Para tomar una decisión que podría dividir el tiempo en un antes y un después, una mujer deja su casa y empieza a caminar sin rumbo. A cada paso busca un equilibrio entre la obediencia y la autodeterminación, guiada por la voluntad de imprimirle cuerpo a sus pensamientos. Por el camino se atraviesan diálogos, testimonios, acusaciones y secretos, entre los que se cuelan a ratos el suave recuerdo de su esposo y la voz de su Dios
En La primera que camina, Ana Francis Mor reescribe el Antiguo Testamento (del Éxodo a Reyes) a partir de una premisa tras el anuncio de Gabriel, María decide tomarse un tiempo para decidir si engendrará o no al Hijo de Dios. Extrañado y seducido por esa determinación hacia la libertad, Dios acepta que durante tres años María recorra a pie un extenso mosaico de historias, en las que escuchará de migraciones y genealogías que han luchado por sobrevivir a través de mares y desiertos.
Con una notable capacidad para crear distintas voces narrativas al ritmo de las emociones, las dudas y los razonamientos de María, la autora hilvana una historia de temperamento hilarante y místico, una reinterpretación de uno de los relatos fundacionales de Occidente y una profunda exploración de las implicaciones del libre albedrío.
Me parecen muy rescatables las interpretaciones que hace la autora de los primeros libros de la Biblia. Me gustó que María fuera una personaja que camina, valga la metáfora, y que desea. Dios mismo le dice que por eso la eligió: porque viene de un linaje de mujeres que han deseado. Ella es el deseo. Sé que es difícil encontrar sosiego en las religiones católico-cristianas, porque han pasado dos mil años de puras injusticias, genocidios, guerras, hambres, desolaciones, colonizaciones y demás gatadas no en nombre de Dios (o Yavhé o Baal o Itzamná) sino en nombre de Jesús, un filósofo-carpintero que quien sabe si realmente exisitó y que, para colmo, su doctrina no iba en favor de la Iglesia, sino en contra, cuyo fin de sus enseñanzas era La Liberación. Así que, a pesar de todo eso, este libro intenta para bien una especie de reconciliación (hablo desde mi yo, mí mismo) con las creencias religiosas en las que fui criado. Me gustó la estructura, me gustó el "camino" de la Héroa María, y cómo cada personaje se articula desde el monólogo interno o el diálogo (con Dios, con María o con otros, incluso el lector); esto hace que la novela parezca más un tratado de teología que una narración, pero a mí no me molestó en lo más mínimo. Espero con ansias las otras dos partes de la trilogía.
Gracias a este libro tuve un amplio recorrido a través de los personajes de la Biblia del Éxodo a Reyes. Sin embargo, llega un punto en que se vuelve un poco repetitivo y se alarga la historia.