Hay un territorio sin nombre que no aparece en ningún mapa. Una zona que apenas es física, apenas psicogeográfica. Una latitud y una longitud solo visibles por un estrato concreto de la sociedad, ajena al resto de transeuntes, que evitan mirarla, que evitan pensarla, que evitan incluso soñarla.
Hay un tipo de terror en concreto que solo le sucede a algunas personas. Un horror mundano y caliente que se esconde a plena luz del sol, con el incesante canto de las chicharras como única e interminable banda sonora; con el de los grillos como antesala de la penúltima pesadilla. Es este el terror de los pobres y los desarrapados, de los que no pueden irse de vacaciones, pero tampoco pueden encender el aire acondicionado, de los barrios enteros sin luz eléctrica y del calor. La calor.
Esta antología de relatos (y poemas) transita precisamente por los caminos de este terror cruel, sudoroso y endémico del verano de la gente más desfavorecida.
Irene B. Trenas (Córdoba, 1986) se interesó por la escritura desde niña gracias a los poemas de Gloria Fuertes. Aunque licenciada en Filología Inglesa, trabaja en Integración Social con menores de barriadas en riesgo de exclusión. Ha publicado relatos y microrrelatos en distintos medios y ganado el Premio Droide de Poesía en 2022 y 2023. Ha colaborado en revistas como Droids and Druids y Pulporama, y escrito artículos para El Cadillac Negro durante ocho años. Además, fue co-charlatana durante dos años del podcast Señoras del leño, centrado en la ficción de terror. Le gustan el costumbrismo, las casas encantadas, los alienígenas, beber más zumo de naranja del que recomienda el Ministerio de Sanidad, meter a Mulder y Scully en todas las conversaciones posibles y salir a andar tempranito por las mañanas, como a las abuelas.
Su primera novelette, Con la boquita partía, fue lanzada en 2023 por la Editorial Cerbero, sello que también ha publicado en 2024 su antología de terror Chicharra.
Costumbrismo, calor y terror en esta antología con conciencia de clase. Toques de nostalgia, de pulp, de ir a ver OVNIS una noche de agosto porque no tienes nada que hacer y eres joven y un poco raro, de decirle a tu abuela que no vas coger la rebequita porque no existe la posibilidad de que refresque por la noche, de que tu abuela sea un fantasma pero la quieras porque es tu abuela y te resistas a deshacerte de ella. Chicharra me ha dejado echar un vistazo al universo y la personalidad de Irene B. Trenas y no podía estar más agradecido.
P.D.: los poemas me han encantado, me ha parecido que en lugar de desentonar solo terminaban de darle redondez a esta colección.
SINOPSIS Hay un territorio sin nombre que no aparece en ningún mapa. Una zona que es apenas física, apenas psicogeográfica. Una latitud y una longitud solo visibles por un estrato concreto de la sociedad, ajena al resto de transeúntes, que evitan mirarla, que evitan pensarla, que evitan incluso soñarla.
Hay un tipo de terror en concreto que solo le sucede a algunas personas. Un horror mundano y caliente que se esconde a plena luz del sol, con el incesante canto de las chicharras como única e interminable banda sonora; con el de los grillos como antesala de la penúltima pesadilla. Es este el terror de los pobres y los desarrapados, de los que no pueden ir de vacaciones, pero tampoco pueden encender el aire acondicionado, de los barrios enteros sin luz eléctrica y del calor. La calor.
Esta antología de relatos (y poemas) transita precisamente por los caminos de este terror cruel, sudoroso y endémico del verano de la gente desfavorecida.
RESEÑA Irene B. Trenas nos muestra que no hace falta estar a oscuras para pasar miedo. Que hay un terror que pertenece a determinados estratos de la sociedad, que radica en la precariedad cotidiana que acontece a plena luz. Existe un terror que pertenece al pueblo, a la tierra, que se escapa entre sus grietas y se expande con el aire caliente. Sofoca, asfixia, ahoga... Hay terror en la ausencia que no termina de marcharse, en los actos desesperados cuando no quedan ventanas por abrir, en la anticipación cuando comienzan a cantar las chicharras...
El verano y el calor atraviesan todos los relatos dándole una personalidad compacta a Chicharra. Irene tiene una habilidad especial para enseñar el rural andaluz. Esas voces directas al lector son una maravilla y te abren una ventanita a ese mundo de calles, relaciones e intimidades de los pueblos del sur. Y, ay, esas poesías, qué grandes. Las primeras que leo de Irene y me despiertan la curiosidad por leer más.
Antología de relatos y (algunos) poemas de terror con la temática común del verano en lugares pobres, en aquellos donde la miseria no deja irse de vacaciones ni encender el aire acondicionado, donde el estío significa largas noches sin dormir y donde los monstruos pueden estar a plena luz del sol.
Me ha parecido excepcional, la verdad. Terror cotidiano muy bien escrito.
Lo he disfrutado mucho, conocía a la autora y por eso me lancé a este sin miedo y la verdad que muy contento, me quedo con ganas de más, pero supongo que mejor así que no al contrario.
Chicharra. Ese bichito ruidoso que nos acompaña cada verano cuando más aprieta la caló, que decimos en Andalucia. Chicharra es también el título de esta magnífica antología llena de miedos, desesperaciones y denuncia social. En Chicharra podemos leer cómo la muerte no impide seguir cuidando de los tuyos, cómo la desesperación y la necesidad abren el camino a la búsqueda del remedio a toda costa. Cómo los sentimientos no desaparecen con la muerte. Cómo la soledad busca los caminos mas intrincados para dejar de serla.
Son muchos los terrores y miedos que podemos encontrar en esta antología, situaciones que parten de la realidad, aunque enriquecidas por la maravillosa mano de la escritora.
Y los relatos en forma de poema te ponen el bello de punta, solo les falta el rasgueo de una guitarra y la voz rota de un cantaor o cantaora.
Me ha encantado el contenido de este libro y el estilo de Irene, claro, rico y lleno de raíces de su tierra, aunque cualquiera puede verse retratado en alguno de esos relatos. Espero volver a leerte pronto y adentrarme en ese mundo que creas para tus lectores
Querría ponerle 4'5 estrellas pero el sistema no me deja. Querría ponerle 5 estrellas, pero me han faltado más chicharras y calor.
Iba con temor al comprar el libro, pero me ha gustado mucho. Como todo libro de relatos, algunos gustan más que otros, pero en general, todos tienen su punto. Incluso los poemas (que no soy amante de la poesía), me han gustado. En especial el poema del Cominillo, aunque creo que se podría haber aprovechado más la idea en forma de relato, aunque en el poema ya se cuenta lo que se tiene que contar (cuestión de gustos).
Dije que me faltaba más calor y chicharras (me encanta el sonido de las chicharras, en eso comparto el gusto con la protagonista del relato Ghosting) y es que, aunque en los relatos está presente el famoso terror del pobre y del tieso, del que no se va de vacaciones o trabaja en verano, el de la factura de la luz o de los apagones de luz. Me ha faltado más presencia de todo ello en algunos relatos. Todo ese horror está como telón de fondo o trasfondo implícito, pero me hubiera gustado que se explotara más la temática.
En cambio, el propio lore subyacente que se ha montado la autora con la avispa y las chicharras, me ha encantado (mención especial al relato Chicharra II) o con la propia oscuridad (Penumbra).
Hay relatos de todo tipo de horrores, algunos el verdadero horror es lo que cuentan sin decirlo, mientras te aprietan en el pecho, como el de Dos sillitas a fresca. Otros, sin embargo, contienen el horror verdadero, el de los actos del ser humano.
En general he pasado un buen rato leyéndolos. Estaré pendiente a los demás libros que escriba. Ha sido un acierto su compra, lástima que lo haya leído en un octubre lluvioso y no en verano.
Esperemos que las chicharras de la autora vuelvan a cantar.
Leer a Irene siempre es una apuesta segura. Nunca me falla, tiene esa capacidad casi sobrenatural de colarse en mis propios veranos, mis propias sombras, y hacerme sentir que cada historia está escrita desde un rincón de mi memoria. Es una antología que convierte el calor en una atmósfera opresiva, el ruido cotidiano en presagio y la intimidad de lo doméstico en un territorio fértil para el miedo.
La autora construye aquí un mosaico de terrores que no necesitan grandes artificios para perturbar. Basta una noche sin aire acondicionado, un barrio humilde donde el tiempo parece estancado o una figura familiar que se vuelve demasiado silenciosa para ser real. Esa mezcla de realidad áspera y fantasía inquietante es uno de los mayores aciertos del libro, te hace creer que los monstruos son perfectamente posibles, porque nacen de situaciones que todos hemos vivido.
Lo que más me ha fascinado es cómo cada relato vibra de un modo distinto, como si recogiera un miedo universal y lo hiciera íntimo. Da igual si la historia se inclina hacia lo pulp, lo fantástico o lo emocional, todas dejan una marca reconocible. Y ahí está la magia de Irene, consigue que todo lo que escribe resuene con algo que llevo dentro, incluso aquello que jamás habría pensado que podía inquietarme.
Entre los relatos hay algunos que destacan por su ternura disfrazada de espanto, otros por su crudeza y otros por su extraño sentido del humor. Cada página contribuye a esa sensación de calor pegajoso que parece intensificarse a medida que avanzas.
Una obra que combina costumbrismo, nostalgia y terror con una naturalidad sorprendente. Es una ventana abierta a los veranos que conocimos y a los miedos que preferimos no nombrar. Y, como siempre, Irene me ha hablado de formas que no esperaba, tocando fibras que creía dormidas. Por eso vuelvo a ella una y otra vez, porque siempre encuentro algo de mí en lo que escribe.
Hay que ver que pa lo cortito que son los relatos, muchos de ellos me han cogido su correspondiente pellizquito en el pecho: o me ha costado tragar saliva, me han hecho soltar alguna lágrima de emoción, me han acojonao, o incluso han conseguido que sienta varias de esas cosas a la vez.
Es difícil que una antología dé en el clavo tanto y tan a menudo, pero la verdad es que aquí Irene lo consigue con creces. Es muy variadito, entretenido e interesante. Quizás opino esto porque siendo del sur muchas de estas historias resuenan con la mía, pero como persona que ha vivido en otras partes de nuestro país, estoy segura de que las experiencias de los protagonistas resuenan también por encima de los límites de Despeñaperros.
En fin, la única pega que pongo no es al libro, es a mí, que me lo tendría que haber leído en verano, porque al hacerlo en invierno, en plena ola de frío, el calor de los relatos no me ha parecido tan malo. De hecho, ahora que lo pienso, me ha gustado este tanto que he pensado que también me encantaría leer una segunda parte hablando del infierno invernal y de la humedad acumulada en las casas mal aisladas del sur. Si lo hiciera, viendo lo mucho que me ha gustado este, lo leería sin dudarlo.
El verano es el paraíso de unos y el infierno de otros. Esa es la idea que subyace durante todo este libro. Chicharra es una antología de relatos y poemas que tiene como temática principal el verano, pero desde la perspectiva de quienes temen esta época, pues el calor amenaza con llevarse todo por delante. Sinceramente, me sorprende el ingenio de la autora para crear varias composiciones basadas en el verano y que ninguna sea igual. Cada una llena de originalidad y mensaje. Como suele pasar en las antologías, hay relatos que te pueden gustar más y otros menos. Mis preferidos han sido Dos sillitas a la fresca, La verdad está ahí fuera, Ghosting y Diario de un pasatiempo. El primero por la ternura que desprende, los dos siguientes porque me sorprendieron y el último porque me mantuvo enganchada. También me han encantado los poemas. Y eso que yo no soy muy de leer poesía. En general, he disfrutado del libro y creo que es ideal para esas veces en las que se necesita leer algo más ligero.
Después de "Con la boquita partía" (el cuál me encantó) tenía muchísimas ganas de leer algo más de Irene, y esto ha sido todo lo que esperaba y más. Tiene todo lo que me puede encantar y encandilar: antología, terror y costumbrismo. Que todo tenga el telón de fondo de Córdoba (o por extrapolar, de pueblecitos del sur) simplemente es la guinda del pastel. Uno de mis relatos favoritos ha sido Dos sillitas a la fresca, que más que terror o dar miedo, lo que me ha hecho es sentir un apretuje en el pecho que no ha evitado que me lo haya leído ya varias veces. No es 5 estrellas (es un 4'5, aunque en Goodreads le doy el 5 ya que prefiero redondear pa' arriba) porque para mí hay algunos relatos que me han sabido a poco (o yo no he llegado a comprenderlos al 100%, que también puede ser). Los poemas me han fascinado y me encuentro en la necesidad de leer más de parte de Irene.
Leer a Irene siempre es sinónimo de calidad. En esta antología, podréis encontrar grandes relatos y poemas. Unos me han gustado más que otros, como pasa siempre en este tipo de compendios, pero, en general, todos son exquisitos. Trata diferentes miedos porque los hay como personas en el mundo: a millones, provocando con cada uno una sensación distinta. Quiero hacer una mención especial a Alimento, La bulería de Samuel Heredia, «El Cominillo» y, por supuesto, el que me ha calentado el corazón más que haberme dado miedo: Dos sillitas a la fresca.