Oigan, este libro es emocionante. Aquí, al azar, algunos de sus ladrillos:
"Arthur Koestler utilizaba, para hablar de la intuición, una imagen muy sugerente: la intuición, decía, es como una cadena montañosa de la que sólo vemos las cumbres sobresaliendo por encima de un mar de nubes. Si pudiésemos ver por debajo de las nubes, veríamos perfectamente cómo se enlaza una cumbre con otra. Si pudiésemos asistir a la cadena de asociaciones que se forja bajo la conciencia, veríamos también cómo se enlazan esas cimas que denominamos intuiciones... Pues bien, la creación tiene que ver con ese rizoma..., con la capacidad de efectuar engarces entre distintas cordilleras, de forzar incluso la conexión entre cimas muy alejadas unas de otras y que no tendrían en común nada salvo algún que otro elemento sin importancia. Ensamblajes entre conjuntos dispares, fusiones de alguna manera inadecuadas: metáforas".
"Había dejado que la pregunta vagase en mi mente y me había puesto a leer cuando de pronto -al tomar conciencia, mientras leía, de que a menudo levantaba los ojos del libro y me quedaba con la mirada perdida- recordé el ejemplo que nos ponía Juan Miguel Palacios en sus clases de Ética. El que lee filosofía, decía, levanta a menudo la cabeza como hace un pájaro al beber; así lo leído se filtra, como el agua en la garganta del pájaro, y se asienta en el entendimiento. Y, en efecto, yo había estado realizando, durante mi lectura, aquel mismo gesto del pájaro: levantar la cabeza, entrecerrar los ojos y volver al agua. Sólo que, esta vez, no estaba leyendo precisamente un ensayo, sino un libro de poesía. Me di cuenta entonces de que la misma necesidad había, en ambos casos, de dejar que el agua se filtrase y hallase su camino hacia el núcleo. Y allí tenía lugar una comprensión".
"Hay veces en las que algo de esa realidad de la que formamos parte, con todo aquello que nos rodea, nos atraviesa y sabemos que hemos tocado la fibra más íntima, aquélla justamente en la que vibra al unísono lo que vemos, lo que hay, lo que percibimos y lo que somos. Un instante en el que las diferencias se anulan, en el que si veo una puerta a medio abrir entiendo profundamente que todo-lo-que-hay en ese instante es esa puerta a medio abrir y que la puerta a medio abrir es presencia que me abarca, pues de mí no hay, en ese instante, sino la percepción de esa puerta a medio abrir. Decir entonces 'la puerta a medio abrir' es decirlo todo; añadir algo no haría sino enturbiar la vivencia para su transmisión".
"A diferencia de la palabra en su uso coloquial, la palabra poética tiene, decía Anandavardhana, la facultad de sugerir. La sugerencia poética semeja las ondas que se propagan concéntricamente en la superficie cuando una piedra cae en un estanque, o las que se transmiten por el aire después de que el badajo haya golpeado el bronce de una campana. Cuanto mayor sea el radio desde el lugar del impacto al de la percepción, tanto mayor será el espacio que abarque la resonancia y mayor, por tanto, el poder de sugerencia. La resonancia no ha de ser entendida aquí tan sólo como connotación, es decir, como ampliación de la significación por sugerencia analógica, sino también y sobre todo como la capacidad de modificar anímicamente al receptor, evocando en él ciertos estados semi-mentales. La resonancia tiene, más que nada, el carácter de inducción empática. Si el oyente está dispuesto, las palabras resonarán en su interior haciendo aflorar las imágenes desde la memoria sinestésica. Pero cuanto más preciso, cuanto más explicativo sea el poema, menos nítidos serán los círculos descritos por las ondas propagadas y, por el contrario, cuanto más despojada sea la expresión, más abarcará. Así es como puede decirse que en lo singular yace lo universal, y no al revés, y en ello consiste, precisamente, la victoria de la poesía sobre la filosofía".
[Dice Valmiki en el Ramayana]: "mientras estaba paseando por la orilla de un río, vi a una pareja de garzas apareándose en la rama de un árbol. De repente, el macho cayó traspasado por la flecha de un cazador y la hembra emitió un grito escalofriante. Éste repercutió de tal manera en mi corazón que experimenté la misma desolación que le había arrancado al ave aquel grito terrible. Esta compasión, este com-padecimiento, estalló entonces en mis labios en forma de poema. Y por ello, a esta palabra nacida de soka (la pena), la llamé sloka (verso)".