• Me hubiera gustado conocer su historia. Todo el mundo tiene tremenda historia.
• A veces es más fácil hablar con un desconocido de lo que nos hace daño.
• De repente me entró una tristeza de esas que son como cuando te coge tremendo aguacero y no tienes dónde meterte.
• —Lo que yo quiero y lo que tú quieres son cosas distintas, mi Gise. Todas las historias son diferentes.
• A veces a mí también me pasaba lo mismo. Me daban ganas de contarles cosas a los desconocidos. Era más fácil.
• Para estar feliz yo no necesitaba vivir con nadie ni formar ninguna familia ni nada de eso. Yo sólo quería una cosa, lo único que quise siempre.
• ¿Qué es más importante: el amor o las tripas?, ¿criar o parir?
• ¿Vale la pena mantener un sueño por encima de cualquier cosa?
• ahí me di cuenta de que Maikel era un tipo feliz. Y lo era porque estaba en el sitio donde deseaba estar.
• ¿Y qué es más importante, a ver: lo que una siente o lo que una tiene que decir que siente?
• a veces, las pasiones son tan grandes que uno no puede hacer otra cosa que seguirlas.
• Allí acostada, se me ocurrió que a lo mejor uno coge el móvil para no sentirse solo o para esconderse de los demás, porque a ver, en serio, a mí qué me importa todo lo que escribe un montón de gente que ni conozco.
• Olía a lluvia, sí. A tierra seca abriendo la boca para recibir el aguacero. A hojas a punto de desprenderse de las ramas.
• A veces, de tanto que una mira una cosa consigue verla distinta.
• Es que a veces una cuenta sus sueños y a la gente le da por interpretarlos y ponerse a dar consejos. A mí eso no me gusta.
• La calle es el cine de los que no tienen adónde ir.
• Me aparté lo más rápido que pude, pero aun así, el ciclista me gritó «gilipollas». Esa palabra siempre me ha dado tremenda risa, me suena súper exótica.
• No es lo mismo ser una muerta de hambre a que todo el mundo sepa que lo eres.
• El mar calma, me dijo, ayuda a pensar.
• Raviel me dijo que no debía dramatizar, que en la vida hay tragedias, pero la vida no era una tragedia.
• Él me miró con un gesto que no supe si era de cuándocarajotevasdeaquí o de megustatucompañía,
• No sé por qué, pero a veces el sexo da ganas de hablar. Es como si una se sintiera a salvo creyendo que lo que dice encuero va a desaparecer en cuanto se ponga la ropa.
• La realidad era que tocaba volver a armar el sueño desde el principio.
• La piel tiene una memoria increíble. A veces no sé ni para qué necesitamos la cabeza si la piel nunca se olvida de nada.
• Fui sintiendo un alguito raro que se removía en mi estómago. Cientos de hormigas bravas caminándome por dentro.
• Supe que mi cuerpo iba a ser el barco que me llevaría a todas partes. Mi carne, mis músculos, todas mis arterias debían estar en función de la danza.
• Una cosa es andar medio perdida en una ciudad de provincia y otra es hacerlo en la capital, no sólo porque es más grande, es que la gente es distinta.
• Me daban deseos de quedarme a dormir en una de las ramas de la mata de mangos. Ser un fruto, madurar y caer, hasta irme pudriendo.
• —Uno no decide lo que siente o no siente —me dijo—. Uno puede decidir lo que quiere hacer, pero no lo que siente.
• Había mucho ruido, bocinas de carros, gritos de niños, voces. Los negocios estaban abiertos. El sol se colaba por todos lados.
• Cuando me confirmaron que estaba embarazada y que era tarde para interrumpirlo, sentí como si me clavaran un tenedor en el centro del pecho. ¿Un hijo?
• Mis pulseritas no eran nada del otro mundo. Valor, lo que se dice valor monetario, tendrían muy poco. Eran simplemente pedazos de mi historia, piezas de mí misma.
• Sólo me he visto bailar delante de un espejo o en algún que otro video que hice, pero la verdad, verdad, me gustaría poder mirarme como si no fuera yo para poder decir: me gusta o no me gusta, me gusta sólo un poquito o me encanta, buenísima o prescindible. Cosas de esas.
• Nunca he entendido bien por qué se le dice así. Casi todo el mundo se pasa la mayor parte de la vida no siendo virgen, así que uno no estaría perdiendo nada, sino más bien encontrando algo.
• La mujer se iba de vacaciones y nos dejó cuidando su casa, sus plantas y su gato gordo y pelirrojo, que era buenísima gente.