Por primera vez puedo leer un texto de Liddell tras haber visto su obra de teatro y he de decir que el texto por sí sólo, sin el dramatismo y el acompañamiento visual de la performance, pierde muchísimo sentido. Queda como un recuerdo lejano de lo que pudo presenciarse en el teatro. Aun así, el monólogo inicial es increíble.
“El arte defiende la libertad de todos. Yo no defiendo mi obra, sino el derecho a hacerla. Todo mi esfuerzo consiste en defender la libertad del artista”.
La fui a ver el teatro y luego compré el libro. Le tengo especial cariño porque fui a verla al teatro entonces mientras lo leía volvía a ver en mi cabeza la bestia que es Angélica Liddell en el escenario. De las experiencias más increíbles de mi vida. En mi cabeza todavía retumban frases como: ¿Habéis sentido algo?