“Mi padre no se ha muerto, a mi padre lo han matao”. Julian Albareda atraviesa Sevilla sediento de venganza. Según él, los Verdugo se encargaron de quitarle el barrio y, ahora, la vida a su padre. Desde Triana a Los Bermejales, Julián recorre una ciudad vendida al turismo, muy diferente a cuando su viejo dirigía el cotarro. Su madre y su hermana huyeron hace tiempo de casa pero eso no le importó lo más mínimo. El respeto y adoración por su padre le han cegado desde pequeño. Piedad y Mariluz, sin embargo, no pueden pasar página, tienen que enfrentar los temores del pasado sin esperanzas de que nada, y mucho menos Julián, cambie.
Adrián Daine (Sevilla, 1980) ha querido ser varias cosas en la vida y todas le han salido regular. En la actualidad emplea los poquitos ratos libres que le permite el capitalismo en pasear a su perro, leer mucho y escribir algo.
"Lo único que hay que entender de Sevilla [...], es que los primeros que quieren venderla cacho a cacho al primero que pregunte son los propios sevillanos. Con que no les toques la Semana Santa se quedan contentos.
Mientras el Domingo de Ramos pasara el Amor por Cuna y el sábado saliera la Canina, todo valía y todo vale".
Me ha encantado el libro. Me he visto sentado en una de esas mesas, viendo las disputas de Julián y también recorriendo esas calles y lugares de Sevilla lejos del turisteo tan recurrente. A superarse Adrián
Este libro esconde tras su sinopsis una temática poderosa. Una, y varias. El sufrimiento de la mujer bajo el yugo de una relación tóxica, difuminándote hasta hacerte desaparecer. He sentido la necesidad de abrazar tanto a Piedad y Mariluz ❤️🩹. También encontramos personajes esclavos de sus emociones e impulsos, cuánto puede llegar a dominar tu vida el rencor..dejar de ser tú para volverte rabia y odio. Narrado de una manera tan cercana que parece que te lo esté contando una persona conocida.
En este libro me he encontrado con una historia totalmente distinta a la que esperaba, que incluso me ha llegado a gustar mucho más ❤️🩹 siempre es un placer leer sobre Sevilla desde los ojos de otros, así que ha sido todo un plus. ¿Lo recomiendo? Sin duda. Su único problema es que se me ha hecho muy corto.
Mis ganas de sangre a medida que pasaban los capítulos sólo podían compararse con la sensación de paz que me provocaban otros. Y aquí estoy, con un nudo en el estómago extrañamente reconfortante.
Hay quien dice que este libro puede leerse como un western o como una historia de gánsteres. Lo cierto es que es la historia de una familia, de las frustraciones que se generan en las relaciones personales, de la masculinidad tóxica y de una ciudad que va perdiendo su esencia. Illo es un libro sevillano, escrito con acento y oralidad en la lectura, de detalladas descripciones y diálogos que, en cierto modo, dejan ver la influencia de leer a Saramago.
Novela sincera, original, aplaudible, super recomendable. Vivan la escritura situada, las periferias narrativas, las miradas distintas, la autenticidad. Por supuesto me ha gustado también por retratar estupendamente cierto ser sevillita canallita y pendenciero, pero hay mucho más que eso en Illo.
En "illo" un personaje cruza Sevilla en busca de venganza y vemos este camino desde el punto de vista de familia, conocidos y rivales que examinan sus propias decisiones y cómo les han moldeado y que eligen cómo enfrentarse a ese espectro que se cruza en su camino. ¿Puede uno evitar que el peso del pasado condicione su futuro?
Con un planteamiento deudor del noir de buscavidas y gangsters de baja estofa, y un desarrollo exquisito en lo que cuenta y lo que omite, su mayor logro es retratar una ciudad y unas gentes que se reconocen con todos los sentidos, tan auténticos que saltan de la página en cada giro y cada frase. Esta novela se ve, se siente, se escucha.
Un excelente debut que os recomiendo con entusiasmo.
Piedad y Mariluz. Madre e hija. Para mí son, indiscutiblemente, las protagonistas de esta historia.
La historia de una familia congelada por culpa de un padre de principios corruptos y violentos, que machaca y castiga. Esta historia demuestra que no siempre los lazos de sangre son esa familia que deseamos. Que esos lazos debemos cortarlos si nos dañan.
Aunque Julián, el hijo, idolatra. En realidad no le culpo. Es lo que ha aprendido desde niño, ese espejo violento donde mirarse. Esos roles machistas. Esa manera de sembrar el miedo disfrazado de respeto en los demás. La realidad es que Julián está más solo que la una. Aunque Piedad, esa madre coraje, le perdone lo imperdonable.
A su vez es la historia de Triana, un barrio de Sevilla que va perdiendo su identidad solo por los intereses económicos de unos pocos. Desdibujan un barrio de toda la vida. Aparecen los pisos turísticos, las casas de apuestas, desplazan a sus vecinos, los comercios de siempre cierran. A través de la distorsión y el miedo, se enriquecen. Y entre ellos también se pisan. De ahí nace la rabia y la sed de venganza de Julián desde antes de la muerte de su padre Julio Albareda. Una figura parecida a la del capo que perdió fuelle, que fue destronado.
Una novela que discurre a buen ritmo, sin rodeos, contando lo justo y necesario para que nosotras hagamos el recorrido de Julián hacia Triana, para que veamos a Mariluz con la mirada perdida en el hueco donde antes estaba la cama de hospital que ocupaba su padre o para que levantemos la vista y nos encontramos a una Piedad taciturna observando a los niños de un patio de colegio.
La venganza es una calle sin salida. Ojalá Julián sepa salir de ella.
Sevilla se hunde, se va a la mierda. Y con ella todos nosotros. Una trama tremenda, un juego de espejos en el que se miran las figuras que mantienen la cultura y las maneras de la ciudad que se pierde y aquellas que han decidido adaptarse y formar parte del rodillo. Tiene todo lo que me gusta: Sevilla, relatos de lucha de clases, historias familiares, sociología del delito... Qué precario es ser delincuente de los de siempre. Está escrito con una delicadeza preciosa y captura a la perfección a qué huele, cómo suena el ser y estar en Sevilla. Le pongo las cinco estrellas porque el final de la novela me sorprendió y me dejó con una sensación que no esperaba. Touché.
No tenía muy claro de que iba a ir el libro. Lo compré porque estaba ambientado en Sevilla y porque Bellerin lo subió en instagram. No esperaba encontrarme con un libro tan bonito, que plasmase a la perfección el machismo, la masculinidad y lo que está quedando de Sevilla. Sin duda, mis capítulos favoritos son los que hablaban de Piedad y Mariluz.
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el altillo tenebroso de Mariluz, las serpientes envenenadas de Piedad, el recuerdo del albero en el bar Avelino y el amor que ahí nos dimos, el coraje, la crítica a los guiris y los pijos…ha sido un paseo por la ciudad más bonita del mundo, Sevilla.
Muy recomendable paseo por una Triana que ha cambiado mucho, de la autenticidad a la degradación del juego y los pisos turísticos. Un thriller sevillano con alma.
"Illo" es muchas cosas pero sobre todo es un libro necesario. Es la demostración de cómo la masculinidad tóxica no sólo se lleva por delante personas y familias, sino que encuentra su nido en la sociedad en la que vivimos. Un monstruo con coartada perfecta. Casi parece que no se basa en reacciones animales completamente egoístas. Casi parece que no son situaciones que nos han pasado y que vemos que siguen pasando. Casi parece que no hay víctimas que están en el agujero más profundo a costa de. Pero resulta que sí. Gracias por visibilizarlo.
A veces el trabajo me viene hecho. En la contrasolapa de Illo, la novela de Adrián Daine que publica Editorial Dieciséis aparece una relación de diversas obras. Adrián es honesto. Reconoce sus influencias. No he leído todas las obras. Pero las que he leído alcanzan un estatus altísimo. De ellas destacaré dos, que son las que en cierto modo condicionan lo que es Illo. Por un lado, Canijo de Fernando Mansilla. ¿Qué no hemos dicho de Canijo por estos lares? Una obra dura y hermosa, un testigo de un tiempo y un lugar pero que lamentablemente es fácilmente reconocible lejos de este ámbito. Como dice Kiko Amat, la gran obra sobre la violencia y las drogas patria.
La otra obra es algo más desconocida. Algo injusto. Tierras muertas es un librazo. La adaptación de gran de parte los principios básicos de la narrativa de Faulkner al mundo claustrofóbico y endogámico de las masías catalanas. Una narración atomizada en cada uno de los personajes que a través de su visión particular construyen una historia repleta de claroscuros.
Pues bien, en cierto modo estas son las nociones básicas de Illo. Una estructura atomizada en personajes que cuentan una historia del underground de Sevilla, como ya hiciese Mansilla.
Y aunque tiene un tema aparentemente principal, como es la venganza (a veces en sus páginas resuena el mi nombre es Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir), un tema que entronca con los relatos más shakesperianos, además de otros más prosaicos y actuales, como la gerintrificación, el machismo de índole doméstico, el alcoholismo,… el verdadero tema principal es de ámbito fotográfico. Adrián Daine toma una instantánea de una profundidad abisal de lo que es el sevillanío, es decir, la idosincrasia sevillana, en la actualidad pero también de su evolución de las últimas décadas. En este aspecto, el trabajo de Daine es brillante. Y precisamente por ello, me plantea algunas dudas de su transportabilidad subjetiva. Los temas accesorios son universales, pero el principal, creo, se ciñe mucho a la ciudad.Tomando las referencias narrativas de las que partimos, lo sucedido en las páginas de Canijo, el auge de la heroína en los barrios obreros de los años 80 o el fratricidio que relata Tierras Muertas podrían suceder en cualquier lugar.Tomemos las referencias narrativas de las que partimos: lo sucedido en las páginas de Canijo, el auge de la heroína en los barrios obreros de los años 80 o el fratricidio que relata Tierras Muertas podrían suceder en cualquier lugar. En Illo tiene lugar el proceso inverso. Los hechos son la excusa de la que se sirve Daine para construir un extraordinario análisis sociológico de la ciudad en la que vive, con sus virtudes, pero sobre todo, sus defectos, algo que al sevillano, devoto de la hermandad del ombliguismo desde su nacimiento, poca —o ninguna— gracia le va a hacer. Hecho que no quita que lo leerá y lo disfrutará con creces.
"Lo que tienen los pijos sevillanos es que siempre es muy difícil distinguir quién dice qué porque parece que están hechos a imagen y semejanza de un pijo primordial que también se vestía como si fuera veinte años más viejo. [...] es como si por algún juego de espejos sólo hubiera un pijo y el resto fueran su reflejo. La misma cara de pasmarote."
"No hay criatura más predecible y engatusable que un pijo sevillano, es una cosa loquísima. Cuatro luces bonitas, calentadores en la terraza para el invierno, los camareros sirviendo en copa de balón con la camisita sin remangar, y todos los chuflas se creen marqueses porque pagan el cubata a doce pavos. No hay ni que invertir mucho, con hacer que parezca un sitio de dinero basta para que aparezcan todos los tiesos con ínfulas, y de eso está Sevilla llena."
"Lo único que hay que entender de Sevilla para medrar en ella, es que los primeros que quieren venderla cacho a cacho al primero que pregunte son los propios sevillanos. Con que no les toques la Semana Santa se quedan contentos. [...] Podías convertir el centro en un parque de atracciones, llenar todas las aceras con terrazas sin licencia, convertir en apartamento turístico cualquier cuchitril donde cupiera una cama y un retrete. Mientras el Domingo de Ramos pasara el Amor por Cuna y el sábado saliera la Canina, todo valía y todo vale."
"Sevilla es muy chica y a los sevillanos les gusta más un chafardeo que comer con las manos."
"Nada de eso existe ya: todo es por y para tiesos, de bolsillo y de espíritu. Y si no, para guiris."
"Todo pasa y se hace más feo con el tiempo. A lo mejor es que no era tan bonito como queremos recordar. Algunas cosas nunca suelen serlo, y nos emperramos en lo contrario."
"Los buenos años ya pasaron, se recuerda. A lo mejor tampoco fueron tan buenos. A lo mejor han sido siempre así, pero hacía falta que sólo quedaran escombros para darse cuenta."
"Y en algún momento reunió las fuerzas necesarias de entre todos los cachitos que le quedaban, desperdigados por toda una vida, y se rehizo de toda esa inquina y repulsa. Se reclamó a sí misma. [...] Lo heroico no es aguantar los golpes, sino seguir creyendo pese a todo que existe una vida sin ellos."
Simple y al grano. Libro que gusta leer cuando de verdad quieres despejarte leyendo. Bueno creo que esté ambientado en sevilla, hace que me guste aún más.