Ortega y Gasset, introduciendo este la necesidad de la acción, tan querida a los líderes falangistas. Esta filiación choca con la percepción de otras familias del franquismo, el catolicismo y la monarquía, que consideran a estos autores antiespañoles por su agnosticismo y por sus devaneos republicanos. Estos se proclaman más herederos de Menéndez Pelayo, por ejemplo.
En cuanto a la estética, se imponen las líneas rectas y angulos frente a la sinuosidad de estilos como el modernismo. Los pintores de referencia, como representantes del espíritu genuinamente español son Ignacio Zuloaga y Gutiérrez Solana frente a la luminosidad de Sorolla. Los intentos de resignificar la pintura de Santiago Rusiñol fueron más complejos dada su evidente sintonía con los preceptos del modernismo.
Con el ánimo de cambar la imagen romántica, orientalizante, por tanto afeminada, que habían trasmitidos los viajeros europeos desde el siglo XVIII, sobre todo franceses, también se procedió a resignificar elementos que aparecían indisolublemente unidos a la imagen de España, como los toros, el folklore, el flamenco o la propia Andalucía como epítome de España entera. Frente a la figura de gachupín del torero multicolor enfundado en unas mallas ridículas y emborlado, se oponía la figura adusta y el gesto severo de Manolete como esencia del toreo y por ende del espíritu español. Otro tanto ocurría con el flamenco, frente al flamenquismo tabernario y tumultuoso, se oponía el cante jondo y el baile depurado. La reivindicación del folklore corrió a cargo de la Sección Femenina a través de su departamento de Coros y Danzas, con la intención de vertebrar España y de romper con el imaginario de un país que, a modo de sinécdoque, representaba el conjunto estatal por su parte andaluza, la más ramplona.
Otro referente importante del falangismo fue Eugeni d’Ors. Particularmente, su idea de Imperio,como elemento aglutinador frente a los nacionalismos disgregadores. Y la idea de mediterraneidad, reivindicadora de la mesura, la armonía y el orden, del clasicismo, frente al germanismo, de origen romántico y, por tanto, afeminado. Promotor también del noucentismo frente al modernismo.
Por otro lado, un prejuicio de clase y de género lleva a abjurar de las representaciones castizas, como chabacanas, populacheras, de mal gusto, gritonas, malolientes. Repudia a los descamisados, vagos, maleducados. Identifica el régimen republicano como lodazal, ciémaga y a su presidente, Azaña, como viscoso, indeterminado. Las fallas valencianas también serán objeto de resignificación.
En pocos años la nación viril iba a diluirse en una España abocada a convertirse en aquello que los fascistas españoles.habían denostado, el "landismo".