Ha sido una lectura intensa e intrigante a partes iguales. Durante gran parte del libro me resultó casi imposible dilucidar qué iba a suceder en la siguiente escena. A medida que avanzas, vas construyendo tus propias teorías, intentando adelantarte a la historia… y lo curioso es que casi nunca aciertas. Esa sensación constante de incertidumbre es, sin duda, uno de los grandes puntos fuertes del libro.
La autora juega muy bien con el suspense psicológico y con la idea de que no todo es lo que parece. La trama se va retorciendo poco a poco, dejando pistas ambiguas, escenas inquietantes y decisiones que te hacen replantearte continuamente a quién creer y hasta dónde puede llegar cada personaje. Esa atmósfera opresiva consigue que leas con atención, casi en guardia.
El final me sorprendió gratamente, porque no me lo esperaba absolutamente para nada así. Cuando crees que tienes el control de la historia, la autora desmonta todas tus certezas en apenas unas páginas, y eso se agradece muchísimo en un género donde a veces los desenlaces se intuyen con demasiada facilidad.
Eso sí, si hay algo que me dejó especialmente marcada fue el epílogo. Fue justo ahí donde me quedé con ganas de saber más de estos personajes, de seguir explorando sus sombras, sus decisiones y todo lo que aún parece quedar por contar. Es de esos cierres que no te dan paz, sino curiosidad… y ganas de más.
Es una historia que te atrapa más por la mente que por el corazón, que incomoda, intriga y mantiene el interés hasta el final. No es una lectura ligera ni complaciente, pero sí una que cumple muy bien su objetivo: hacerte dudar, teorizar y sorprenderte.