[…] Pla dice que hay que escribir como se escribe una carta a la familia, pero con un poco más de cuidado. Aquí voy a hacerlo como si hasta las cartas fueran un alarde de retórica. Como si hablara solo. * […] He estado en la cárcel, he hecho una huelga de hambre, he sufrido un divorcio, he asistido a un moribundo. Una vez fabriqué una bomba. Negocié con drogas. Me dejó una mujer, dejé a otra. Un día se incendió mi casa, me han robado, he padecido una inundación y una sequía, me he estrellado en un coche. Fui amigo de alguien que murió asesinado y fue enterrado por los asesinos en su propio jardín. También conocí a un hombre que mató a otro hombre, y a uno que se ahorcó. Sólo es cuestión de edad. Todo esto me ha sucedido en una vida en general muy tranquila, pacífica, sin grandes sobresaltos. * […] Ni «espíritu de sacrificio», ni «afán de superación», ni «aspiración a la excelencia». Ni ningún respeto o simpatía por tales cosas.
Iñaki Uriarte es un tipo curioso. Nació en Nueva York, es de San Sebastián y vive en Bilbao. No ha trabajado nunca en su vida y adora Benidorm. Adora los gatos o, mejor dicho, adora a su gato y lee a Montesquieu con devoción, dedicación y prodigiosa memoria. Sus diarios, los publicados, recogen sus anotaciones desde 1999 hasta 2008 y recogen anécdotas, pensamientos, citas de lecturas, recuerdos de infancia, de adolescencia, nostalgia por un pasado que no ya no existe y alegría por el pasado que continua siendo presente. Uriarte reflexiona sobre todo y mucho sobre escribir, sobre él como escritor o como no escritor. Lo que hace parece fácil, tan fácil que piensas «Yo podría hacer esto» pero no es verdad, ahí está la dificultad: en elegir lo que escribes y en la manera de destilarlo. Me identifico muchísimo con esto:
«Huyo de desarrollar las ideas. Como si tuviera miedo, impaciencia, pereza, incapacidad para la lentitud. Sólo es falta de talento. No sé quién ha dicho que escribir es hablar sin ser interrumpido. Pero yo me interrumpo de continuo a mí mismo».
Y con esto que me encantó:
« El desbarajuste en que leo es inmenso. Basta que me empeñe en leer o estudiar algo que me interesa para que surja de inmediato otra cosa que también me interese y me desvíe. Así soy incapaz de acumular un capitalito cultural en algo en especial.
Si mi cabeza fuera una ciudad, no tendría ningún edificio que llegara más arriba del primer o segundo piso. Estaría llena de portales, de escalinatas de acceso, montones de ladrillos y cemento seco, cascotes. Ni un amago de calle urbanizada, alguna tienda de campaña para pasar el rato, sin un solo jardín decente, una planta por aquí o por allá, bastantes geranios, que resisten porque casi no necesitan riego. Sería como una ciudad bombardeada, pero eso sí, considerablemente extensa, lo que aumentaría la impresión de catástrofe».
Iñaki Uriarte se gusta, le gusta la vida que lleva, la vida que ha podido llevar y es consciente de su suerte. Es un vividor, un jeta, un venerable caballero, un gran conversador y tiene un sentido del humor muy peculiar. Egocéntrico pero peculiar.
«Sospecho que el rasgo más inconfundible de mi personalidad es que no me gusta Cary Grant. No he encontrado a nadie en mi vida a quien le ocurra algo semejante. Es lo primero que le diría a un psicoanalista: «Doctor, no me gusta Cary Grant».
Con los escritos autobiográficos ocurre que uno disfruta de ellos en proporción directa a la afinidad que tengamos con la personalidad del autor. Si éste dispone de un carácter que coincide a grandes rasgos con el nuestro, la lectura es compulsiva. Así me ha pasado con el dietario de Iñaki Uriarte, un escritor tardío -comenzó estas anotaciones poco después de cumplir los cincuenta años- y sin antecedentes relevantes en el mundo de la literatura, al margen de sus colaboraciones periodísticas como crítico literario.
Confiesa a menudo su falta de ambición, en este y en otros terrenos, lo que se traduce en una actitud vital similar a la de quien se ha reconciliado con su naturaleza más íntima. Su territorio podría parecer pequeño, pero está cultivado con sensibilidad, en una rutina meticulosa que exprime lo que, para muchos, es el límite de la capacidad humana, horizonte siempre excesivamente próximo, cercado ridículamente reducido en comparación al deseo y a los sueños. Algo hay en él de contención prudente, esa que tiene el sabor de los consejos que figuran en tratados de la antigüedad clásica.
Moviéndose en el terreno negativo -el minimalismo, la corrección continua, lo no hecho, lo que nunca será- lo sentimos satisfecho y a algunos nos consuela como si fuera un explorador de nuestro futuro que regresa con buenas y tranquilizadoras noticias. Y, de paso, inconscientemente, como a buen seguro habrá hecho Montaigne en su caso, nos induce esa necesaria reconciliación con lo que uno es.
'[...] Pla dice que hay que escribir como se escribe una carta a la familia, pero con un poco más de cuidado. Aquí voy hacerlo como si hasta las cartas fueran un alarde de retórica. Como si hablara solo.'
Este es un descubrimiento que le debo al blog de José Antonio Montano. Se lee del tirón y te deja con ganas de más. Saca a relucir sus inquietudes existenciales más banales sin ningún pudor y con ello nos hace sentir bien a los demás. Estos diarios son la más pura esencia de su pensamiento; nada de recrearse con cuestiones de estilo o demás artificios... Pura chicha.
Extraordinario diario para los amantes de este género menor y adulto. Leer diarios es como oler las pantuflas de alguien, impúdico y de mal gusto. Pero en este caso la sensación es de paz, como si las pantuflas acabaran de ser lavadas y estuvieran al pie de una cama llena de almohadones e inundada de luz. Recomendable.
Iñaki Uriarte hace referencia en una de las entradas de este diario a Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno: "Los escritores que más me gustan son aquellos que me gustaría que fueran amigos míos para poder llamarles por teléfono cuando quisieras". Pues a mi me ha pasado eso con Iñaki.
Diarios amenos, entretenidos, cínicos y con buena dosis de sinceridad. ( a ratos criticón). También cita reflexiones interesantes de Borges, Montaigne…. Me ha recordado a Millas en su forma de escribir. Seguiré leyendo más de sus diarios.
“No es la inmoralidad de los grandes hombres lo que debería infundirnos temor, sino más bien el hecho de que sea ésta la que, con tanta frecuencia, permita a los hombres alcanzar la grandeza .“ (Tocqueville)
“Con qué cariño se recuerdan las manías de los muertos, a los que se acaba recordando sobre todo por ellas, por lo que los hacía personales y característicos.”
Tiene una docena de entradas memorables y medio centenar de subrayados. Se agradece la erudición, el tono, la variedad... Pero la carga ideológica es terrible, como lo es la de cualquier rentista holgazán que reniegue de la política (habría que ver con qué bando irían si vieran amenazados sus privilegios). Aún así, el tipo es tan fino que se salva: pasa por cuñado culto.
Me han encantado. Buenas reflexiones que hacen pensar. Entretiene y es profundo al mismo tiempo. Eso vale oro. Seguiré leyendo el resto de volúmenes. La edición de Pepitas, un lujo.
Atención al hecho de que si los apuntes de este señor, que es de muchas partes, me han gustado mucho, es solo porque me pasa como con Knausgaard: de repente, me dijo muchas cosas de mí mismo. Muchas más que el propio Knausgaard, también. Dice ya por 1999: "La novela no es 'un espejo a lo largo del camino', como dijo Stendhal. Es un espejo que nos ponemos delante para mirarnos. Es como una foto o una película en la que también salimos nosotros. Aunque en ella aparezcan Claudia Schiffer o el Papa en pelotas, lo primero que hacemos es buscarnos y mirarnos". No sé si verdad universal, pero muy mía sí.
*edit: dejándose de tonterías, los diarios me han granjeado mucho cariño por la literatura. Y eso ya es genial.
Me gusta su racionalidad, esa manera elegante de escribir, ese aire sibarita, su modo de vida a lo epicúreo, su visión de la cotidianidad y lo que puede intuirse del hombre que hay detrás del libro. Y ese escepticismo que se "huele" durante todo el libro.