A esto se le puede llamar empezar el año 2025 lector por todo lo alto. Soy plenamente consciente de que estamos en los primeros meses de enero, que aún queda año para rato, y que encima tengo proyectadas o quiero hacer muchas lecturas que tienen pinta de que van a ser muy interesantes o que son eternos pendientes a los que tengo muchas ganas. Pero si me dices que “Amberwell” , cuando llegue el próximo diciembre, va a estar entre mis mejores lecturas del 2025 te lo compro totalmente. Hacía bastante tiempo que no cogía un libro con tantas ganas y me metía en su historia tan plenamente, que me hacia disfrutar tanto de la lectura y quesu historia me atrapaba totalmente. Esta lectura ha sido un absoluto placer, me he bebido la novela en dos días y me he quedado con la impresión de que no me hubiera importado que hubiera tenido 100 o 200 páginas más. D. E. Stevenson era una autora a la que tenía muchas ganas de leer, y creo que he empezado a leerla por la puerta grande, con uno de sus mejores trabajos.
Desde que que en el siglo XVII, el primer William Ayrton compro un terreno en el sur de Escocia donde mando construir la mansión de Amberwell, sus descendientes han vivido en el lugar, con la curiosidad de que cada generación añade siempre algún elemento a la propiedad para embellecerla. En el periodo de entreguerras, los cinco hijos del nuevo, dueño; Tom, Roger, Connie, Nel y Ann, crecen poco a poco entre sus bellos jardines, mayormente ignorados por sus padres. A medida que van haciéndose mayores la llegada de la Segunda Guerra Mundial y el transcurso de sus propias existencias harán que los hermanos tomen rumbos diferentes. Pero Amberwell siempre será el punto de referencia para ellos, el lugar querido al que están intrínsecamente conectados.
Nos encontramos ante una novela profundamente coral que podría inscribirse dentro del género de crecimiento o bildungsroman. Y es que conocemos a los cinco hermanos Ayrton cuando son niños y vamos viendo a lo largo de unos 20 años cómo van creciendo y desarrollándose a medida que pasan los años y el mundo que conocen va cambiándose y convulsionándose por la llegada e influencia de la Segunda Guerra Mundial. Y eso nos permitirá ver cómo durante esos años el mundo y la sociedad británica cambiaron, como todo aquello que se sentía seguro y aquellos principios que parecían más firmes fueron trastocados h se vieron en la obligación de adaptarse a los nuevos y complicados tiempos. En ese sentido, la lectura me ha recordado mucho a la serie de “Downton Abbey”, donde también se echa un vistazo a como se forjo este cambio de mentalidades y de roles y como termino por imponerse. Y en menor medida, y no sé si es por la ambientación o el momento de la escritura, leer este libro también me ha recordado mucho a las novelas de Nancy Mitford, pero sin ese toque de cinismo agrio tan característico de la pluma de la aristócrata escritora. Lo cual no quiere decir que D. E. Stevenson no cargue las tintas contra la alta sociedad británica y sus principios, evidenciando su ineficacia en el momento de la verdad y poniendo en relevancia que cuando la cosa se complicó, los que realmente levantaron la situación y el país fueron todos esos hombres y mujeres que se pusieron manos a la obra y trabajaron sin descanso por su país o por sus familias, no aquellos que se quedaron de brazos cruzados. Es cierto que la autora representa esta situación como algo inevitable innecesario para sobrevivir, sin cargarla de dramas, pero lo hace desde una perspectiva que resulta cercana y humana por lo realista que es y por la manera en que habla de cómo se vivió la Segunda Guerra Mundial en Escocia.
Y es que D. E. Stevenson compone una novela de trama fácil de seguir, con muchos personajes y una prosa directa y simple; pero a la vez cálida y profundamente evocadora; y un ritmo narrativo ágil pero que da espacio para los pequeños y grandes detalles . Aunque a lo largo de sus páginas aparezcan situaciones complejas debido a errores y a la propia guerra, “Amberwell” no es una lectura, especialmente dura, ya que todo está trabajado con ligereza y buenas dosis de amabilidad y comprensión. De hecho, toda la obra se siente como estar envuelto en una suave y confortable manta al calor del fuego mientras tienes al lado una taza de chocolate caliente y el libro siempre dispuesto a dejarte sumergir en su tierna y benevolente historia. Y que te retrotrae a esos años de infancia, en los que uno se sentía seguro, gracias a esa atmósfera nostálgica y con tintes melancólicos que la autora compone junto a momentos y situaciones más ligeras y cómicas. Hay momentos y situaciones muy sensibles y tristes, pero creo que la autora tiene el acierto de trabajarlas desde una perspectiva en la que no se ahonde en lo excesivamente en lo triste, sin permitirse caer en la sensiblería barata o excesiva. Todo el libro siempre tiene siempre ese toque de esperanzador y de suave alegría que aligera todo y que hace que el conjunto resulte muy agradable de leer.
Es una obra que rápidamente atrapa por su falta de pretenciones y la placidez de su trama, que se lee con gran placer y te deja un poso cálido y tierno en el corazón mientras avanzas en ella. La autora logra de una manera tranquila y sosegada mostrarnos la fragilidad del ser humano y la importancia de los lazos emocionales, pero al mismo tiempo nos muestra la complejidad de las relaciones humanas y lo complejas y complicadas que puede ser. El libro cuenta con más matices y mayor complejidad de la que pueda aparecer a priori por su sencilla trama, sus personajes entrañables y su prosa. Es una novela sobre errores, situaciones sobrevenidas, guerra, nostalgia, episodios de maltrato psicológico, separaciones y disputas familiares y tiene una gran carga critica contra la sociedad del momento, que puede resultar imperceptible a primera vista, al ser un alegato hacia la independencia económica y moral de la mujer.
Aunque la narración se articule en varios momentos en los diferentes puntos de vista de los niños que conocemos al principio, si hubiera dos personajes que destacan dentro de ella serían las dos hermanas más pequeñas de los Ayrton, Nell y Anne, quienes tendrán sendos periplos vitales que demostraran la necesidad de que una mujer se forme y aprenda a ser independiente por su cuenta, cuando la guerra y sus propias elecciones, las obliguen a valerse por sí mismas y a cuidar de otros, a tomar decisiones por su cuenta y riesgos y a avanzar en la vida aprendiendo a no preocuparse por lo que piensen los demás. Y es que una de las grandes bazas de la novela es lo bien que se mueve la autora con un elenco tan amplio y variado y como logra conectar al lector con unos personajes sencillos pero bien esbozados y muy diferentes entre ellos, a través de los cuales vemos cómo es la vida cotidiana en una mansión escocesa a mediados del siglo XX , como la vida puede dar muchas vueltas y puede resultar cambiante. A los hermanos protagonistas hay que sumarle unos padres chapados a la antigua y distantes, un grupo de sirvientes de carácter vivaz que actúan como perfectos acompañantes de las andanzas de la familia y una suerte de personajes secundarios que ayudan a dar mucha vida y color a la trama.
Pero aunque las trayectorias de los de los hermanos se separen, en ciertos puntos de Escocia y del resto de su familia, siempre tendrán un nexo en común que será la mansión que da título a la novela. Y es que se puede decir que la auténtica protagonista de esta historia es Amberwell. Stevenson no solo se recrea a la hora de describir la mansión y, muy especialmente, sus jardines. De alguna manera, a través de las visiones y las experiencias de los cinco hermanos, la convierte en la indiscutible y auténtica narradora de la novela. Se puede decir que es a través de sus ojos que se va desgranando todo el argumento del libro y las vidas de sus protagonistas. Amberwell no es solo el centro neurálgico de la novela, es la narradora silenciosa de la obra, siempre presente en los pensamientos de Tom, Roger, Connie, Nell y Anne como el lugar amado siempre añorado y donde siempre se quiere volver. La mansión es un personaje más, a veces da la impresión de que tiene vida propia. De hecho, va cambiando en el tiempo y no solo porque cada generación de la familia le añada algún elemento. Ella también pagará y sufrirá el precio de la guerra y de los constantes vaivenes de sus habitantes. En cierta forma, Amberwell expresa en su fisonomía y sus cambios como es la situación social y política del país y de la región antes, durante y después de la segunda Guerra Mundial, pero también la emocional entre los miembros de la familia. Por lo que no se trata solo de un mero y nítido decorado en el que aúnen las diferentes tramas y personajes que componen la narración, sino que también tiene dentro de ella una profunda carga simbólica y emocional.
En definitiva “Amberwell” es una novela sobre lo pequeño y lo grande, lo complejo y lo simple, la esperanza y la tristeza, la nostalgia y la necesidad de pertenecer a un sitio que todos tenemos, junto a la importancia de los lazos familiares. Es un libro encantador que cierras con muy buen sabor de boca y una sensación cálida en el pecho. Si tuviera que ponerle un único, pero a este libro es algo que he comentado ya más arriba, que cuando llegué a su final me quedé con muchas ganas de que tuviera más páginas. Y es algo raro, porque realmente el final me ha parecido bastante bueno y para nada abrupto, la historia queda perfectamente cerrada y todo el conjunto deja al lector con la sensación de tener la duración y el ritmo apropiados, que nada faltaba y nada sobraba. Pero al mismo tiempo me dejó con ganas de más, quizás por lo mucho que disfrute la lectura y lo buena que me ha parecido. Pero he visto, que por lo visto hay una segunda parte que fue publicada en ingles un año después de “Amberwell” (que vio la luz en 1956). Tengo que mirar a ver si ha salido en español, y si no es el caso rezar para que pronto nos la traigan a la lengua de Cervantes.