La cinta adhesiva tiende a enredarse de forma pegajosa, la leche puede derramarse y las tostadas a veces se queman. Al chicle le gusta colarse en el estómago, la tinta del rotulador a menudo traspasa el papel y mancha la mesa, las pajitas naufragan en el vaso de zumo, el helado es algo que se derrite y a los calcetines les gusta explorar la parte trasera de la lavadora. Pasa que te invitan a un cumpleaños y te olvidas del regalo, el papel higiénico se termina cuando más lo necesitas, el peluquero se excede con el corte de pelo, se pone a llover y no tienes paraguas…
Todos vivimos tragedias similares. Esta guía, la primera de dos volúmenes que han vendido más de medio millón de ejemplares en Japón y apenas ahora empiezan a traducirse en Occidente, las compendia según nivel de peligro y frecuencia, y ofrece estrategias para superarlas con éxito y una carcajada. Puede memorizarse, y los lectores más aprensivos pueden tenerla siempre a mano. En cualquier caso, ya podemos despreocuparnos de las pequeñas miserias cotidianas.
Muy divertido!!! Jijiji, tienen a una niña o a un niño que sufra constantes catástrofes?? Este libro es para darles algo de empatía y de consuelo, así como una escala confiable sobre las probabilidades y las categorías de las catástrofes cotidianas. Un único pero: es muy cercano de la vida y cultura japonesa, así como la traducción es bastante cercana al español ibérico, así que hay que armarse de paciencia y de ejemplos más de este cono como para darles a las y los peques para que logren asociar las catástrofes que se presentan en el libro con sus vidas.