«Padre es un padre no roza, en mi lectura, ni remotamente el lenguaje tautológico que pudiera en simulación tocar. A ese título le entra de inmediato, apenas se despliega, una respiración, un énfasis, ternura, subjetividad, imágenes y emociones de infancia mas no infantiles. En este libro se abren muchas ventanillas de significación en vez de cerrarse como un cepo formal. Se distribuyen blancos en la página que piden detenerse, cavilar y adivinar. El «nosotros cercenado», disueltos y revueltos pronombres, masculinos y singulares – la baraja del yo, tú, él-, pone en el tapete escrito el juego revelador de rememorar, que juega a no revelarse. Un juego de escondidas, aliviamientos, que serán siempre encuentro y que irán ordenando sucesivas secuencias de un avenirse con irremontables cenizas». Elvira Hernández
Antes me salía muy fácil escribir sobre libros, ahora cada vez me cuesta más. Después de esta lectura pienso en la palabra padre, lo honda y lejana que suena. Vivir solamente junto al padre me parece una pesadilla. Perpetuar la soledad. Me encantaron los poemas en prosa, quiero más.
La poesía siempre me ha costado. Conectarse con quién escribe, con su punto de vista y los fragmentos que se escriben... interpretar o incluso compartir el ánimo de sus entonaciones. Eso es lo difícil. Por eso me sorprendió este libro, porque evoca preguntas, recuerdos y algo más (¿será nostalgia o tal vez melancolía?) que me hace querer volver a tomarlo. Hay mucho de personal en esta prosa, pero no es imposible reconocerse en ella. ¿Será porque habla mucho más de lo que dice? Estoy seguro que no capté todo pero en el tono personal aparece una experiencia común en la que podemos reconocernos.