Hay algo enternecedor en estos versos. La infancia en Colombia, los días donde la abuela, la madre y la hermana son la esencia de la vida familiar. Y eso converge fluidamente con las ilustraciones: aves estoicas que fueron testigos del tiempo pasado y reposado. Rincones de una casa abandonada a la que paradójicamente siempre le llega la luz del sol. La vida misma, prácticamente. Gran trabajo autoral de esta dupla. Mis respetos.