No recuerdo en qué momento decidiste hacer un libro con la historia de Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas, pero sí sé con qué fuerza asumiste que había que dejar registro de la mentira que difundían las autoridades del Régimen a través de todos sus medios y contrastarla con la verdad de lo ocurrido.
Recuerdo tu ira cuando escuchamos al entonces subsecretario del Interior afirmar con vehemencia en una conferencia de prensa que todas aquellas informaciones que decían que los autores de esas horribles quemaduras en los cuerpos de Carmen Gloria y Rodrigo eran militares, formaban parte de una campaña destinada a “utilizar políticamente esta desgracia lamentable”. En ese mismo momento supimos que no habría justicia.
No logro identificar el momento preciso en que decidiste hacer este libro. Pero sí sé que las mentiras del vicealmirante Carvajal, del general Ojeda y de Alberto Cardemil, entre muchos otros, aportaron una cuota del estímulo que necesitabas. La idea la fuiste amasando en tu cabeza al mismo tiempo que recorrías las calles de Santiago en busca de los testimonios que te permitirían dilucidar cómo y quiénes habían quemado a los dos jóvenes que tan profundamente te habían impactado.
Y era en esos momentos, los de mayor tensión, cuando tú desplegabas tus mejores cualidades para enfrentar una investigación periodística. Eras una cirujana. Todo lo ibas ordenando en estricto orden por referencia temática. Y cuando te decidías a escribir, tu escritorio era como un quiró en un rincón estaban los hechos confirmados, cuidadosamente relatados por voces autorizadas –testimonios que habías rescatado arduamente, transcrito desde tu grabadora y sintetizado–; en otro rincón, las versiones que debías chequear. Desde tus dedos tecleando la máquina, los personajes hablaban claro y conciso.
Marcela Verdugo : Valiente y decidida lucha contra los abusos perpetrados por los militares y políticos cómplices durante la dictadura militar. Ha dejado un legado histórico en nuestra sociedad. Me quedo con lo expresado por Verónica Denegri, madre de Rodrigo Rojas : Textual " Pueden cortar las flores, pero no pueden impedir la llegada de la primavera" Carmen Gloria Quintana, sobrevivió y queda como testimonio de la horrenda historia de salvajismo y brutalidad de militares y civiles cómplices en la historia dolorosa de este Chile nuestro.
Entre tanta tristeza, me quedo con las palabras de Verónica Denegri: "en el rostro de nuestra juventud, vive mi hijo... En el espíritu unitario de los chilenos luchando por la justicia, vive mi hijo... En este tiempo encendido de esperanzas, vive mi hijo".
No es casual que en pleno 2018 los implicados en este macabro incidente sigan libres, desfilando o formando parte de los nuevos aires electorales de la derecha, el motivo es triste: no existe la disposición para encerrar y condenar a los perpetradores de este y otros cobardes delitos; al parecer la verdad puede ser tapada por cualquier mentira. Es de esperar que Carmen tenga en vida la oportunidad conocer la justicia, tan esquiva y rastrera, tanto hoy como ayer.
Increíble libro, aunque muy cruel con la historia de Rodrigo y Carmen Gloria. Es triste pensar que los responsables siguen libres y no se ha podido cerrar un capítulo tan fatal para las víctimas y sus familias. Rescato la frase de Verónica Denegri: En el rostro de nuestra juventud, vive mi hijo … En el espíritu de los chilenos luchando por la justicia, vive mi hijo… Nunca olvidar que debemos seguir luchando por nosotros, los que siguen y los que ya no están
Nos cuenta sobre la terrible actitud (como todas) que tuvieron los militares en epoca de dictadura en Chile, de la forma en que manipulan la información y los medios de comunicación en esos año. Es un libro muy rápido de leer pero algo denso en especial si eres una persona sensible con respecto a la tematica de la dictadura militar en chile.
Cuarto libro leído de Patricia Verdugo y nunca dejo de sentir admiración por su valiente trabajo, y al mismo tiempo tremendo dolor y rabia por el grado de violencia y represión que existió y aún existe en mi país. Este caso es una demostración entre tantas de la crueldad de la dictadura en Chile.