En el Tokio actual, una mujer y su bebé pasan los días en soledad, encerrados en su casa a causa de una tormenta que dura ya varias jornadas. Pero no están tan solos como ella creía. Una presencia acecha en la noche, entre lamentos de pena.
La soledad tiñe la vida de una mujer que acaba de ser madre. Pese a la alegría propia de la maternidad, la dureza de la misma y el sentimiento de soledad afectan a la mujer, que encerrada en su hogar con la única compañía de su bebé, a causa del inestable tiempo que reina en el exterior, pasa los días con una mezcla de sentimientos de felicidad, protección, abandono y aislamiento. Sin embargo, quizás no esté tan sola como parece, ya que desde hace algunos unos días nota cierta presencia en su hogar.
Creo que la autora consigue definir muy bien ese tipo de ambientación típicamente japonesa llena de ese aura tétrica e intensa, tan cargada que mantiene en vilo al lector durante toda la historia. Se nota que Carol es seguidora del género de terror, y también de como se aplica este tanto en la literatura como en el cine japonés. Algunos pasajes me han recordado a escenas que tengo grabadas por películas o novelas de autores japoneses. Por poner un ejemplo, “Ubume” me ha traído recuerdos de la parte que más disfruté de la primera entrega de la saga de “Ring” de Koji Suzuki, que fue precisamente esa narración tensa, incluso asfixiante, que te pone los pelos de punta.
Como no podía ser de otra manera, el terror termina siendo el vehículo que la autora usa para hablar de otros temas importantes como pueden ser la maternidad, la soledad de la mujer ante esta, lo aislada que se siente, la sensación de abandonar su vida anterior y ser excluida del mundo de antes de ser madre, y como la carga no suele ser compartida por la pareja en la mayoría de los casos. Me gusta mucho cuando leo obras que no solo hablan de las bondades de la maternidad, si no que ponen en el foco a la mujer y a las dificultades que esta padece al ser madre. Un último detalle que me gustaría mencionar es el buen uso que hace la autora del folclore japonés, ayudando a reforzar aún más su potente mensaje. Nuevamente se nota mucho la base que tiene Carol en relación a la cultura nipona.
No puedo decir mucho, ya que es un cuentito muy breve, pero no sabéis lo que me ha alegrado leer esta historia de mi amiga. A veces leer algo escrito por alguien cercano te da un poco de vértigo por el miedo a que no te guste y a no saber como gestionarlo, por eso es una absoluta gozada haberlo disfrutado tanto como lo he hecho. La única pega es que sea un relato, porque tenía muchas ganas de seguir leyendo más, pero bueno, esto tiene fácil solución: Carol necesitamos urgentemente novelas tuyas, y si pueden seguir siendo de terror, mejor. Enhorabuena por este relatazo.
Hoy noche de brujas y fantasmas traigo un relato de Carol Rodríguez, a la que sigo desde hace años. Cuando me enteré de que le publicaban y que la historia estaba ambientada en Tokio, obviamente quise apoyarla, pero no niego que gran parte de la motivación vino de la intriga por la historia.
Es un relato muy cortito que se lee en un momento, pero también es muy intenso, demostrando que el que sabe contar historias lo puede hacer tanto en novela como en cuento y salir redondo. Trata sobre una madre primeriza que, sospecho, tiene una pequeña depresión posparto debida, sobre todo, a que se encuentra sola en casa con el bebé mientras el marido está ausente por largos momentos debido al trabajo. No puedo poner la mano en el fuego por ello, ya que no lo he experimentado nunca, pero nuestra narradora nos cuenta en primera persona cómo se siente tan indefensa con su bebé que comienza a ver el fantasma de una mujer, una ubume (*), por las noches. El recién nacido también siente su presencia, pero yo, fiandome poco de los narradores en primera persona (gracias, Henry James) lo achaco a que percibe la inquietud de su madre y esa sensación de inseguridad es lo que lo perturba.
Pero tambien puede ser que yo me esté equivocando y que realmente el fantasma esté ahí. ¿No es increíble la mente humana?
He vuelto a leer este relato tan personal de Carol Rodríguez. Una metáfora sobre la maternidad que nos habla de los temores y terrores que experimentan las mujeres cuando son madres. El relato tiene el plus de desarrollarse en Japón, lo que le da un toque diferente que le va genial a la historia. Un relatito corto, terrorífico y al mismo tiempo muy bonito, sé que puede sonar raro que un cuento pueda ser aterrador y bonito al mismo tiempo pero lo es. Animo a leerlo a todo el mundo, la Ubume da mal rollo pero merece la pena pasar un poquito de miedo para leerlo.