Lo mejor del libro son las reflexiones sobre la sociedad victoriana, el reflejo de las diferencias que había entre las distintas clases sociales, la dureza de la vida de los más pobres, las condiciones de trabajo de la clase obrera, las consecuencias de la industrialización... Además es entretenido, se lee muy rápido y la verdad es que no me resultó para nada denso. Pero si me detengo a pensar más profundamente en el libro hay muchas cosas que no me gustaron.
Para empezar, los personajes me resultaron poco profundos y muy esquemáticos. Eran simples representaciones de personalidades bastante básicas. Sarah: es la sensata, de mucho carácter, bondadosa y casi perfecta me atrevería a decir; Susan: tímida y adolescente; Kitty: la que se deja llevar por los sentimientos; el señor Doyle: misterioso, con un pasado oscuro, pero filantrópico, generoso, buen jefe, buen amigo y mejor persona... No evolucionan. No pretendo ofender, pero creo que están concebidos con la única finalidad de agradar al lector, pero a un lector un tanto básico o, al menos, a uno que no le dé demasiada importancia a los personajes. Personalmente disfruto muchísimo con los personajes con muchos matices y, la mayoría de las veces, lo que realmente me hace apreciar el libro son sus personajes y no tanto la historia en sí. La historia de amor me pareció demasiado precipitada, me fue difícil implicarme. Los sentimientos de los dos protagonistas de repente eran demasiado intensos y no me resultó creíble.
Por otra parte, se ve que la autora ha hecho un esfuerzo por adecuarse al momento histórico en el que está ambientada la novela, pero honestamente tengo que decir que ciertas actitudes del señor Doyle me parecieron incomprensibles y sobre todo indefendibles. Sé que fue un período muy machista, pero he leído otros libros ambientados en la época victoriana y con ninguno me ha pasado esto. No creo que sea cuestión de las costumbres que imperaban en aquel momento, sino que la problemática para mí puede estar en la forma en la está escrito, en el modo en el que se desarrolla la relación amorosa entre Sarah y el señor Doyle. Ejemplos: 'Incluso estuvo tentado de zarandearla y pudo notar el miedo en ella' o 'se sentía incómodo y tentado de insultarla una y otra vez'. Esto no es amor, al menos para mí. El problema está en que estas escenas, las cuales llegan a rozar la violencia, aparecen de modo anecdótico y no se dan como una crítica, sino como explicación de un "amor pasional".
Otro inconveniente es que me pareció muy previsible. Por ejemplo, cuando aparece el doctor Fischer resulta muy evidente que va a ser el interés amoroso de Kitty. O cuando aparece un "misterio" en forma de asesinato, desde el primer momento supe que iba a ser el deus ex machina perfecto para deshacerse del villano de la historia.
Además me pareció que algunos personajes se querían parecer a los de Orgullo y prejuicio, pero no se quedaron ni cerca de conseguirlo. Incluso algunas escenas me recordaban a la novela de Jane Austen como cuando, por ejemplo, la señora Lorrimer obliga a las chicas a fingir que estaban bordando en el salón ante la inminente llegada del señor Whitaker.
Y, por último, algunos acontecimientos me parecieron muy precipitados. Podría poner muchos ejemplos, pero solo hablaré de que en varios capítulos se habla del chico que robó dinero a Sarah y el interés que tiene ella en conocerlo. Cuando finalmente ocurre el encuentro este es desarrollado en apenas un párrafo y ni tan siquiera hay un diálogo entre los dos personajes. En mi opinión estas escenas eran de puro relleno, parecía que iban a resultar interesantes o importantes para la trama pero, al final, no aportaban nada y solo servían para esquematizar aún más a los personajes y recalcar lo buena o mala persona que era tal individuo.