Crudo, crítico e irónico, son algunas de las palabras que se me vienen a la cabeza mientras pienso en esta obra, que, después de leer muchos thrillers, novela negra y sus derivados casi de tirón, se siente refrescante y bastante original en muchos aspectos.
Esta es la historia de un hombre sur coreano, que trabaja como "consultor" para "La compañía" un trabajo que de buenas a primeras podrías encontrar demasiado aburrido y normal, sin embargo, el trabajo de este hombre no tiene nada de normal. A él lo contrató la compañía para escribir historias, y en algún punto, él acepta convertirse en un escritor fantasma, pues recibe pagos bastante elevados, pero, cuando empieza a darse cuenta de que personas reales aparecen muertas de la misma forma que él describe en las historias que le envía a La Compañía, empieza a dudar y sospechar.
Esta es una historia que desde su premisa me atrapó, pues se me hizo bastante original y diferente a los libros que he estado leyendo, aunque debo reconocer que en algún punto supe que también me gustaba porque se sentía bastante "familiar" en algunos aspectos, por ejemplo, sentía que estaba viendo un capítulo de Black Mirror por todo el tema de La compañía, y sí bien la historia es contada inicialmente como un relato, al mismo tiempo en que el autor mezcla partes de las páginas que el protagonista enviá a La compañía, la historia se siente demasiado ligera e interesante. Es muy diferente a otros libros del género, porque tiene un tono bastante despersonalizado que representa de forma bastante cínica el mundo laboral, por lo que aquí también me recuerda a American Psycho, y es que el protagonista es igual de superficial y frío que Patrick Bateman, pues acepta lo que hace con una frialdad sorprendente y al mismo tiempo lo abraza como una profesión que le brinda cierto estilo de vida que claramente disfruta, esto se ve MUY reflejado cuando conoce a cierta chica con la que empieza a salir y le regala cosas de marca, pues él juzga mucho a esta mujer, pero básicamente se describe a sí mismo, y ni hablar del tema de las tarjetas, eso fue de lo primero que relacioné y me hizo reír.
El tono cínico y el humor negro también son dos cosas que hacen de esta novela algo completamente divertido y refrescante, pues si bien no empatizas con ningún personaje y tampoco te importa tanto el protagonista (lo cual a mi ver es parte del punto de la historia) te diviertes con él en este viaje lleno de misterio, suspenso e intriga. Algo muy interesante e importante en esta historia, es la crítica social que hay desde el principio hasta el final del libro, pero hay una parte ya hacia el final, específicamente en el capítulo de El Congo, que es y se siente tan real incluso en la actualidad, pues los seres humanos nos vemos ajenos a todo aquello que no nos afecta directamente, en ese capítulo se habla específicamente de la guerra que se lleva a cabo en El Congo y como los demás países se desentienden del problema mientras saquen un beneficio económico de esta, lo que es demasiado real y al mismo tiempo es un espejo de lo que sucede con el protagonista en esta historia, pues en algún punto supo que lo que hacía no estaba bien, pero como no le afectaba directamente, no le importaba hasta que lo hace. La historia parece sencilla, pero es mucho más profunda de lo que parece, y me gustó demasiado.