Otra novela gráfica con tintes autobiográficos usada para retratar una realidad sociopolítica. En este caso las huellas del colonialismo belga se manifiestan cuando una estudiante de diseñado textil, hija de padres separados (un hombre congoleño que volvió al Congo hace muchos años y una mujer belga que cuida a su madre bastante racista), tiene que realizar un trabajo sobre una tela llamada Wax, invento holandés con orígenes indonesios super popular en muchos países africanos. La historia de esta chica y como va atravesando distintas aristas de los dos conflictos de fondo, la colonización y la relación con sus padres, está muy bien llevada, aun cuando a veces transita los típicos lugares comunes para este tipo de historias y los puntos clave de la trama resultan bastante predecibles; te comprometés con la historia y los personajes y aprendés un montón de cosas (¡Thomas Sankara!).
Lo que se queda muy muy atrás para mí es el dibujo. Las expresiones faciales están más o menos bien (ponele), el resto muy amateur, no está a la altura de lo que quiere contar. Parece más a esos libros que cuentan algún hecho histórico con el subtitulo “el comic”, o una biografía de músicos, que una novela gráfica prestigiosa. Hasta el letreado es rarísimo, recuerda a las revistas de Columba. Es un buen primer trabajo pero hay potencial para mucho más.