Reseña en 5 minutos y al dictado
Qué difícil me resulta otorgar estrellas a este libro sin entrar en conflicto conmigo misma. Espero saber matizar bien mis impresiones en esta reseña.
Esta obra es un testimonio en primera persona de una superviviente de los campos de trabajo forzado instaurados bajo el régimen de los jemeres rojos en Camboya. El relato tiene el grandísimo valor de estar basado en un texto que la autora redactó poco tiempo después de su liberación para poder presentar en un juicio, por lo que sus recuerdos sin duda son veraces y no están pasados por el filtro del tiempo. Atroz, impresionante, necesario. Así es este testimonio.
No he hecho una búsqueda exhaustiva pero doy por seguro que sobre este hecho histórico, el llamado "autogenocidio" camboyano de los jemeres rojos durante la segunda mitad de los años setenta, no existen en castellano demasiadas obras, aunque esta haya sido, por el número de víctimas, una de las mayores atrocidades del siglo XX. Por tanto, vaya en primer lugar mi respeto por esta obra, por todo lo que se cuenta en ella: en este sentido ha captado todo mi interés y me alegro mucho de haberla leído.
Ahora vienen los "peros" que tanto reparo me da hacer...
Quien desee leer esta obra debe saber que no va a encontrar explicaciones que ahonden en el trasfondo sociopolítico de lo que se nos narra. En el libro, insisto, de testimonio, lo que observamos es el desconocimiento que la propia superviviente (y el resto de prisioneros) tenía de las motivaciones de sus vigilantes mientras estaba en el campo de trabajos forzados. Como lectora a mí el libro me ha generado muchas preguntas, para las cuales deberé encontrar respuesta ahora en algún documental o reportaje.
Tampoco encontrará un lector que se acerque a este libro nada que recuerde a relatos del tipo "Cisnes Salvajes" o "El palanquín de las lágrimas", donde las peripecias familiares o personales, los datos sobre el entorno, te mantienen en vilo como lector, aunque el desarrollo del hecho histórico en sí sea conocido. Seguramente como puro testimonio este libro que tengo entre las manos es más auténtico; como narración, desde mi punto de vista cojea. Por supuesto, nada que reprochar a la autora por ello.
Y por último tampoco encontrará quien se acerque a estas páginas reflexiones, grandes opiniones sobre la condición humana o la sociedad. Este libro es un relato de hechos atroces, fundamentalmente de los estragos del hambre; la propia autora se disculpa en un momento por hablar tanto de su falta de comida y nos comenta que era prácticamente lo único en lo que podía pensar en esos momentos. Una verdad terrible. Si el ser humano no tiene qué comer nada puede llenar sus pensamientos más que el afán mismo de buscar comida. Estoy segura de que Primo Levi, escritor de la mejor obra que he leído sobre la condición humana llevada al límite, "Si esto es un hombre", también pensaba fundamentalmente en cómo alimentarse y cómo sobrevivir mientras estaba en el campo de exterminio; las reflexiones que plasmó en su obra las hace una mente, con perdón, si el estómago está lleno.
P.S. Este libro lo he leído en una lectura conjunta (algo así como la vuelta al mundo con libros), lo cual me ha aportado en los breves ratitos de conexión la visión de otras personas, gracias a las cuales me he enterado de la existencia de materiales audiovisuales con los que ahora complementaré esta impresionante lectura. Gracias. Seguiré viajando con el grupo: el mes que viene a Mozambique. Y en solitario, adonde los vientos dirijan mis velas.